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El hombre es responsable de casi todas las mareas negras

¿Cuántas mareas negras hay en el océano? ¿Dónde se localizan y de dónde proceden? Parecen preguntas sencillas de responder, pero vigilar esas escurridizas manchas que flotan en una superficie de 360 millones de kilómetros cuadrados de agua no es tarea fácil. Sin embargo, los investigadores han aprovechado las capacidades únicas de los satélites para elaborar lo que, según ellos, constituye el primer mapa global de manchas de petróleo. Sus resultados, publicados en Science, indican que, entre 2014 y 2019, el crudo cubrió un área total dos veces mayor que la de Francia y que la inmensa mayoría procedía de vertidos antropogénicos (causados por el hombre).

Las mareas negras son láminas de hidrocarburos de un espesor microscópico. En las imágenes obtenidas por satélite, no siempre muestran un color diferente al del océano circundante, puesto que la luz puede atravesarlas. Sin embargo, modifican la forma en que el agua refleja la luz solar, del mismo modo que un charco de gasolina en la calle puede causar un brillo iridiscente. Las superficies oleosas también cambian el modo en que se ondula el agua cuando sopla el viento, y eso hace que las zonas cubiertas de petróleo parezcan más calmadas y lisas que su entorno.

Los autores del estudio utilizaron algoritmos informáticos para detectar esos signos del petróleo en más de medio millón de imágenes de radar captadas por los satélites Sentinel de la Agencia Espacial Europea, las cuales permiten determinar la rugosidad del océano. Gracias a esta nueva técnica, los científicos detectaron manchas tan pequeñas como unas pocas manzanas urbanas, que salpicaban el 80 por ciento de la superficie oceánica mundial.

Las mayores extensiones de crudo se observaron en el mar de Java, el mar Mediterráneo y el mar de China Meridional. En conjunto, las manchas de esas tres zonas representaban casi la tercera parte de todos los vertidos detectados por los investigadores. La región que presentaba una mayor proporción de petróleo era el mar Caspio, donde el 20 por ciento del agua estaba cubierta de crudo, cuando el promedio global se sitúa en el 4 por ciento.

Yanzhu Dong, autora principal del estudio, y sus colaboradores no pretendían solo determinar el tamaño y la ubicación de las mareas negras: también querían identificar su procedencia. El objetivo inicial de su estudio era detectar zonas donde el petróleo se filtrara de manera natural desde el fondo marino. Las manchas naturales pueden distinguirse de las antropogénicas porque tienden a perdurar en un lugar concreto, así que cualquier vertido de este tipo aparecería una y otra vez en las imágenes satelitales empleadas en el estudio, que abarcaban un período de cinco años. Las filtraciones naturales se producen en todo el mundo, pero son especialmente relevantes en el golfo de México, la costa californiana y la región costera de Ecuador y Perú.

Los nuevos hallazgos permitieron duplicar el número de mareas negras naturales conocidas. Además, los investigadores detectaron muchos vertidos cuya ubicación coincidía con rutas marítimas, oleoductos y plataformas de perforación. En algunos casos, las imágenes mostraban incluso las plataformas y los barcos causantes de los derrames. A partir de los trabajos anteriores, «se pensaba que la contribución de las filtraciones naturales y de los vertidos antropogénicos era similar», afirma Dong, geógrafa de la Universidad de Nankín. «Pero nuestro estudio revela que más del 90 por ciento de las mareas negras que flotan en los océanos provienen de la actividad humana.»

La mayor parte de esa huella petrolífera humana se concentraba a menos de 160 kilómetros del litoral. «Desde el año 2000, la población del planeta ha aumentado en [unos] dos mil millones. ¿Y dónde están esos dos mil millones de personas? La mayoría residen en las costas», afirma Ian MacDonald, oceanógrafo de la Universidad Estatal de Florida y coautor del estudio. «Ese crecimiento demográfico viene acompañado de infraestructura industrial, redes de carreteras y transporte mediante vehículos. Y toda esa actividad terrestre aporta petróleo al océano.»

Como era de esperar, el estudio reveló que las mayores contribuciones de los oleoductos se producían en zonas conocidas por su infraestructura petrolera, como el mar del Norte y el golfo de Guinea. (El mayor aporte se encontró en el golfo de México, una región muy perforada donde, sin embargo, es difícil distinguir los vertidos relacionados con el hombre porque también es de las que más filtraciones naturales por unidad de área presenta.)

No obstante, a escala mundial, las fugas de plataformas y oleoductos solo eran responsables de una pequeña fracción de las manchas de crudo. Casi la totalidad de los 1,4 millones de kilómetros cuadrados de mareas negras antropogénicas —un área superior a la de Perú— correspondía a petróleo derramado por los barcos y arrastrado lejos de la costa por la lluvia. «Tenemos una cadena de suministro globalizada», señala MacDonald. «Desde el año 2000, el transporte marítimo internacional se ha multiplicado casi por tres.»

Los indicios que apuntaban al transporte marítimo se apreciaron con mayor claridad en grandes zonas portuarias como el mar de China Meridional, pero también en regiones oceánicas más alejadas del litoral. En mar abierto, Dong y su equipo detectaron 21 mareas negras cerca de barcos o en rutas marítimas, donde el petróleo flotante tiende a adoptar formas lineales reveladoras.

«Lo que predomina son esos pequeños derrames, y no los grandes vertidos que captan la atención de los medios de comunicación y el interés del público», explica Ira Leifer, experto en filtraciones de petróleo y director general de Bubbleology Research International, una empresa de tecnología ecológica. Leifer no participó en el estudio, pero escribió un artículo relacionado en Science, sobre el complejo impacto del petróleo en los ecosistemas marinos. «No me esperaba algo así porque no había pensado sobre ello. Pero es una de esas veces en las que uno exclama «¡Ouch!», como Homer Simpson.»

Leifer sugiere que el uso de algoritmos para escudriñar imágenes de satélite podría convertirse en un método potente y accesible para evaluar la eficacia de los esfuerzos destinados a prevenir los derrames de petróleo. Sin embargo, advierte de que la detección de crudo en el mar no implica necesariamente un efecto destructivo inmediato en las zonas afectadas. Ciertos microorganismos pueden descomponer las manchas para utilizarlas como alimento. Y aunque las altas concentraciones de petróleo en el agua son tóxicas para la vida marina, es probable que algunos ecosistemas puedan tolerar pequeñas cantidades. Debemos seguir investigando qué cantidad de petróleo resulta excesiva, sobre todo en las regiones costeras.

Según la oceanógrafa Deborah French McCay, las mareas negras descubiertas en el estudio también podrían señalar los lugares donde cabría esperar la presencia de otros contaminantes industriales que no pueden observarse a distancia ni descomponerse por acción de los microorganismos, como los bifenilos policlorados y los metales pesados. French McCay, que no participó en el estudio, es directora de investigación y modelización del grupo RPS, una empresa que presta servicios de consultoría ambiental, entre otras actividades.

Dong espera que haber dado a conocer la gran extensión de los vertidos causados por el hombre promueva la cooperación internacional para proteger mejor el entorno marino, sobre todo en las zonas costeras, pero no solo en cuanto a la contaminación por petróleo. «La huella de las mareas negras también puede entenderse como un indicador de las actividades humanas», señala. «Creemos que nuestros resultados alertarán a la humanidad sobre las distintas maneras en que estamos perturbando el océano.»

Sasha Warren

Referencia: «Chronic oiling in global oceans». Yanzhu Dong et al. en Science, vol. 376, págs. 1300-1304, 16 de junio de 2022.

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