Richard Gere: “Trump ha elevado el mensaje del odio a su cúspide”

Algo debe de tener el libro La cena del holandés Herman Koch como para que haya llegado a la pantalla en tres ocasiones en los últimos cuatro años. Primero, en una versión holandesa, Het Diner. En 2014, en la adaptación italiana, I nostri ragazzi. Y ahora, con una visión claramente estadounidense y desaforada, The Dinner, de Oren Moverman, a concurso en la Berlinale, directa a hundir el american way of life a través de la historia de dos hermanos, uno de ellos senador (Richard Gere), que se juntan a cenar con sus respectivas esposas en un restaurante de lujo. Allí discutirán sobre la barbaridad que han cometido sus respectivos primogénitos contra una indigente en un cajero.

Este es el cuarto trabajo conjunto entre Moverman y Gere, bien en la dirección, bien en la producción, bien en la escritura fílmica. Y esta vez el realizador ha dado rienda suelta al actor y sus compañeros de reparto (Steve Coogan, Laura Linney y Rebecca Hall). Cuando en la rueda de prensa, le han preguntado a Gere que le diría a Trump en una cena parecida, el actor ha asegurado: “Con seguridad yo no estaría en esa comida”. Gere no quería hablar de Trump, pero espoleado por Coogan, que ha soltado un “Aparentemente nuestros personajes son enfermos mentales. Pero comparado con el presidente actual lo nuestro es un dolor pasajero”, la estrella ha entrado a degüello: “Trump vincula el término refugiado y terrorista. Y eso hace que ahora muchos estadounidenses crean que es lo mismo. El presidente ha elevado el mensaje del odio a su cúspide”.

Ayer por la mañana, Gere, como parte de su labor como activista en pro de los derechos humanos, estuvo reunido 45 minutos con la canciller alemana Angela Merkel para hablar de la situación actual en el Tíbet. De ahí su mención a los refugiados, un conflicto que preocupa a la estrella.

En cuanto al aspecto meramente fílmico, Moverman, que en la Berlinale de 2009 ganó el premio a mejor guion con The Messenger, explicó que ese “enfrentamiento fratricida” está en el alma de EE UU desde la Guerra Civil. “Es nuestro pecado original, y no lo hemos superado”. Y sobre la protección a los hijos, apuntó: “Hay un dilema tal vez legítimo, como es el ansia por proteger a los hijos pensando que la mejor manera es esconder lo ocurrido. Pero ocultar los problemas no es el mejor camino para superarlos”.

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