La muerte de los antílopes de Asia Central

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Un ejemplar de Saiga tatarica, en este caso de la subespecie de Mongolia. Esta especie de antílope se encuentra en peligro crítico de extinción tras varias mortandades ocurridas en los últimos decenios, que han diezmado la población, y la presión que ejerce sobre sus poblaciones la caza furtiva [Tiarescott/ Wikipedia].

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En mayo de 2015 se produjo una misteriosa mortandad masiva en Kazajistán: murieron más de doscientos mil antílopes saiga, más de la mitad de la población de esta especie, muy amenazada. La causa de la catástrofe estaba tan poco clara como en mortandades anteriores, como la de 1988, en la que murieron 270.000 animales, o la de 2010, en la que una población de 26.000 saigas de los Urales quedó reducida a 14.000 supervivientes. Ahora creen los investigadores que han descubierto las complejas causas de estos exterminios.

Más que en decenios anteriores, los científicos pudieron en 2015 tomar muestras de las reses muertas. Las sospechas recayeron enseguida en las sustancias tóxicas extraídas de los cadáveres, sustancias que procedían de especies bacterianas de Pasteurella. Estos gérmenes pertenecen al microbioma perfectamente natural de los antílopes y no suponen en condiciones normales ningún problema. Ya en 2015, los expertos supusieron que hubo una interrelación desafortunada con un segundo factor: las malas condiciones meteorológicas. Conjeturaron que una primavera más húmeda dejó anegados los pastos, lo que fomentó la propagación de gérmenes agresivos, que infectaron en la estepa inundada a ejemplares preñados. Como, tras el agotador invierno, tenían el sistema inmunitario debilitado, este no pudo detener la propagación de los gérmenes, así que al final, con la leche materna, la toxina bacteriana ingresó en dosis letales también en las crías.

Esta teoría del doble golpe, del tiempo y de los gérmenes, parece que se ha confirmado ahora, según cuentan Richard Kock, del Royal College veterinario de Londres, y sus colaboradores en Science Advances. Con un modelo climatológico han calculado cuándo y dónde, dentro de los territorios por donde se extienden esos antílopes, hubo en el pasado condiciones meteorológicas tendentes a la catástrofe, como en la primavera de 2015. De esa forma saltó inmediatamente a la vista que fueron muy similares en las mortandades de 1998 y 1981, que acabaron con 70.000 animales.

La población de saigas ha vuelto a crecer un poco en Kazajistán tras la mortandad; más intensa ha sido la recuperación en los Urales y en la región de Ustyurt. Pero los saigas siguen estando muy amenazados, y también por la caza furtiva.

Jan Osterkamp / spektrum.de

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Spektrum der Wissenschaft.

Referencia: «Saigas on the brink: Multidisciplinary analysis of the factors influencing mass mortality events», de Richard A. Kock., en Science Advances, vol. 4, núm. 1, eaao2314, 17 de enero de 2018.