Trump apuesta una vez más a sus leales simpatizantes de base

Donald Trump apostó una vez más a sus leales simpatizantes de base, esta vez para tratar de superar la turbulencia sobre las crecientes investigaciones acerca de los contactos de su equipo de campaña con Rusia.

“Como ustedes saben, estamos bajo asedio, ustedes lo saben, pero saldremos más grandes, mejores y más fuertes que nunca”, dijo Trump el jueves mientras el despedido director del FBI James Comey comparecía ante la Comisión de Inteligencia del Senado, donde dijo que el presidente de Estados Unidos lo había presionado para que dejara la investigación sobre un ex ayudante en la Casa Blanca.

Algunos de los aliados republicanos de Trump pueden haber encontrado creíble a Comey, pero el presidente calificó al hombre al que despidió como director del FBI de ser un mentiroso y un “filtrador”.

Trump dijo que fue víctima de los medios que acostumbran publicar “noticias falsas”. Trató de tomar la ofensiva recurriendo a lo que le funcionó muy bien cuando fue candidato: retomó las políticas que gustan entre sus partidarios de base y usó una retórica fuerte para transmitir el mensaje.

El apoyo al presidente se ha polarizado drásticamente.

Sólo un 4% de los demócratas respaldan a Trump mientras que el presidente goza del 81% de aprobación entre los republicanos, según una encuesta de Quinnipiac publicada la semana pasada. El número de aprobación a su trabajo en general ha caído a 30 y tantos, un nuevo mínimo, pero el número entre los republicanos se ha mantenido estable en los últimos dos meses.

Incluso si Trump logra mantener el apoyo del núcleo de sus votantes, un menor apoyo de parte de los independientes y de los demócratas vacilantes pondría en peligro su capacidad de construir apoyo en estados como Wisconsin, Michigan, Pensilvania, Ohio y Florida, dijo Paul Maslin, un encuestador demócrata con sede en Wisconsin.

“Está retrocediendo a una esquina más que cualquier otro que haya visto. Lo está haciendo con la política, lo está haciendo con las consideraciones del electorado, lo está haciendo con la forma en que ve el mundo”, agregó Maslin. “Él se está colocando cada vez más en su propia isla y la pregunta es si él va a tener los medios y la capacidad de tocar tierra, porque esa isla no es bastante grande para ganar otra vez”.

La agenda legislativa de Trump se ha estancado en el Capitolio, en gran parte debido a las divisiones entre sus propios aliados republicanos sobre el sistema de salud pública y los impuestos. El proyecto republicano para tratar de desmantelar la ley de salud de Barack Obama fue aprobada por un margen muy pequeño en la Cámara de Representantes y los republicanos en el Senado han tenido problemas para tatar de llegar a consensos en la elaboración de la legislación.

Los demócratas se han mostrado poco inclinados para trabajar con Trump mientras la propia Casa Blanca no ha hecho casi ningún esfuerzo por acercarse a ellos.

Por el contrario, el republicano George W. Bush, el presidente más reciente que ganó las elecciones aunque no recibió la mayoría numérica de los votos, dio pasos durante sus primeros meses en el cargo para cortejar al partido de oposición. Trabajó estrechamente con el senador de Massachusetts Ted Kennedy, un líder entre los demócratas, para aprobar la ley de educación “No Child Left Behind” (“Que ningún niño quede rezagado”).

¿Y Trump? El presidente sostuvo un par de reuniones el martes en la Casa Blanca para revisar su agenda legislativa. Solo invitó a los republicanos.

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Lemire reportó desde Nueva York. La periodista de The Associated Press Jill Colvin en Cincinnati contribuyó para este despacho

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