Una comunidad se une para rescatar a los desamparados

Esta es la lección que aprendieron los obreros de Everett: se necesita una comunidad para rescatar a los desamparados.

Se necesitan equipos de trabajo con alcance comunitario: forjar relaciones con hombres y mujeres que luchan contra la adicción o las enfermedades mentales que no han sido tratadas, incitándolos a buscar ayuda. Hace falta que la policía y otras agencias trabajen juntas para satisfacer sus necesidades.

Everett, duramente golpeada por la epidemia de opioides, está probando una serie de estrategias para enfrentar la falta de vivienda, la adicción, las enfermedades mentales sin tratar y otros problemas que tiene en sus calles.

Para empezar, la ciudad formó un equipo que rastrearía los 25 casos más costosos y vulnerables, y se encargaría de cada uno individualmente hasta que estuviera en tratamiento o tuviese una vivienda.

“Ocurrió cuando todo lo demás parecía haber fracasado”, dijo Hil Kaman, quien hace año y medio dejó su trabajo encausando a las personas sin hogar y asumió el reto de encontrar soluciones como director de salud pública y seguridad de la ciudad.

Las autoridades también están impulsando nuevas viviendas de apoyo permanente y enviando trabajadores sociales con agentes de policía.

La ciudad de 110,000 habitantes al norte de Seattle y los alrededores del Condado de Snohomish vio en los últimos dos años un aumento del 65 por ciento en las personas que vivían en las calles, uno de los mayores incrementos en la costa oeste en aquel momento.

La cantidad de desamparados crónicos –aquellos que han estado sin hogar por más de un año mientras luchan con una enfermedad mental grave, trastorno por consumo de sustancias o discapacidad física– ha crecido constantemente en la región de Everett, más del doble desde el 2015.

La epidemia de opiáceos, la pobreza, la falta de empleos no calificados, el aumento de los alquileres y la escasez de viviendas asequibles han dificultado una solución para aquellos que se quedan sin vivienda.

El problema no se limita a Everett. A lo largo de la costa oeste, el alto costo de la vivienda ha obligado a miles de personas a vivir en las calles, una tendencia que los opioides han exacerbado.

“Estos son lugares caros para vivir. Es caro para todos. Pero la carga recae más en las personas con los mayores problemas”, dijo Steve Berg, vicepresidente de programas y políticas de la National Alliance to End Homelessness (Alianza nacional para eliminar los casos sin hogar).

En el 2011, aproximadamente una de cada cinco muertes relacionadas con opiáceos en el estado de Washington ocurrió en la ciudad y en los alrededores del condado de Snohomish. Esa fue la cúspide, pero las muertes por heroína siguen siendo altas y las muertes por opioides sintéticos como el fentanilo están aumentando.

La crisis se había vuelto tan grave que los funcionarios de la ciudad de Everett se convirtieron en los primeros en demandar al fabricante del analgésico OxyContin en enero. La demanda culpa a Purdue Pharma de una crisis de adicciones que ha golpeado los recursos de la ciudad y ha profundizado su problema de falta de vivienda.

Mientras ese caso transita por la corte, los trabajadores comunitarios se están abriendo camino para encontrar personas que acampen bajo las autopistas o que vivan en los bosques e intentan conectarlos con los servicios correspondientes. Muchos de ellos inicialmente evitan el tratamiento. Algunos están tan enfermos que no saben que necesitan ayuda.

James McGee, un ex adicto a la heroína que ahora lleva más de tres meses sin consumir drogas, buscó ayuda después de una sobredosis en un estacionamiento.

Durante el verano, entró en una estación de policía y pidió ayuda. Kaitlyn Dowd, una trabajadora social de la policía de Everett, lo ayudó a que encontrar tratamiento.

“Tuve que perderlo todo”, dijo McGee, de 27 años, que vivía en su minivan, pero que ahora está en una vivienda modesta y trabaja, decidido a enmendar su vida.

Por cada persona que encuentra una cama para el tratamiento o una vivienda de apoyo permanente, hay muchos más que esperan.

Los expertos dicen que la falta de demanda de tratamiento y la escasez de viviendas para satisfacer necesidades específicas son las principales barreras para ayudar a las personas a dejar las calles. Sin vivienda permanente, los defensores y los funcionarios de la ciudad dicen que las personas sin hogar terminarán de regreso en las calles después de completar su tratamiento, para así repetir el ciclo.

Es por eso que Everett encabeza el mes próximo un proyecto permanente de apoyo de viviendas en terrenos de la ciudad. El proyecto con Catholic Housing Services albergará a 65 desamparados crónicos sin que primero tengan que lidiar con el abuso de sustancias u otros problemas. Los residentes tendrán acceso a servicios de salud mental, recuperación, entre otros, y a personal en el lugar las 24 horas.

Los estudios han encontrado que ese tipo de vivienda puede ahorrar dinero a los contribuyentes en comparación con los costos de ayudar a los desamparados crónicos en las salas de emergencia, albergues y cárceles.

Pero hay tantos en la lista de espera que esas unidades se llenarán en cuanto se abran en el 2019.

Los casos difíciles se resisten a las soluciones fáciles, pero el equipo de Everett persiste.

Un equipo especializado de profesionales de salud mental, expertos en vivienda y recuperación, trabajadores sociales y oficiales trabajaron durante más de un año para construir una relación con Joshua Rape, un desamparado crónico que ha estado entre la cárcel y las calles.

Cuando decidió este otoño que estaba listo para el tratamiento, el equipo lo puso en un motel hasta que apareció un espacio. Se turnaron para registrarse todos los días. En octubre, lo condujeron a tomar un autobús para ir al centro de recuperación a 200 millas de distancia.

“Todos contamos los días hasta que él estuvo listo”, dijo Dowd, la trabajadora social.

Ahora Rape está de regreso en Everett y ha terminado 30 días de tratamiento como paciente internado. Por primera vez, el hombre que había quedado sin hogar por seis años tendrá su propia casa, un apartamento de una habitación al que se mudará este mes.

“Tuve que hacer múltiples intentos para llegar a esto”, dijo. “Se puede hacer. Tienes que trabajar para lograrlo”.

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