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Artemis 1 despega con éxito

El nuevo y enorme cohete de la NASA ha despegado del Centro Espacial Kennedy de Florida a las 7:47, hora española, lo que marca un importante hito en los planes de la agencia para volver a llevar astronautas a la Luna. «Ascendemos juntos, de vuelta a la Luna y más allá», proclamó Derrol Nail, experto de la NASA que comentaba el lanzamiento, mientras el potente cohete tronaba en el cielo nocturno de Cabo Cañaveral.

El lanzamiento ha puesto en órbita terrestre una cápsula no tripulada llamada Orión, que sobrevolará la Luna y regresará a la Tierra a lo largo de los próximos 26 días. La misión, conocida como Artemis I, evaluará si el cohete y la cápsula son capaces de transportar astronautas de forma segura, a la vez que lleva a cabo toda una serie de experimentos científicos. Es la primera vez en medio siglo que la NASA lanza un cohete lo bastante potente como para enviar seres humanos más allá de las órbitas terrestres bajas.

El vuelo se retrasó después de que dos intentos, realizados a finales de agosto y principios de septiembre, se vieran interrumpidos por fugas del hidrógeno líquido empleado como combustible y otros problemas técnicos. La NASA dejó pasar una oportunidad de despegue a finales de septiembre debido a la proximidad de un huracán, antes de volver a situarlo en la plataforma de lanzamiento, donde la semana pasada soportó los fuertes vientos y la lluvia de otra tormenta. Los responsables de la NASA afirman que el cohete solo sufrió daños menores, incluido el desprendimiento de una tira aislante de calafateo, que no pondrán en peligro la misión.

Por culpa de los retrasos, varios pequeños satélites alimentados con energía solar que lleva a bordo Artemis I y que serán liberados en el espacio para realizar investigaciones no han cargado sus baterías desde hace más de un año. «Creemos que la mayoría de esos aparatos secundarios serán capaces de arrancar», señala Jacob Bleacher, científico jefe de exploración de la NASA. «Pero habrá que esperar a que lleguen allí arriba y los pongamos en órbita.»

Un comienzo simbólico

Para muchos investigadores, Artemis I representa el comienzo de una nueva era en la exploración lunar. La NASA eligió el nombre «Artemisa» para este y los siguientes vuelos previstos en homenaje al programa Apolo, que envió 12 astronautas a la superficie de nuestro satélite entre 1969 y 1972. Y es que en la mitología griega, Artemisa, a la que se solía identificar con Selene, la diosa de la Luna, era la hermana gemela de Apolo (a quien se identificaba con Helios, dios del Sol).

Con el programa Artemis, la NASA pretende iniciar su presencia a largo plazo en la Luna. A partir de principios del año que viene, lanzará una serie de aterrizadores robóticos, seguidos por el alunizaje de astronautas en el polo sur del satélite (no antes de 2025) y el posterior establecimiento de una estación espacial y una base lunar. Si la agencia tiene éxito, una parte de la relevancia histórica de Artemis tendrá que ver con esa presencia continuada, opina Teasel Muir-Harmony, historiadora del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsoniano, en Washington D.C.

La ciencia también saldrá beneficiada. Los astronautas que aterricen en la Luna estudiarán el hielo que se oculta en los cráteres sombríos del polo sur lunar, una región aún sin explorar. Eso implica recoger rocas lunares, algo que Estados Unidos no ha hecho desde la última misión Apolo, en 1972. El análisis de las rocas del polo sur lunar podría revelar algunos secretos del sistema solar temprano que los científicos llevan tiempo intentando descifrar. «Estamos deseando bajar a la superficie y traer esas rocas», asegura Brett Denevi, investigador lunar del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins. «Nos hallamos a las puertas de algo realmente emocionante.»

Pero hay mucha incertidumbre. Varios presidentes estadounidenses trataron de encarrilar el regreso a la Luna o el envío de seres humanos a Marte, pero debido a los recortes presupuestarios y a los cambios de prioridades, la NASA no ha conseguido dar esos pasos hasta el momento. «Hay cierto escepticismo y desconfianza… ¿va a ocurrir realmente?», apunta Denevi.

Volver a la Luna

Tras el fin del programa Apolo, la NASA se centró en el desarrollo y los vuelos del transbordador espacial, que funcionó entre 1981 y 2011, y en la construcción y el trabajo a bordo de la Estación Espacial Internacional, ocupada de manera ininterrumpida desde el año 2000.

Los expertos llevan mucho tiempo esperando otro gran lanzamiento lunar. «Como alguien que creció en la época de las misiones Apolo, nunca creí que vería esto», comenta David Parker, director de exploración humana y robótica de la Agencia Espacial Europea. «Está sucediendo, vamos a volver a la Luna», añade Chiara Ferrari-Wong, científica lunar de la Universidad de Hawái en Manoa. «Ahora todo parece muy real.»

El objetivo de Artemis I es poner a prueba los sistemas técnicos. «Si nos guiamos por lo que ha ocurrido otras veces, no tiene por qué ser un vuelo impecable», observa Muir-Harmony. Los vuelos equivalentes del programa Apolo revelaron problemas que hubo que solucionar: por ejemplo, en la misión Apolo 6, un vuelo no tripulado de 1968, el cohete Saturno V experimentó oscilaciones poco después del despegue.

Durante el vuelo de Artemis I, la cápsula Orión adoptará una órbita retrógrada (dado que viajará en sentido opuesto al movimiento de la Luna alrededor de la Tierra) y distante en torno a la Luna, que la llevará unos 64.000 kilómetros más allá de nuestro satélite. A lo largo del trayecto, los responsables de la misión evaluarán cómo responde la cápsula al volar en el espacio profundo. Por último, Orión abandonará esa órbita y regresará a la Tierra para aterrizar en el océano Pacífico, frente a las costas de California.

Si todo va bien, el próximo lanzamiento del cohete (que se produciría a partir de 2024, en una misión denominada Artemis II) llevará a cuatro astronautas hasta la órbita lunar. Y a continuación vendrá Artemis III, que consistirá en un alunizaje tripulado. Se calcula que cada lanzamiento costará al menos 4000 millones de euros.

Pero aún quedan muchos pasos hasta que se materialicen esos vuelos. El más importante es que la empresa aeroespacial SpaceX, contratada por la NASA para que le proporcione un aterrizador lunar llamado Starship, deberá demostrar que la enorme nave es capaz de transportar astronautas desde la órbita lunar hasta la superficie de nuestro satélite. Hasta ahora, Starship solo se ha probado en la superficie terrestre, aunque podría intentar su primer vuelo orbital en los próximos meses.

Posibilidades científicas

La NASA se ha comprometido a que al menos uno de los dos astronautas que pisarán la superficie lunar en el marco de la misión Artemis III sea una mujer. La pareja probablemente permanecerá en la Luna durante unos seis días y medio, aventurándose fuera de la nave Starship para llevar a cabo diversos experimentos científicos y recoger rocas. Todavía no se ha elegido el lugar de aterrizaje, aunque en agosto la NASA anunció una preselección de 13 regiones alrededor del polo sur lunar.

Uno de los enclaves que quieren estudiar los investigadores es el mayor cráter de la Luna, la cuenca Aitken, creada por un antiguo impacto. La obtención de muestras de rocas del cráter permitiría precisar cuándo se produjo la colisión, lo que fijaría un momento clave en la historia del sistema solar primitivo. Algunos de los posibles lugares de aterrizaje de Artemis III podrían contener rocas arrojadas por el impacto.

Sin embargo, mucho antes de que lleguen los astronautas, está previsto lanzar una serie de misiones robóticas a la Luna. Diversos aterrizadores construidos por empresas privadas de EE.UU. transportarán instrumentos científicos y otras cargas útiles a la superficie lunar. La primera de esas misiones debería despegar a principios de 2023 y se dirigirá al Lago de la Muerte, una llanura volcánica del hemisferio norte de la Luna, donde llevará a cabo experimentos para analizar las propiedades químicas del suelo lunar. Otro lanzamiento muy esperado es el de VIPER, un vehículo de exploración que se dirigirá al polo sur lunar en 2024 para buscar hielo.

Para Ferrari-Wong, el regreso de la NASA a la Luna constituye un referente cultural más amplio, que tendrá una gran repercusión tanto entre los científicos como entre las personas de todo el mundo que contemplan la Luna cada noche. «Lo que más me gusta del estudio de la Luna, y lo más emocionante de Artemis, es que representa un símbolo para casi todos», subraya. «También es el siguiente paso hacia el resto del sistema solar. Y eso es increíble.»

Alexandra Witze/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

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