«Playback» en la ópera

La figura emblanquecida del barítono Evgeny Nikitin se asomó por una hendidura de la colosal escenografía de Alfons Flores para «El holandés errante» que se presenta estos días en el Teatro Real. Avanzó unos metros, y abrió la boca… Pero no cantó; en su lugar lo hizo Thomas Johannes Mayer, refugiado con su atril en un rincón del escenario. La culpa de este desdoblamiento del personaje protagonista de la ópera de Wagner la tiene una afección vocal que padecía Nikitin, que no ha podido cantar desde el día del estreno. El resto de las funciones las ha tenido que afrontar Samuel Youn, cabeza del segundo reparto de la ópera, y que tenía previsto cantar solo en determinadas funciones.

Pero la exigencia de la obra wagneriana hacía conveniente no forzar más la voz de Youn, y el Teatro Real decidió encontrar otra solución. Ante los problemas de Nikitin, habían contactado ya con Mayer, uno de los grandes intérpretes actuales del papel protagonista de «El holandés errante» -lo cantó este verano en Bayreuth-, para ver su disponibilidad. «Se encontraba en Basilea de vacaciones con su familia -cuenta Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real-, pero estaba dispuesto a coger un avión si le necesitábamos».

Thomas Johannes Mayer
Thomas Johannes Mayer

Y se le necesitó. Mayer aterrizó en Madrid a las tres de la tarde. La complejidad de la producción -los intérpretes necesitan ensayos especiales solo para moverse por el irregular e inestable suelo que ha dispuesto la dirección de escena de Àlex Ollé– hacía inviable que asumiera el papel en escena, así que se decidió que únicamente cantara la partitura después de apenas tres cuartos de hora de ensayo musical. «Nikitin -sigue Matabosch- tenía muchas ganas de ayudar e interpretó el papel como había ensayado las últimas semanas». Solo que sin cantar. «Fue la mejor solución -insiste-, porque Mayer es uno de los tres grandes intérpretes del papel que existen en el mundo; los otros son Nikitin y Youn».

Este tipo de recurso, asegura el director artístico del Real, es muy frecuente sobre todo en Centroeuropa, en los teatros de ópera de repertorio. «No es que nos gusten estas situaciones, pero tampoco hay que rasgarse las vestiduras. Estas cosas ocurren, y hay que buscar siempre la mejor solución para el público», añade. Se viven, lógicamente, momentos de estrés en el teatro, a los que Matabosch quita importancia. «Si no sabemos afrontar estas situaciones, mejor que nos dediquemos a otra cosa», dice.

Y recuerda Matabosch que no es la primera vez que ocurre algo así en el Real. El 27 de febrero de 2004, en «El ocaso de los dioses» -otra vez Wagner-, el tenor Allan Woodrow se incorporó a la función y cantó en un lateral del escenario con un atril lateral mientras Alfons Eberz interpretaba el papel de Sigfried, incapaz de seguir cantando a pesar de haber empezado.

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