El destino de la barrera de hielo Larsen C

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Si Larsen C desapareciese, seguramente aumentaría la velocidad de vertido al mar de los glaciares continentales a los que ahora sujeta, con lo que el nivel mundial de los océanos crecería varios centímetros adicionales en unas décadas [NASA/John Sonntag].

Han pasado solo unos días desde que el once de julio de 2017 el enorme iceberg A68 se desprendiese de la barrera de hielo Larsen C, en el este de la península Antártica, y ya ha empezado a fragmentarse a su vez; mientras, se ha separado dos kilómetros y medio del lugar de la fractura original, como muestran las imágenes térmicas tomadas por satélite. El movimiento hacia el mar de Wedell somete al hielo a tensiones, que crean nuevas fracturas y grietas. Ya se han desprendido nuevos, pequeños icebergs de la masa principal, a la que escoltan como una reducida flota, pero el viento y las corrientes marinas podrían arrastrarlos hacia el norte más deprisa; allí, en aguas más cálidas y con un clima más templado, se desharían enseguida. Un «cementerio» así de icebergs se encuentra, por ejemplo, en las islas Georgias del Sur, territorio británico sin población permanente, mucho más cercanas a la Antártida que las Malvinas.

También sigue cambiando Larsen C, que es una plataforma de hielo, es decir, la flotante prolongación de glaciares de tierra firme por el mar. Tras el desprendimiento de A68, no ha tenido menor extensión desde que hay registros. Y según los científicos del proyecto MIDAS, que la observan atentamente y que en junio y julio estuvieron informando de la inminente creación del supericeberg, ha de encontrar todavía un nuevo equilibrio. Puede que antes de alcanzarlo sufra nuevas roturas, y al parecer hay ya indicios de ello, como escriben los investigadores en su blog. Una grieta nueva, creen, se está extendiendo hacia el norte, pero es probable que gire ponto hacia el borde de la plataforma. Resulta posible, sin embargo, que prosiga hasta la elevación de hielo de Bawden, donde la plataforma se alza sobre una isla. Junto con la elevación de hielo de Gipps, en el extremo meridional, es fundamental para el anclaje de Larsen C. Un desprendimiento en un lugar de esa índole podría desestabilizar toda la masa de hielo y conducir al desmoronamiento final de Larsen C. Compartiría entonces el destino de las desaparecidas plataformas Larsen A y Larsen B, que se situaban más al norte.

Daniel Lingenhöhl/Spektrum der Wissenschaft

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Spektrum der Wissenschaft.

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