Los excrementos confirman el papel humano en la extinción de la macrofauna australiana

Algunas especies de la extinta megafuana australiana [Peter Trusler, Universidad Monash].

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La fauna australiana nos parece singular, con sus marsupiales y demás criaturas peculiares. Sin embargo, no es sino una triste reliquia. Hace cincuenta mil años había en el quinto continente canguros gigantes, wombats que pesaban toneladas, tortugas del tamaño de un coche, poderosos varanos y pájaros gigantes. Todos han desaparecido, y Sander van der Kaars, de la Universidad Monash, de Victoria, en Australia, y Gifford Miller, de la Universidad de Colorado, y sus colaboradores han aportado nuevas pruebas de que la culpa fue de los seres humanos. Han investigado un testigo cilíndrico de sedimentos del océano Índico, procedentes de la costa del sudoeste de Australia, a unos cien kilómetros de distancia. Las capas que comprende abarcan los últimos 150.000 años, un ciclo glacial completo. Además de los sedimentos de polvo y otros productos de la meteorización, Miller y su grupo se interesaron sobre todo por los restos orgánicos, como el polen y las esporas de hongos, en especial las del género Sporormiella. Este hongo medra particularmente bien en el estiércol de los grandes herbívoros.
«Las esporas de hace hasta 150.000 años que hemos documentado indican que en el sudoeste abundaban los herbívoros. Sin embargo, sus cantidades se desplomaron en unos milenios», dice Miller. Menos herbívoros significa menos productos residuales y, por lo tanto, menos espacio donde vivir para los hongos. La mengua de las cantidades de esporas de Sporormiella es brusca. No está correlacionada con los cambios climáticos que afectaron a la zona, más boscosa en ciertos momentos, más arida en otros, durante el período estudiado, sino con la llegada de los seres humanos a Australia: la extinción se completó, según los nuevos resultados, unos 4000 años después de que se produjese, hará, pues, unos 43.000. «En esa zona se encontró una de las primeras pruebas de la presencia de seres humanos en Australia. No la hay, en cambio, de cambios significativos del clima en el momento en que desapareció la megafauna», explica Miller.
Se discute desde hace mucho por las causas de esa pérdida de especies. Los primeros australianos cazaron en exceso esos animales y modificaron el ecosistema mediante el uso premeditado del fuego, a lo que la megafauna no pudo hacerse, mantiene una tesis. Los que se oponen a ella exhiben un cambio climático con grandes efectos, que empezó hace 70.000 años y como consecuencia del cual se secaron amplias zonas de Australia; los bosques espesos fueron sustituidos por matorral abierto o por desierto. La falta de correlación encontrada por el equipo de Van der Kaars y Miller contradice directamente esta hipótesis. Y, claro está, los hay también que atribuyen la responsabilidad a una combinación de la caza y del clima. Respalda las conclusiones del grupo de Van der Kaars y Miller que la matemática de los modelos haya arrojado que pudo bastar con una presión cazadora modesta por parte de los cazadores emigrados a Australia, que se encontraron con una fauna no preparada para ello: con que hubiesen matado a un ejemplar joven por década y persona, en unos cientos de años los grandes canguros, wombats o varanos habría desaparecido.

Más información en Nature Communications.

Fuente: spektrum.de/Daniel Lingenhöhl.

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