Trump prefiere quedarse en casa que salir

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Después de vivir en Washington por casi un año, el presidente Donald Trump no ha comido una sola vez en un restaurante de la ciudad que no sea propiedad suya. No ha ido a ninguna presentación en el Kennedy Center, ni a ningún evento deportivo ni ha paseado por las atracciones más populares.

Es una de las peculiaridades de la presidencia de Trump y una de las muchas maneras en las que él está cambiado a la oficina presidencial, así como su relación con Washington.

“Entre los últimos presidentes, yo diría que Trump ha sido quien ha pasado menos tiempo (en Washington)”, dijo Phil Mendelson, presidente del concejo municipal de Washington D.C. y legislador demócrata del concejo desde 1999.

No solo se trata de restaurantes, dijo Mendelson. Trump ha participado menos que otros presidentes en eventos locales de caridad, como en comedores populares o en campañas escolares de lecturas. La primera dama Melania Trump ha estado en la ciudad un poco más: participó junto a la reina Rania de Jordania en un evento escolar para niñas, estuvo en una campaña navideña para recabar juguetes y visitó pacientes y empleados del hospital Children’s National.

Pero el presidente es un hombre casero. Sale pocas veces y cuando lo hace casi siempre visita propiedades que llevan su nombre.

Trump ha pasado gran parte del tiempo en sus propiedades. En el invierno pasó fines de semana en su club Mar-a-Lago en Florida, mientras que en verano pasó fines de semana en Bedminster, Nueva Jersey, o en su club de golf en Virginia.

Durante los fines de semana que pasó en Washington, Trump cenó solo en un restaurante: BLT Prime en el Trump International Hotel, que abrió el año pasado solo a unas cuadras de la Casa Blanca. Las visitas del presidente han emocionado a los turistas en el hotel, pero la mayoría de las veces Trump, quien es conocido por preferir sus bistec bien cocido con salsa de tomate que platillos presumidos, prefiere comer en casa.

“Me encanta la comida en la Casa Blanca. La Casa Blanca es el mejor restaurante, es el más hermoso”, dijo el mes pasado al programa radial de Larry O’Connor el mes pasado. “Ellos hacen un trabajo hermoso”.

Tras vivir consentido durante décadas en Trump Tower en Nueva York, Trump llegó a la presidencia como quizás el presidente más preparado de los últimos tiempos para enfrentar los desafíos de vivir enclaustrado.

“La razón por la que mi pelo se bien tan ordenado es porque yo no lo expongo al ambiente. Vivo en el edificio donde trabajo. Tomo un ascensor de mi cuarto a la oficina. El resto del tiempo, ya sea estoy en mi limusina, mi avión privado, mi helicóptero, o mi club privado en Palm Beach Florida”, escribió alguna vez.

Desde entonces no han cambiado mucho las cosas aunque ahora los gastos de la casa, el avión y el helicóptero corren por parte de los contribuyentes.

El estilo casero de Trump es un giro espectacular en comparación a su predecesor, quien disfrutó del renacimiento gastronómico de D.C. Los Obama aceptaron a Washington con los brazos abiertos y comieron en los mejores restaurantes, desde los más caros hasta los más populacheros, generando entusiasmo hacia una serie de restaurantes como Oyamel Cocina Mexicana, del chef José Andrés, y Shake Shack, de Danny Meyer.

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El reportero de The Associated Press Ashraf Khalil contribuyó a este reporte.

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