Inicio Intelectualidad El surrealismo a través Dalí llega al Thyssen

El surrealismo a través Dalí llega al Thyssen

Salvador Dalí entró en contacto con los artistas surrealistas más flamantes de la época gracias a Joan Miró en 1929. Casi 90 años después, estos dos pintores vuelven a reencontrarse en una acogedora sala del Museo Thyssen, que refugia desde este martes 6 de noviembre hasta el próximo 27 de enero trece obras de diez artistas pertenecientes a este movimiento del siglo XX.

Abanca vuelve a prestar al museo madrileño los tesoros de su valiosa colección de arte. La entidad financiera continúa con su proyecto para compartir su patrimonio artístico después de que el Thyssen albergase en 2015 una exposición de Picasso y el cubismo. Con esta exposición, ambas instituciones colaboran por segunda vez para acercar a la ciudadanía una pequeña muestra de los fondos artísticos del banco.

Ahora, el surrealismo podrá disfrutarse de forma gratuita con Dalí como pilar. “Cuando un visitante entra en la sala de exposición, la primera impresión es de desconcierto. Pensarán: ¿qué tienen que ver todos estos pintores entre sí? Hay relaciones evidentes, pero la exposición ofrece una enorme variedad porque la relación de cada uno de estos pintores con el movimiento fue distinta”, explica Guillermo Solana, director artístico del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

Vuelve Las rosas sangrientas

El protagonismo de la muestra recae en la figura de Dalí. Su influencia dentro de las vanguardias es esencial y por ello, los dos lienzos de este artista reconocido a nivel mundial son el punto de partida de la exposición. A partir de Las rosas sangrientas y el Patio oeste de la Isla de los muertos, se elabora un discurso expositivo. La obra maestra de Las rosas sangrientas vuelve al Thyssen -estuvo presente en Lágrimas de Eros– como muestra de su “crítica a la realidad. La simbología freudiana vuelve a mezclarse con sus obsesiones asociadas a la familia y a su infancia. En el caso de este cuadro, se fusiona el mundo del deseo con la culpa: la figura femenina se expone encadenada y desnuda, como una figura de deseo y de dolor. La sombra amenazante del hombre alude al padre”, ha apuntado Juan Ángel López Manzanares, comisario de la exposición.

El Patio oeste de la Isla de los muertos es un homenaje a Böcklin, el artista suizo que obsesionó al pintor de Figueras. De nuevo, la simbología sexual de Freud vuelve a estar presente en los cipreses.

La nómina de autores continúa con pintores nacionales como Joan Miró y Óscar Domínguez. Otros pintores internacionales como Giorgio de Chirico, Max Ernst, Roberto Matta o Wildfredo Lam también están presentes en la muestra. Todas esas obras, señala Manzanares, ilustran la doble faceta creativa del surrealismo centrada en la “escritura automática” y el “relato de los sueños”, dualidad en la que “no sólo estaba en juego la primacía de la escritura frente a la pintura, y con ella, la existencia o no de una plástica surrealista”, sino también “una toma de partido por un tipo de creación instintiva y azarosa, o por otra de carácter más premeditado y razonado, elaborada a partir de la memoria”.

La exposición concluye con tres obras creadas después de la Segunda Guerra Mundial, época que supone un punto de inflexión en el movimiento surrealista. El estallido de la guerra y el exilio de muchos artistas trajo de vuelta al automatismo, abriendo camino al expresionismo abstracto.