Partículas extrañas en la atmósfera de Saturno

Los anillos de Saturno se componen de hielo y partículas de polvo. [NASA/JPL-Caltech/SSI]

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Nuestra imagen del sistema solar ha sufrido un cambio considerable en los últimos años. Misiones como Cassini-Huygens, MSL, New Horizons o Rosetta han obtenido infinidad de detalles sobre numerosos mundos, desde Saturno y sus sorprendentes lunas hasta Marte o Plutón. Se han descubierto nuevos objetos más allá de Neptuno, el pasado de nuestro sistema planetario se ha revelado mucho más tumultuoso de lo que se pensaba y el hallazgo de miles de exoplanetas ha mostrado que, contra todo pronóstico, nuestro pequeño entorno galáctico parece ser excepcional en muchos aspectos. Este monográfico te presenta el estado actual de una de las exploraciones científicas que más han fascinado siempre a la humanidad.

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La nave espacial Cassini, de la NASA, continúa sorprendiendo a los astrónomos un mes después de haber puesto fin a 20 años de misión. Los últimos datos de la sonda sugieren que los majestuosos anillos del gigante gaseoso desprenden pequeñas partículas de polvo que alcanzan después la atmósfera superior, donde forman una compleja e inesperada mezcla química.

Las mediciones fueron hechas por uno de los espectrómetros de masas de la nave durante sus últimos cinco meses de vida, justo antes de que, el pasado mes de septiembre, la sonda se lanzara contra Saturno y se perdiera para siempre en sus profundidades. En ese tiempo la nave describió varios bucles entre planeta y sus anillos, un entorno que hasta entonces había permanecido inexplorado. «Nos ha tocado la lotería», aseguró Mark Perry, planetólogo de la Universidad Johns Hopkins, quien informó sobre los hallazgos en un encuentro de la Sociedad Americana de Astronomía celebrado este mes de octubre en Provo, Utah.

Los científicos esperaban detectar indicios de moléculas de agua. En los años setenta y ochenta, las misiones Pioneer y Voyager exploraron la alta atmósfera del gigante gaseoso y encontraron muy pocas partículas con carga eléctrica. Para explicar el fenómeno, en 1984 se propuso que el agua que emanaba de los anillos, principalmente en forma de hielo, actuaría como catalizador y reduciría el número de partículas cargadas presentes en la atmósfera. Los últimos meses de Cassini han servido para poner a prueba esta hipótesis.

Sin embargo, en lugar de agua, el aparato detectó metano, una molécula que podría ser monóxido de carbono y otras moléculas más complejas. Las concentraciones son mayores en el ecuador del planeta y a grandes altitudes, lo que parece confirmar que el material cae desde los anillos.

Los científicos aún no han identificado cada una de las moléculas observadas, pero hay claramente mucho más que agua. El equipo concluyó que los desechos debían ser fragmentos de diminutas partículas de polvo de entre 1 y 10 nanómetros de diámetro y relativamente pesadas que, al abandonar los anillos y estrellarse contra el espectrómetro de masas, se habrían desintegrado en trozos menores. Cómo llegan exactamente esas partículas desde los anillos hasta la atmósfera es algo que aún está por ver. «Tenemos mucho trabajo por delante», sostiene Perry. «Ninguno de los modelos predice esto.»

En esas inmersiones finales, arrastrada por la gravedad de Saturno, Cassini avanzó a más de 30 kilómetros por segundo, más de cuatro veces la velocidad para la que había sido diseñado el espectrómetro. Linda Spilker, planetóloga del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA y científica de proyecto de Cassini, confirma que se trata de las velocidades más altas alcanzadas por la nave. En tales condiciones, cualquier cosa que chocara contra ella se habría hecho pedazos.

Alexandra Witze/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

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