Temperaturas antárticas

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  • 31/10/2017

Meteorología

¿Por qué le ganó Roald Amundsen a Robert Scott la carrera hacia el polo sur? Junto a una mejor organización, contó también un factor adicional: un tiempo favorable. Una historia del tiempo de verano en la Antártida durante el siglo XX.

Geophysical Research Letters

Amundsen se encontró con unas condiciones meteorológicas inusualmente benévolas en su viaja hacia y desde el polo sur. Scott no tendría tanta suerte, ni al principio ni en la vuelta [Stephen Hudson].

En el verano austral del año 1911, dos expediciones emprendieron el camino hacia el polo sur: la de Roald Amundsen, noruego, y la de Robert Falcon Scott, británico. Sin embargo, mientras que Amundsen no solo fue el primero en llegar al punto de la Tierra más al sur, sino que sobrevivió al viaje de vuelta, Scott y su equipo murieron en su retorno al punto de partida tras haber llegado al polo 34 días después que el noruego. Sobre el trágico fracaso de los británicos han circulado numerosas explicaciones, teorías y leyendas: además de las deficiencias organizativas (trineos a motor en vez de con perros, haber partido más tarde), se ha dado también como motivo de la muerte del grupo los enfrentamientos entre sus miembros.

Un factor decisivo en esa rivalidad por alcanzar el polo sur fue, sin embargo, el tiempo que hizo aquellos días, que claramente benefició más al equipo de Amundsen que al de Scott. Un estudio, realizado por un grupo de investigadores que ha estado reconstruyendo el tiempo en la Antártida durante el siglo XX, indica la importancia de esa circunstancia. El verano de 1911-1912 fue extraordinariamente cálido, explican Ryan Fogt, de la Universidad de Ohio, y sus colaboradores en el Bulletin of the American Meteorological Society, donde han determinado las condiciones meteorológicas durante las expediciones; para ello han utilizado los apuntes de ambas expediciones y reconstruido bases de datos sobre la presión atmosférica.

La temperatura antártica estuvó por encima de la media durante el viaje de Amundsen y sus hombres. La temperatura del aire llegó a a un máximo superior a los 16 grados bajo cero en la meseta polar, unos diez grados por encima de la media. Los fríos no debieron de minar tanto las fuerzas como de costumbre. Cuando Scott partió semanas después, las temperaturas seguían estando sobre la media, pero el exceso de temperatura era ya solo de cinco grados. Pero la expedición británica, al principio de su marcha hacia el sur, estando todavía en la plataforma de Ross, se encontró con mal tiempo: una tormenta con masas de nieve especialmente húmedas se prolongó durante días. El retraso fue decisivo para que se produjera el final mortífero. De camino a la meseta, en el glaciar Beardmore, a principios de febrero, el grupo de Scott también encontró condiciones benignas, pero un mes después, en cambio, experimentarían temperaturas anormalmente frías tras una caída térmica especialmente brusca.

En general, los veranos antárticos de principios del siglo fueron más cálidos que en décadas posteriores, escriben Fogt y sus colaboradores en su estudio de las condiciones meteorológicas antárticas en verano a lo largo del siglo XX, publicado por Geophysical Research Letters. Por entonces dominaban en el continente austral más las altas presiones que hoy (más exactamente, en la Antártida Oriental o Mayor, que comprende dos tercios del continente e incluye el polo), lo cual guarda relación, junto con otros factores, con el posterior agujero de ozono, descubierto en los años ochenta pero que era ya suficientemente grande en la década de 1970. La falta de ozono hace que la estratosfera se enfríe, se creen con más frecuencia zonas de baja presión y se generen intensos vientos del oeste, que soplan por la Antártida y la aíslan de las latitudes más bajas, lo que intensifica el enfriamiento. El verano ha venido de este modo a ser más frío dentro de esa zona de lo que había sido desde hacía más de cien años (eso no es cierto en la península Antártica, que cae fuera de esas regiones aisladas y a la que el calentamiento global está caldeando intensamente).

No está claro qué les espera en el futuro a las partes centrales de la Antártida. Gracias al protocolo de Montreal que prohibió las sustancias que pudiesen acumular ozono en la atmósfera, sobre todo los clorofluorocarbonos, el agujero de ozono va desapareciendo lentamente, si bien el proceso todavía podría durar decenios. En cualquier caso, desde hace mucho no ha sido tan pequeño sobre el polo sur como lo ha sido este año.

Daniel Lingenhöhl/spektrum.de

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Spektrum der Wissenschaft.

Referencia: «An Exceptional Summer during the South Pole Race of 1911-1912», de Ryan L. Fogt et al. en Bulletin of the American Meteorological Society, publicado en Internet el 22 de marzo de 2017; «A twentieth century perspective on summer Antarctic pressure change and variability and contributions from tropical SSTs and ozone depletion», de Ryan L. Fogt et al. en Geophysical Research Letters, publicado el Internet el 6 d eoctubre de 2017.

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