La Serie Mundial lleva un poco de ‘terapia gratis’ a Puerto Rico

Willy González manejó durante cinco horas en un tráfico infernal, dejando atrás los semáforos derribados y colinas arrasadas, para ver a sus adorados Astros de Houston y a su estrella puertorriqueña, Carlos Correa, en una pantalla gigante que rompe con la oscuridad de San Juan.

El septuagenario vendedor de seguros no quería correr el riesgo de perderse el juego buscando un bar en Bayamón, su ciudad natal, donde aún menos negocios tienen generadores, así que salió el miércoles por la mañana para hacer un trayecto que normalmente tomaría 30 minutos pero que se ha convertido en un viaje de pesadilla desde el huracán María.

Luego de más de un mes sin energía eléctrica ni otras necesidades básicas, ver a los Astros enfrentarse a los Dodgers de Los Angeles en el segundo juego de la Serie Mundial afuera de su bar favorito fue “terapia gratis”, dijo González mientras se tomaba poco a poco una cerveza cerca de la icónica Placita de Santurce.

¡Y qué clase de juego! Los Astros ganaron 7-6 en 11 entradas, con un espectacular duelo de jonrones y salvamentos desperdiciados en los últimos episodios.

Como muchos de los cientos de aficionados reunidos en la plaza, González dijo que su decisión de alentar a los Astros era muy sencilla: “Primero porque hay boricuas. Uno es un superestrella, Correa”.

Otros, como Miguel Morán, dueño de un negocio, son aficionados de los Dodgers de toda la vida y se sienten orgullosos de su joven estrella Kike Hernández, quien conectó tres jonrones en el quinto juego de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional contra los Cachorros de Chicago, catapultando a los Dodgers a la Serie Mundial. Después del juego le dijo a la cadena MLB que su madre lo había visto desde la isla en una televisión conectada a un generador en la casa de su abuelo.

En un mensaje antes del juego, Hernández le había prometido un jonrón a su madre.

“Asegúrate de llegar antes de que empiece el juego porque voy a batear un jonrón”, le dijo.

El miércoles, ni Hernández ni los otros peloteros boricuas decepcionaron.

El cuadrangular solitario de Correa en la parte alta de la décima entrada les dio a los Astros una ventaja de 5-3 y llevó al joven de 23 años, nativo de Ponce, a sacudir su bate en el aire y a sacar la lengua a manera de celebración. Un doblete de Hernández con dos en bases empató el juego en la parte baja de ese mismo décimo episodio. George Springer, cuya madre es puertorriqueña, conectó un jonrón con uno en base para poner adelante a los Astros por 7-5 en el undécimo.

“La hermosa isla del encanto obviamente está pasando por tiempos muy difíciles. Enviamos saludos fraternales en solidaridad con nuestros hermanos puertorriqueños que son beisboleros de corazón”, dijo el comentarista Rolando Nichols, en la transmisión de Fox Deportes.

Para los aficionados en la isla, una Serie Mundial entre dos equipos con estrellas puertorriqueñas –aunque sus amados Yankees de Nueva York hubieran quedado eliminados– ha sido quizá el único motivo de alegría en las largas semanas desde que el huracán María azotara Puerto Rico el 20 de septiembre.

Pero con tres cuartas partes de la isla todavía sin electricidad, y con muchos negocios incapaces de pagar por un generador de tiempo completo, encontrar un lugar para ver la Serie Mundial podía ser algo complicado.

En el área alrededor de La Placita de Santurce, sólo un puñado de bares lograron reabrir sus puertas. En uno de los extremos de la plaza, la Calle Orbeta lucía a oscuras con la excepción de dos bares que mostraban los juegos en televisores de pantalla plana.

William Matos era uno de los pocos afortunados que tenía un generador en su casa, pero acudió a La Placita de Santurce porque quería bailar salsa antes del juego. El Trifongo Taíno, el bar en que Matos se bebía una cerveza con su amigo Octavio Sanjurjo, contrató a una cantante de salsa el miércoles que mantuvo entretenidos a los aficionados mientras esperaban el inicio de la transmisión.

“Quería salir de la casa”, dijo Matos, un jubilado que ha estado viendo las mismas películas una y otra vez desde la tormenta.

Rodeado por una multitud de entusiastas aficionados, Matos dijo que el amor inquebrantable de Puerto Rico por el béisbol era algo que ni siquiera el huracán María podía destruir.

“Nunca, nunca”, dijo Matos. “Ni siquiera un huracán. Ni el deporte ni la música”.

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