Parte del turismo en Puerto Rico comienza a recuperarse tras María —con los propios boricuas

En el centro de este pueblo costero la electricidad regresó hace una semana. Los restaurantes de mariscos y pescados comenzaron a servir langostas y el típico mofongo (plátano majado).

La clase gratis de salsa que se lleva a cabo cada domingo comenzó en la plaza que recibía una brisa fresca que veía del mar. Docenas de puertorriqueños, cansados de los estragos de la tormenta, refugiados de San Juan y otros pueblos se dieron cita para aliviarse un poco de las condiciones que tenían en su casa. Cerveza en mano miraban y disfrutaban mientras los niños corrían entre los que bailaban al son de la música.

Por la noche, la famosa bahía que brilla en la oscuridad –iluminada por unos organismos microscópicos bioluminscentes que se encienden al tacto– parecía brillar más que nunca debido a que había pocas luces encendidas a su alrededor.

“Estábamos sorprendidos. Aquí no pasó nada. Tienen electricidad. Tienen de todo”, dijo Carlos Aponte de 28 años, quien condujo hasta el pueblo junto a su esposa y su hermana para escapar de la miseria que estaba viviendo en Gurabo, un pueblo al este de la isla.

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Puertorriqueños bailan salsa en la plaza de Lajas, en La Parguera, Puerto Rico, el domingo. El complejo ofrece un respiro de las duras condiciones en San Juan.

AL DIAZ [email protected]

El fin de semana pasado fue que La Parguera comenzó a operar después del paso del huracán María. Conocida por sus marinas, buceo y bares, es un destino no solo para puertorriqueños si no también turistas que llegan desde Estados Unidos y Europa.

Y, aunque La Parguera sirve como oasis para un pequeño grupo de puertorriqueños que tienen la suerte de poder costearlo, está claro que va a pasar un tiempo largo antes de que el turismo regrese a su normalidad.

El Paradise Scuba and Snorkeling Center cerró temprano. Su dueño Kiko Doitteau solo ha llevado a un grupo desde que pasó el huracán, y el grupo era de 12 trabajadores federales.

Al menos un hotel permanecía cerrado debido a los daños –y no había turistas ni del patio ni extranjeros por todo aquello. Aún los puertorriqueños de San Juan que disfrutan ir un domingo por la tarde a La Parguera no podían gastar ese dinero.

“No están gastando mucho dinero”, dijo Nancy Vega de 45 años y camarera de La Parguera Restaurante. “No hay ATM. Todo el mundo necesita su dinero para comprar comida, hielo, gasolina para los generadores”.

La Parguera pertenece al municipio de Lajas, a unas 109 millas de San Juan en la costa suroeste. Es un destino para pasar fines de semana y en el que muchas personas tienen una segunda casa que les permite tener un bote, pescar y disfrutar en un lugar precioso.

Además el pueblo cuenta con la bahía bioluminiscente, una de tres que existen en Puerto Rico, y una de menos de una docena que existen en el mundo. En La Parguera solo cuatro compañías tienen permiso para llevar turistas a la bahía.

Cuando María arrasó con Puerto Rico con vientos huracanados y aguaceros devastadores, el pueblo de La Parguera se salvó de lo peor. Las montañas al norte del mismo protegieron La Parguera de los vientos iniciales de María y una cadena de mangles le ofreció protección de los vientos que llegaban del sur.

Pero la devastación del resto de la isla afectó los negocios aquí aunque muchos edificios del centro del pueblo tenían luz que lograban a través de generadores. La electricidad llegó a la zona turística la semana pasada, mientras el resto de la isla sigue sin ella, incluyendo muchos de los barrios alrededor de La Parguera.

La tienda de buceo Paradise Scuba & Snorkeling Center, no ha tenido más que cancelaciones desde María ya casi todos sus clientes hacen las reservaciones en línea. “Los pocos emails que han llegado es para pedir devolución”, dijo Doitteau, quien también perdió dos de los capitanes de sus botes. Ambos se fueron para los Estados Unidos.

Pero aunque los turistas de fuera de Puerto Rico no llegaban, han tenido muchos que han venido de todo el resto de la isla; No tantos como solían venir, y seguramente durante el mes de diciembre, que es la temporada alta, tampoco llegarán muchos.

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Puertorriqueños bailan salsa en la plaza de Lajas, en La Parguera, Puerto Rico, el domingo 22 de octubre de 2017.

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“¡A la derecha!” grita Arturo Luciano por un altavoz.

El instructor de baile, y quien fundó las clases semanales, dirige un grupo de personas al ritmo de Anacaona, una salsa clásica que cuenta la historia de una reina india ejecutada por los españoles cuando invadieron la isla.

“¡Puerto Rico arriba!” suena por el altavoz.

Tres hombres en jackets de cuero, montados en unas motocicletas Harley Davidson, miran el espectáculo. Los tres amigos viven en Guánica. Uno de ellos, Miguel Sepúlveda piensa irse de Puerto Rico pronto hacia Tennessee a buscar trabajo.

Pero no es algo que esté pensando por el momento. “Toda esa gente es puertorriqueña y están tratando de olvidar lo que ha pasado”, dijo. “No hay ningún extranjero aquí ahora”.

A pocos pasos Sylmarie González se hacía camino entre los clientes que estaban bebiendo en Isla Cueva Burgers & Bee. Como presidente de la Asociación de Comerciantes de La Parguera, dice que el gobierno de Puerto Rico le ha asegurado que su pueblo será la cara del turismo mientras otras áreas se levantan.

González dijo: “Queremos que el mundo sepa que Puerto Rico sigue en pie”.

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