Protección de los mamíferos marinos ante la pesca

El león marino de Nueva Zelanda es una especie amenazada. Las capturas accidentales por las redes de la pesca industrial posiblemente estén mermando su población pese a que las que se usan en su zona llevan un escape por el que pueden huir [Karora].

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La población de leones, marinos del sur del Pacífico apenas si es hoy la mitad de la que era en 1998, y sigue reduciéndose, y ello pese a que la industria pesquera se ha preocupado de que ese gran mamífero marino no muera en grandes números, como ocurría hace solo unos años, atrapado en las redes de pesca. Para evitarlo, ha adoptado el uso de costosas redes con escapes por los que esos animales pueden zafarse. Sin embargo, esas artes de pesca (en esencia unas redes con un agujero abierto de manera oportuna) hasta puede que sean incluso una parte del problema, según explican unos biólogos marinos de Nueva Zelanda y de Canadá en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). Cabe pensar que los animales que salen por esos “dispositivos de exclusión”, como se los llama, padecen lesiones persistentes y no se reproducen.

Eso explicaría por qué hay cada vez menos leones de mar de Nueva Zelanda (Phocarctos hookeri) pese a que, con la introducción de la red con escape, el número de esos animales muertos en las redes se ha reducido mucho. Tampoco el tamaño de la población de otros animales marinos grandes (focas o ballenas pequeñas, por ejemplo) que antes solían perecer en las redes se beneficia de la introducción del nuevo tipo de estas. La razón podría estar en que los pescadores no utilicen correctamente esas redes, o que no las utilicen en absoluto, lo cual se ha podido comprobar que ha ocurrido en casos particulares, como el de la protección de las tortugas de mar, pero las flotas pesqueras del Pacífico Sur utilizan los «dispositivos de exclusión» de manera correcta, sometidas como están desde hace muchos años a un control vigilante, y además sin que se haya podido percibir algún perjuicio económico a causa, digamos, de una pérdida de capturas.

Aunque las redes, técnicamente, parezcan funcionar, lo cierto es que, en resumidas cuentas, no tienen el éxito deseado y quizá estén oscureciendo los daños que la pesca causa a los lobos de mar aunque no queden capturados. A esa conclusión llega el equipo de Stefan Meyer, de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, con sus cálculos y modelos. Basándose en datos viejos sobre las capturas accidentales de leones de mar de Nueva Zelanda en cada pesca, obtenidos antes de la introducción de las redes con escape, estos investigadores han calculado la frecuencia con la que esos animales van a parar en estos momentos a las redes, de las que normalmente ahora escapan. Este valor se correlaciona inversa y claramente desde hace años con el número de nacimientos de crías de león marino. Cuanto más a menudo tengan los leones de mar que escapar de las redes, menos crías se cuentan. Con alta probabilidad, los animales que van a parar a las redes sufren a menudo lesiones leves, como poco, y por eso, o por otras razones, no pueden luego reproducirse, en opinión de los investigadores.

No obstante, es difícil consolidar esta conexión estadísticamente significativa con pruebas directas, explican también. Las autopsias de ejemplares muertos no esclarecen inequívocamente la razón de sus lesiones. Las grabaciones de vídeo que se han tomado, a modo de ensayo, en las redes no han proporcionado hasta ahora pruebas, como reconocen los investigadores. Además, junto con la pesca pueden influir otros factores en que los leones de mar se mueran más; entre otros, están el cambio climático, la falta de alimento, que a su vez está ligada a la pesca excesiva, o sucesos concretos, como un enigmático envenenamiento ante las costas de California o una enfermedad bacteriana que en algunas temporadas ha matado en las aguas neozelandesas a muchos leones marinos jóvenes. Pero, en general, el efecto de la pesca puede que sea decisivo incluso cuando se usan las redes con escape, pese a que percibir su efecto directo es dificilísimo.

Jan Osterkamp/spektrum.de

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Spektrum der Wissenschaft.

Referencia: «Marine mammal population decline linked to obscured by-catch», de Stefan Mayer et al en PNAS, edición anticipada.

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