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La contaminación lumínica está provocando que las aves aniden antes

Los pájaros que se ven expuestos a la luz artificial durante la noche anidan hasta un mes antes que aquellos que viven alejados del resplandor de la humanidad, según un estudio reciente publicado en Nature. Pero, aunque parezca contradictorio, esta alteración puede beneficiar a algunas aves, en parte porque las ayuda a adaptarse a los cambios de ritmo que experimenta el entorno natural como consecuencia del calentamiento global.

El estudio que da origen al artículo analiza el impacto de la contaminación lumínica y sonora sobre el éxito reproductivo de diversas aves de todo el mundo, con la esperanza de facilitar a las distintas administraciones una información más sólida que las ayude a tomar decisiones conservacionistas. Gracias a los datos recopilados por ciudadanos a través del programa NestWatch del Laboratorio de Ornitología de Cornell, los autores del estudio han analizado más de 58.000 observaciones de nidos de 142 especies en Estados Unidos entre los años 2000 y 2014.

Para las aves de climas templados, el alargamiento de los días es la señal clave que les indica que es el momento de anidar. Las farolas de la calle y otras iluminaciones artificiales pueden hacer creer a su cerebro que los días son más largos de lo que realmente son, por lo que a los investigadores no les sorprendió ver que las aves anidaban más pronto en zonas en las que había contaminación lumínica. Dado que el anidamiento está sincronizado para coincidir con el pico de disponibilidad de alimentos durante la primavera, los autores supusieron que su adelanto en el tiempo provocado por la luz interrumpiría esta frágil sincronización y constituiría una desventaja para las aves afectadas. Sin embargo, «descubrimos que era justo lo contrario», señala Clinton Francis, ecólogo de la Universidad Estatal Politécnica de California y coautor del estudio. «Las aves de los nidos que estaban expuestos a la luz acabaron teniendo un mayor éxito reproductivo.»

La respuesta a este rompecabezas puede tener que ver con otra perturbación antropogénica: el cambio climático. En un mundo que se está calentado y en el que se adelantan las primaveras, las aves tienen que ajustarse de alguna manera a los correspondientes cambios en la disponibilidad de alimento. Es posible que la señal de la luz artificial haya «permitido a estas aves adecuarse a los efectos del cambio climático, que ha provocado que sus recursos aparezcan básicamente en épocas anteriores de la primavera», señala Francis.

Pero podría haber otras explicaciones, indica Jacob Socolar, investigador posdoctoral de la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida, que ha estudiado las aves y el cambio climático pero que no ha participado en la reciente investigación. «La que me parece más obvia es que algunas especies busquen comida de noche gracias a la luz artificial», apunta. La iluminación podría crear una suerte de bufé de 24 horas para las aves, que se nutrirían y prepararían mejor para la reproducción.

Aunque hay que recalcar que ninguna de estas hipótesis significa que la contaminación lumínica sea algo bueno. «La luz puede “ayudar” a las aves en este sentido», explica Francis, pero «hemos de tener en cuenta todos los aspectos de las vidas de estos animales y de los sistemas ecológicos en los que viven». Por ejemplo, se ha demostrado que la contaminación lumínica afecta a las hormonas y al sueño de las aves y de otras especies, desorienta a las aves migratorias y contribuye al declive de los insectos de los que las aves se alimentan. 

«La contaminación lumínica y la acústica son esas facetas generalizadas y anteriormente ignoradas del cambio global cuyos enormes efectos estamos conociendo cada vez mejor», apunta Socolar. Las emisiones globales de luz están aumentando a un ritmo de aproximadamente un 2 por ciento por año. Incluso en los parques nacionales se ha detectado el resplandor de luces artificiales de fuentes situadas a más de 300 kilómetros de distancia. De forma parecida, según un artículo publicado en Science en 2017, el 63 por ciento del terreno de los parques nacionales estaba expuesto a una cantidad importante de ruido provocado por el hombre.

El ruido tiene un impacto claramente negativo sobre las aves en el nuevo estudio, especialmente para las que viven en los bosques. Cuando se veían expuestas al ruido de los aviones o los coches, retrasaban la nidificación, y el tamaño de la puesta (el número de huevos de una nidada) se reducía un 12 por ciento. Una explicación es que la contaminación acústica y los cantos y llamadas de las aves que viven en los bosques suelen ser de baja frecuencia, por lo que la interferencia puede alterar una comunicación que es esencial para el apareamiento.

Según un estudio publicado en 2019 en Science, las poblaciones de aves se han reducido un 29 por ciento en Norteamérica desde 1970, por lo que, para evitar esa pérdida, es fundamental entender cómo influyen los humanos en la reproducción de las aves. La mayoría de los hallazgos sobre cómo les afectan la contaminación lumínica y sonora tienen que ver con alteraciones en el comportamiento, tales como la modificación de sus cantos en respuesta al ruido. Es muy difícil que estos resultados produzcan cambios en las decisiones políticas, porque no siempre está claro cómo puede afectar un cambio de conducta en la supervivencia de una especie. Uno de los objetivos más importantes de la nueva investigación, financiada en parte por la NASA y en la que interviene el Servicio de Parques Nacionales, es crear un índice de sensibilidad. Este valor podría ayudar a los gestores de los parques a comprender mejor cómo las nuevas perturbaciones sonoras o lumínicas afectan al éxito reproductivo de las distintas especies de aves.

En comparación con el cambio climático, Francis cree que las soluciones al exceso de ruido y luz son bastantes sencillas. Técnicas como las luces que se apagan cuando no se utilizan y los neumáticos silenciosos son herramientas que pueden adoptar la población y los Gobiernos locales para silenciar y oscurecer nuestro entorno. «Es importante que la gente entienda la importancia de estos pequeños cambios que, de forma colectiva, tienen un gran impacto», señala. «Pueden ser de gran ayuda para la vida silvestre.»

Drew Higgins

Referencia: «Sensory pollutants alter bird phenology and fitness across a continent». Masayuki Senzaki et al. en Nature, vol. 587, págs. 605-609, noviembre de 2020.