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El aterrizaje de Perseverance abre una nueva era en la exploración de Marte

El vehículo Perseverance de la NASA aterrizó ayer sin contratiempos en el cráter Jezero de Marte. El hito marca el inicio de una nueva era en la exploración del planeta rojo, en la que, por primera vez, se recogerán rocas para traerlas a la Tierra.

Envuelto en un escudo térmico protector, Perseverance atravesó la delgada atmósfera marciana y abrió un paracaídas para reducir su velocidad. En la última maniobra del aterrizaje, una «grúa aérea» que sujetaba el vehículo (el cual tiene seis ruedas y es del tamaño de un coche) encendió sus motores para bajarlo suavemente hasta la superficie.

Perseverance aterrizó a las 21:55, hora española, tras un viaje de casi siete meses desde la Tierra. Las primeras imágenes de la superficie marciana, tomadas a través de las tapas transparentes de sus cámaras de prevención de riesgos, mostraron un paisaje polvoriento salpicado de rocas. Ahora mismo, el vehículo se encuentra sobre el suelo liso y oscuro del cráter Jezero, unos 2 kilómetros al sureste de lo que antaño fue el delta de un río, cuando el cráter estaba lleno de agua. Los altos acantilados que bordean ese antiguo delta apenas son visibles en las primeras imágenes captadas por Perseverance.

El aterrizaje fue tan suave como esperaban los ingenieros. «Me siento casi como en un sueño», confiesa Jennifer Trosper, subdirectora del proyecto de la misión en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), en California. En las próximas horas y días, el vehículo seguirá fotografiando su entorno y comenzará a probar los instrumentos científicos que transporta.

El objetivo de la misión es que Perseverance se desplace alrededor del cráter Jezero y recoja muestras de rocas del delta del río y de un antiguo lago, las cuales podrían ofrecer indicios de vida pasada en Marte. En última instancia, el vehículo depositará esas muestras en determinados puntos de la superficie marciana, donde futuras naves espaciales podrán recogerlas. De este modo, Perseverance constituye el primer paso de un esfuerzo de varios decenios por traer rocas del planeta rojo a la Tierra.

Exploración del terreno

La llegada de Perseverance resultó aún más complicada que otros aterrizajes en Marte, ya que el lugar donde se posó presenta grandes retos desde el punto de vista geológico: Jezero está lleno de abruptos acantilados, grandes rocas y traicioneras dunas de arena que la nave espacial debía sortear. Los ingenieros del JPL (donde se construyó Perseverance) desarrollaron técnicas para evitar riesgos y garantizar un aterrizaje seguro. En concreto, mientras el vehículo descendía hacia Jezero, empleó una cámara que apuntaba hacia abajo para fotografiar el terreno y compararlo con un conjunto de mapas almacenados a bordo. Eso permitió que la nave se alejara de los peligros y aterrizara sobre un lugar plano, en una de las pocas zonas seguras. «Todo parece haber salido bien», asegura Trosper.

El último vehículo explorador que llegó a Marte fue Curiosity, también de la NASA, en 2012. Curiosity ha estado explorando el lecho de un antiguo lago en el cráter de Gale y ha descubierto indicios de que pudo ser habitable en el pasado (aunque no ha hallado pruebas concretas de que existiera vida).

Perseverance lleva dos micrófonos —los primeros enviados al planeta— para escuchar los sonidos marcianos, como el viento y el crujido de sus ruedas al desplazarse sobre la superficie. En cambio, la sonda InSight de la NASA (que aterrizó en Marte en 2018, a unos 3500 kilómetros de distancia) tiene un sismómetro que registra los seísmos marcianos o «martemotos» que sacuden el suelo.

Los científicos de InSight creen que existe una pequeña posibilidad de que la sonda haya «oído» el aterrizaje de Perseverance, cuando dos grandes partes del sistema de aterrizaje del vehículo golpearon la superficie, aunque no lo sabrán (como pronto) hasta la tarde de hoy. De ser así, se trataría de la primera detección sísmica de un impacto conocido en otro planeta y podría revelar más información sobre el interior de Marte, ya que las ondas sísmicas pueden ayudar a identificar formaciones geológicas bajo la superficie. «Todo lo que podemos hacer es esperar y tener fe», apunta Benjamin Fernando, científico planetario de la Universidad de Oxford que participa en el proyecto.

Es probable que en los próximos días se publiquen también imágenes de las cámaras a color de Perseverance, así como vídeos tomados durante su descenso.

Durante sus primeros 30 días marcianos en la superficie, el vehículo se dedicará a comprobar sus instrumentos y desplegará un mástil cargado con cámaras de alta definición para fotografiar la zona que rodea el lugar de aterrizaje. Uno de los instrumentos aspirará un poco de la atmósfera marciana e intentará usar los gases que recoja para generar algunos gramos de oxígeno, como recurso para futuros exploradores humanos.

En las siguientes semanas, Perseverance se alejará del lugar de aterrizaje y depositará sobre la superficie un pequeño helicóptero de 1,8 kilos. El helicóptero, llamado Ingenuity, tratará de completar el primer vuelo con motor realizado en otro mundo. «Será un momento parecido al que protagonizaron los hermanos Wright, pero en otro planeta», ilustra MiMi Aung, ingeniera jefa del helicóptero en el JPL.

La eficacia de la misión

Durante los primeros tres meses de Perseverance en la superficie marciana, los científicos e ingenieros del equipo trabajarán siguiendo el horario del planeta rojo, donde los días son casi 40 minutos más largos que en la Tierra. Eso implica que a menudo trabajarán de noche y se verán abocados a una especie de desfase horario permanente. Sin embargo, trabajar con la hora de Marte les permitirá ser más eficaces a la hora de planificar las operaciones diarias, tras comprobar el funcionamiento del vehículo al comienzo de cada día marciano.

Perseverance pretende viajar de manera rápida y eficaz, recorriendo al menos 15 kilómetros a través de Jezero en un año marciano (lo que corresponde a casi dos años en la Tierra), el tiempo que la NASA ha asignado a la misión inicial. El vehículo dispone de 43 tubos para recoger rocas y tierra del planeta rojo; el objetivo es llenar entre 15 y 20 de ellos durante el primer año y dejarlos en el suelo para que futuras naves espaciales los recuperen.

A continuación, el vehículo (impulsado por plutonio) podría rodar hacia una llanura vecina para explorar otros entornos que en el pasado tal vez fueron habitables y seguir recogiendo rocas y muestras del suelo. Ninguna de las muestras llegará a la Tierra hasta el año 2031, en el mejor de los casos.

La construcción y el lanzamiento de Perseverance, que despegó en julio de 2020, han costado unos 2000 millones de euros, y su aterrizaje y primer año de operación en Marte supondrán otros 250 millones. Es la tercera misión que llega al planeta rojo este mes, tras las naves espaciales de Emiratos Árabes Unidos y China, que ya están en órbita.

La misión china, Tianwen-1, también intentará hacer aterrizar un vehículo explorador el próximo mayo.

Alexandra Witze/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.