Un análisis genético a gran escala ayuda a identificar las raíces del cáncer de mama

3

El cribado genético para evaluar el riesgo de cáncer de mama de una persona a menudo produce resultados no concluyentes. [iStock-andresr]

También te puede interesar

Comprender el cáncer Comprender el cáncer Ene/Mar 2015 Nº 79

¿Cómo se origina y se propaga el cáncer? ¿De qué herramientas disponemos para hacerle frente? Descubre en este monográfico los avances en el conocimiento de la biología del cáncer, los tratamientos innovadores para luchar contra la enfermedad y las repercusiones psicológicas que se producen en los pacientes.

Más información

Un estudio a gran escala de casi 4000 variantes genéticas asociadas al cáncer podría ayudar a identificar las personas con riesgo de padecer tumores de mama o de ovario.

Este tipo de información es muy relevante, ya que millones de mujeres se someten a análisis de secuenciación de su gen BRCA1. Algunas variaciones en la secuencia de este gen están relacionadas con el cáncer de mama y de ovario; otras, en cambio, no resultarían perjudiciales. No obstante, se desconocen los efectos de la mayoría de las variantes, lo que crea enormes dudas a las pacientes y a los médicos a la hora de interpretar los resultados.

El estudio, recién publicado en Nature, ha examinado los efectos de miles de estas variantes sobre la supervivencia de células cultivadas en el laboratorio. Los hallazgos podrían ayudar a los médicos a interpretar el significado de las mutaciones. Por ejemplo, una variante que dificulta la capacidad de una célula para reparar el ADN en el laboratorio podría causar cáncer a una mujer.

«Cada paciente es diferente. Y también cada médico», comenta Jay Shendure, genetista del Instituto de Medicina Personalizada Brotman Baty, en Seattle, y coautor del estudio. «Pero si un miembro de mi familia presentara esa variante, ¿usaría esta información? Sin ningún género de dudas. De lo contrario, la información no existe.»

Futuro incierto

El Colegio Estadounidense de Genética y Genómica Médicas reconoce que hay unos 60 genes para los cuales el cribado podría ayudar a elaborar un plan médico para prevenir o reducir los efectos de una enfermedad. Sin embargo, cuando las personas descubren que sus genes incluyen secuencias inusuales de ADN, a menudo no pueden interpretar ese hallazgo.

«Estas variantes son una pesadilla», apunta Álvaro Monteiro, genetista del Centro Oncológico Moffitt, en Tampa, Florida. «Con los resultados podemos decirle a una persona que padece algo, pero no sabemos qué exactamente».

Los ensayos sobre las causas genéticas de la pérdida de audición ofrecen un buen ejemplo: aproximadamente la mitad de las personas que se someten a estas pruebas descubren que portan variantes cuyo significado se desconoce, explica Heidi Rehm, genetista del Instituto Broad del MIT y de Harvard, en Cambridge. «Suponen un reto enorme en todas las áreas de análisis genéticos», afirma.

En cuanto al gen BRCA1, hay mucho en juego: las mujeres cuya secuencia de BRCA1 indica que hay riesgo de cáncer a veces se someterán a una operación para extirpar sus senos y ovarios. Rehm comenta que hay más de 2500 variantes conocidas de significado incierto para el gen BRCA1.

Extender una amplia red

Shendure y su colaboradora Lea Starita, genetista del Instituto Brotman Baty, decidieron abordar este problema mediante el empleo de células que mueren cuando carecen de una proteína BRCA1 normal, la cual es importante para la reparación del ADN. Usaron la técnica de edición genética CRISPR-Cas9 para crear mutaciones en el gen BRCA1, y luego comprobaron cuáles de las células resultantes sobrevivían.
El cribado contempló casi todas las variaciones posibles de una sola letra en regiones del gen que determinan el buen funcionamiento de su proteína asociada. En los casos en los que se disponía de datos clínicos, se observó que los resultados de laboratorio se correlacionaban con los hallazgos clínicos en más del 96 por ciento de los casos.

La estrategia podría ampliarse a otros genes relacionados con la enfermedad, en particular aquellos asociados al cáncer que son importantes para la reparación del ADN, apunta Monteiro.

Idealmente, estos datos podrían combinarse con otra información genética de una variante concreta, aunque tal vez no se disponga de más datos sobre secuencias raras. En tales casos, será la paciente y su médico quienes decidan cómo interpretar los resultados, dice Starita. Algunos podrían optar por realizar más pruebas de detección del cáncer, en un esfuerzo por identificar los tumores de forma precoz, señala.

Y eventualmente, los investigadores podrían incorporar los resultados de laboratorio, como los derivados del cribado mediante CRISPR, directamente en los modelos que utilizan para clasificar las variantes, explica Monteiro. Pero también señala que el campo tiende a ser conservador, y probablemente se necesitarán más pruebas antes de dar ese paso.

«Se trata de un tema muy espinoso», comenta. «Cuando intentamos clasificar una variante, queremos que la decisión final no cambie.»

Heidi Ledford / Nature News

Referencia: «Accurate classification of BRCA1 variants with saturation genome editing». Gregory M. Findlay et al. en Nature, publicado en línea el 12 de septiembre de 2018.