Crítica | Los archivos del Pentágono: Aquellos maravillosos años

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Actualizado 19/01/2018 11:58:55 CET

MADRID, 19 Ene. (EUROPA PRESS – Israel Arias) –

Antes de su esperado regreso a la ciencia ficción, Steven Spielberg vuelve a exhibir su casi infalible corte más clásico en Los archivos del Pentágono. Un relato tenso y de factura impecable que sirve, además de como lujoso y muy didáctico entretenimiento, para reivindicar una obviedad que se sostiene de forma bastante disoluta en los tiempos que corren: la importancia capital que la existencia de una prensa incómoda y libre, económica e ideológicamente, tiene para la buena salud de la democracia.

La que Spielberg aborda en Los papeles del Pentágono no es una cruzada periodística menor: destapar la mentira institucionalizada que estaba costado la vida a miles de jóvenes estadounidenses -y más de un millón de vietnamitas- publicando informes clasificados sobre la Guerra de Vietnam que ya en 1971 evidenciaban que la contienda siempre fue, además de imposible de ganar, inútil.

Publicar o no publicar, esa es la cuestión sobre la que pivota el filme y el gran dilema al que se enfrenta su personaje central y más atractivo: Katharine Graham. Ella, una inmensa Meryl Streep, es la editora de The Washington Post, una mujer siempre puesta en duda en un mundo de hombres a pesar de ser la única que se juega todo lo que tiene. Ella es el corazón de la película y vehículo, no solo de su conflicto central, sino también de la enérgica denuncia del machismo, y su normalización en todos los niveles laborales, que Spielberg lanza en su último filme.

Capítulo previo al más celebérrimo Watergate -el otro gran escándalo de la época al que Spielberg guiña el ojo en un cómplice y breve epílogo-, Los archivos del Pentágono consigue atrapar el lado más audaz y romántico del periodismo mientras, con suma elegancia, eficacia y minimizando los riesgos, se recrea en la dimensión dialéctica de esa recurrente tensión entre la deontología periodística -la obligación del profesional en relación al hecho noticiable y su audiencia- y los intereses, en este caso la supervivencia incluso, de la empresa periodística.

La disyuntiva eterna en el quehacer informativo que resuena con oportunos (“urgentes”, ha llegado a decir el director) ecos anti-Trump y necesarios repliques feministas en otro peliculón de Spielberg. Un filme tras el que resulta inevitable añorar aquella forma hacer periodismo, la de las retumbantes rotativas, en estos tiempos del clickbait, la posverdad y el branded content.