El ejercicio físico favorece la recuperación tras un ictus

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  • 14/12/2016

Neurociencia

Constatan en ratones que la actividad física voluntaria ayuda a proteger el cerebro de los efectos perjudiciales de un accidente cerebrovascular.

Frontiers in Aging Neuroscience

El ejercicio físico puede contribuir a la prevención de un ictus así como a la recuperación cerebral después de un accidente cerebrovascular, según se ha comprobado en ratones. {iStock/ Khmel]

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Según los expertos, uno de cada seis españoles sufrirá un ictus a lo largo de su vida. La obstrucción de un vaso sanguíneo es la causa más común de este accidente cerebrovascular, aunque también puede presentarse como una hemorragia consecuencia de la rotura de una arteria. Esta enfermedad es más frecuente en mujeres y el 45 por ciento de los afectados presentarán una discapacidad motora, sensitiva, cognitiva, del habla o de la comprensión que afectará gravemente su calidad de vida. En este monográfico digital (PDF) descubrirás cómo reconocer sus síntomas, los avances farmacológicos centrados en disolver los coágulos que impiden la circulación sanguínea o las nuevas terapias sensoriales diseñadas para reducir sus secuelas. Porque ante un ictus, cada minuto cuenta.


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Se sabe que el ejercicio físico tiene efectos positivos en el bienestar general de una persona y que contribuye a retrasar la pérdida memoria y a mejorar la capacidad cognitiva en la vejez. Ahora, un estudio en ratones vincula los efectos positivos de la actividad física voluntaria con la recuperación tras sufrir un ictus.

«Nuestro estudio sugiere que el ejercicio físico puede ser un método preventivo así como terapéutico para ayudar a la recuperación después de un accidente cerebrovascular», afirma Evgenia Kalogeraki, de la Universidad de Gotinga y autora principal del estudio.

En un trabajo anterior, los investigadores constataron que los ratones que crecían en un ambiente enriquecido (con acceso libre a una rueda para correr y estimulación cognitiva y social creciente) presentaban un cerebro más joven durante la vejez. En esta reciente investigación, el objetivo de los científicos ha consistido en comprobar si el ejercicio físico por sí solo puede tener esos beneficios y sí, además, protege y contribuye a la rehabilitación cerebral después de padecer un accidente cerebrovascular.

Mayor plasticidad cerebral

Los experimentadores empelaron una prueba estándar para evaluar la plasticidad cerebral. Consistía en impedir la entrada visual a través de un ojo del animal durante un par de días, de manera que la parte del cerebro que procesaba la información visual se activaba preferentemente por el ojo abierto. Esta capacidad del cerebro para cambiar la dominancia ocular (plasticidad de dominancia ocular) se halla relacionada con la edad, de manera que resulta más pronunciada en los ratones jóvenes que en los ejemplares de avanzada edad. Si estos últimos han crecido sin ningún tipo de estimulación, tal capacidad se encuentra totalmente ausente.

Además de confirmar los efectos antienvejecimiento del ejercicio físico, los autores constataron que el cerebro de los ratones más viejos que habían hecho ejercicio físico conservaba la facultad de cambiar la dominancia del ojo; ello no sucedía, en cambio, en los roedores que no se habían ejercitado en la rueda para correr. Además, los múridos que tenían acceso libre a la rueda presentaban la plasticidad de la dominación ocular después de sufrir un ictus; los otros, no.

«Descubrimos que los ratones con acceso libre a una rueda para correr preservaban un cerebro más joven durante toda su vida capaz de prevenir los efectos negativos de un accidente cerebrovascular», señala Kalogeraki. Los investigadores observaron, asimismo, que el ejercicio físico podía usarse como método terapéutico después de sufrir un ictus. Justyna Pielecka-Fortuna, coautora del estudio, explica: «Los ratones sin acceso previo a una rueda para correr mostraban una recuperación positiva si iniciaban la práctica de ejercicio después de sufrir un accidente cerebrovascular».

Según los autores, estos hallazgos arrojan luz sobre la posibilidad de usar el ejercicio físico voluntario como método de prevención en las personas con riesgo de sufrir un ictus o como medida terapéutica en las que ya lo han sufrido. Como siguiente paso, los investigadores se proponen estudiar los mecanismos que subyacen a los cambios que proporciona el ejercicio físico en la actividad cerebral.

Más información en Frontiers in Aging Neuroscience

Fuente: EurekAlert!

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