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La placenta inspira estrategias contra el cáncer

Con el objetivo de obtener nutrientes para el feto en crecimiento, la placenta se implanta en el útero, una «invasión» que semeja el modo en que el tumor se infiltra en el tejido sano. Ahora se han descubierto genes que ayudan a regular la implantación placentaria y que podrían ser instructivos de cara al desarrollo de medicamentos contra el cáncer, según un nuevo estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences USA.

Se sabía que la profundidad de penetración de la placenta difiere entre las especies. En el ser humano y en los simios superiores, las células placentarias se internan en la pared uterina con relativa facilidad (placenta hemocorial), pero en otros animales, como las vacas y los caballos, el útero ha evolucionado para resistir más tenazmente a esa invasión (placenta epiteliocorial). Esta característica ayudaría a proteger el sistema inmunitario de la madre y reduciría los daños que sufre el útero en el alumbramiento.

En 2019, los biólogos celulares Günter Wagner, de la Universidad Yale, y Kshitiz, de la Universidad de Connecticut, descubrieron que esa resistencia celular va más allá del útero. Comprobaron que existía una interrelación directa entre la profundidad de la implantación de la placenta y la velocidad con que los tumores se extienden más allá del foco inicial en el cuerpo de cada especie. Las especies con placentas más invasivas presentaban mayores tasas de cáncer metástasico; el material celular que conecta los tejidos y los órganos de esas especies es menos resistente a la invasión, tanto de la placenta como de los tumores. La cuestión es por qué. 

En el nuevo estudio, Kshitiz, Wagner y sus colaboradores examinaron en nueve especies de mamíferos las diferencias en la producción de proteínas que explicasen por qué los tejidos de algunas resisten mejor la infiltración. El equipo descubrió dos proteínas que, cuando se producen en abundancia, hacen más vulnerable el tejido a las células invasoras, sean placentarias o tumorales. Cuando eliminaron los genes productores de las proteínas, las células bloquearon la invasión con más eficacia.

«Una mutación que ayuda al útero a mantener a raya la placenta también podría influir en la biología del cáncer, por ejemplo, en la piel», explica Wagner.

A juicio de Sam Behjati, biólogo del cáncer en el Instituto Wellcome Sanger, ajeno al estudio, este descubrimiento apunta a nuevos modos de detener el crecimiento y la diseminación de los tumores. «Se trata de un estudio comparativo esencial», opina. Conocemos a fondo las etapas moleculares que exige la implantación y «sería bueno emplear esa línea de pensamiento farmacológico en las metástasis».

Con todo, Amy Boddy, oncóloga comparativa de la Universidad de California en Santa Barbara, que tampoco ha participado en el estudio, advierte que ese proceso específico de invasión probablemente no cuente toda la historia. Las causas y los factores precipitantes de los tumores son diversos. «Todo ser vivo pluricelular es susceptible de padecer cáncer. Apenas hemos comenzado a indagar en los mecanismos», lamenta Boddy.

Carrie Arnold

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