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La momia de una mujer embarazada

Es un caso único en la investigación de las momias: descubrir que el cadáver embalsamado de una mujer, examinado por medio de la tomografía computarizada, es la momia de una embarazada. Wojciech Ejsmond, de la Academía Polaca de Ciencias, y sus colaboradores lo cuentan en Journal of Archaeological Science: en el vientre yace el cadáver de un feto, que se encontraba aproximadamente en el último trimestre de la gestación. Junto con sus colaboradores, Ejsmond explica que se trata de la primera momia que se conoce de una embarazada. El cadáver procede seguramente del primer siglo antes de Cristo. No está claro si era infrecuente o no que en el Antiguo Egipto se hiciese algo así.

Cuando en la década de 1990 se sometió a rayos X a la momia, el ataúd y el cartonaje (la cubierta como de cartón piedra), pareció que ese cuerpo guardado en el Museo Nacional de Varsovia era el de un hombre. El equipo de egiptólogos polacos ha reexaminado ahora la momia por medio de la tomografía computarizada en el marco del su Proyecto Momia de Varsovia y ha llegado a la conclusión opuesta: las características sexuales secundarias son claramente de una mujer. Fue entonces cuando detectaron el feto dentro del cuerpo. Del tamaño de la cabeza deducen que tenía entre 26 y 30 semanas. La mujer debía de tener entre 20 y 30 años.

La momificaron cuidadosamente, incluidos los pulmones, el hígado, el estómago, los intestinos y el corazón

El cadáver fue embalsamado con todo cuidado. Debió de ser una mujer de clase alta. Como es típico en muchas momias egipcias, el cerebro se extrajo por la nariz y la cavidad craneal se rellenó con un líquido de embalsamamiento. La tomografía deja apreciar en el vientre cuatro paquetes de hilo. Deben de corresponder a la extracción, momificación y reintroducción en el cuerpo de órganos, seguramente los pulmones, el hígado, el estómago, los intestinos y el corazón. El feto no se retiró durante la momificación. Se encuentra en su sitio original, en el vientre de la madre: doblado sobre sí mismo, con las piernas recogidas y las manos ante la cara. Hay unos cuantos ejemplos en la historia del Antiguo Egipto de fetos y niños nacidos muertos que fueron momificados y colocados en las tumbas de adultos. Los más famosos son dos momias de la tumba de Tutankamón: de sexo femenino seguramente, una prematura, la otra completamente desarrollada.

¿Por qué no retiraron el feto de la mujer del Museo Nacional de Varsovia? Según Ejsmond y sus colaboradores podría haber dos razones: «Sacar un feto de entre 26 y 30 semanas es muy difícil por el grosor y firmeza del útero», afirman en su estudio. Además, a los ojos de los egipcios los fetos no eran individuos independientes, ya que seguramente carecían de nombre. «Para la mentalidad de los antiguos egipcios, el nombre representa una parte principal de una persona», escriben. Sin él, no se podía existir en el más allá. De ahí pudiera ser que dejasen el feto en el cuerpo. Pero también es posible que se tratase de una costumbre de los siglos inmediatamente anteriores a Cristo: la mujer vivió bajo la dinastía griega los Ptolomeos. Las ideas sobre el más allá y el arte de la momificación cambiaron a lo largo de los más de 3000 años de historia del Antiguo Egipto.

Sin embargo, no es completamente seguro que la momia sea del siglo I antes de Cristo. Como el cuerpo vendado está recubierto de betún, una sustancia natural parecida al petróleo, no es posible datarlo por medio del carbono radiactivo. El betún es geológicamente mucho más viejo que la momia. La datación se basa en las técnicas del vendaje y de la momificación. Estos factores, así como el ataúd, apuntan al siglo I antes de Cristo.

Los investigadores han documentado algunas peculiaridades de la momia. Los huesos del feto tienen fracturas múltiples, como la cadera de la madre. «Es probable que ocurriese en el siglo XIX, cuando se llevó la momia a Polonia, o bien cuando sufrió un robo», dice Wojciech Ejsmond. Al vendar el cuerpo momificado, los embalsamadores ponían amuletos protectores entre las vendas. Los ladrones de tumbas se llevarían la mayoría. Pero no dieron con todos los objetos: el grupo de Ejsmond contó quince en las imágenes de la tomografía computarizada, entre ellos cuatro figuritas en el pecho, de los llamados hijos de Horus. Eran protectores de las vísceras.

¿De qué murió la mujer?

El grupo no sabe de qué murió aquella mujer. «Queremos responder esta pregunta en un paso subsiguiente de la investigación», le dice Esjmond a Spektrum.de. «Planeamos tomar micromuestras en tejidos blandos para reunir más indicios del estado de salud de la mujer».

La momia lleva casi 200 años en el Museo Nacional de Varsovia. Las inscripciones del ataúd y del cartonaje dan el nombre de un difunto: el escriba y sacerdote Hor-Djehuty, administrador real de la ciudad de Petminten, un lugar en la región del actual Luxor. Según este último análisis, está claro que el ataúd y la momia no se correspondían originalmente. Fuera quien fuese la muerta, el ataúd y el cartonaje o fueron ya reutilizados en la Antigüedad, o quizá los tratantes de momias metieron una sin ataúd en uno sin cadáver para que el precio fuese más alto.

Karin Schlott

Referencia: «A pregnant ancient egyptian mummy from the 1st century BC
Author links open overlay panel», de Wojciech Ejsmond, Marzena Ożarek-Szilke, Marcin Jaworskic y Stanisław Szilke, en Journal of Archaeological Science, disponible en Internet el 28 de abril de 2021.