Inicio Intelectualidad Un buen vínculo con la madre tranquiliza al adolescente estresado

Un buen vínculo con la madre tranquiliza al adolescente estresado

Cualquier persona que haya criado a un adolescente o convivido con él, sabe lo difícil que puede ser el día a día. La oposición, el retraimiento y la asunción de riesgos a menudo conducen al conflicto, pero ¿deben los padres dejarse llevar, rendirse o perseverar para seguir aconsejando, razonando y ayudando a su hijo? El joven atraviesa importantes cambios hormonales, biológicos y psicológicos; su personalidad se desarrolla y modifica su comportamiento, pero también las relaciones sociales, favoreciendo con frecuencia a los compañeros frente a los padres. Nada más normal: la adolescencia constituye un período de transición necesario que se manifiesta de forma diferente en cada persona. Pero resulta estresante. A diario, el adolescente tiene que adaptarse a nuevas situaciones y personas. ¿Cuál es la mejor manera de ayudarle?

El modo en que la madre (o la figura de apego principal) interactúa con el adolescente (la cercanía emocional y la cohesión entre ambos) desempeña un papel crucial en el «ajuste social» del adolescente. Según Xiaomei Li, de la Universidad de Illinois, y otros investigadores: «Los adolescentes suelen acudir a la madre para hablar de sus problemas, sobre todo cuando tienen dificultades con los compañeros. Cuando las madres les aconsejan, lo importante no es solo lo que les dicen, sino cómo lo dicen. A nuestro equipo nos interesaba analizar el clima emocional de esas conversaciones». Los resultados se publican en The Journal of Early Adolescence

Para su estudio, los científicos evaluaron la cercanía emocional de un centenar de parejas formadas por madre y adolescente (un 53 por ciento chicos y un 47 por ciento de chicas), con una edad media de 11 años, durante cerca de un año. A continuación, determinaron hasta qué punto el ambiente familiar predecía la capacidad de los jóvenes para enfrentarse a los retos sociales al año siguiente (cuando iniciaron el curso equivalente a quinto de Primaria). En primer lugar, observaron y analizaron las conversaciones entre las madres y sus hijos en el laboratorio cuando estos últimos hablaban de las dificultades que tenían con sus amigos. Al mismo tiempo, registraron el ritmo sinusual del joven, un indicador fisiológico del estrés. Al año siguiente, los adolescentes contaron a los investigadores las dificultades sociales que experimentaban y cómo las afrontaban o no.

Complicidad y cohesión, piezas esenciales

Cuanto más cohesionadas a nivel emocional se mostraban las parejas en sus conversaciones, más buscaba el adolescente la ayuda de su madre después. Además, cuanto más positivo era el «afecto» materno durante los intercambios, más se adaptaba el joven al estrés que le causaban sus relaciones sociales al año siguiente y era capaz de superarlo. En otras palabras, una madre que apoya, escucha y cuida a su hijo permite a este último relacionarse de manera activa con los demás, resolver mejor los problemas cuando surgen y gestionar de forma eficaz sus reacciones emocionales. En cambio, una madre más crítica o que muestra un menor interés por su hijo adolescente no le ayuda a gestionar el estrés social. Sobre todo, si el joven ya tiende a la ansiedad.

«Un padre o una madre siempre puede dar consejos a su hijo adolescente, pero lo que muestra nuestro estudio es que la forma con la que habla a su hijo es aún más importante para ayudarle a afrontar el estrés que lo que le dice», concluyen los autores. Confianza, diálogo, seguridad, autonomía, responsabilidad, afecto y esperanza: estas son, a grandes rasgos, según el sociólogo francés Michel Fize, las siete necesidades más importantes que permitirán a un adolescente convertirse en un adulto más sereno.

Bénédicte Salthun-Lassalle

Referencia: «Interactive contribution of observed mother-youth emotional climate and youth physiology: A biopsychosocial approach to understanding youth coping with peer stress» Xiaomei Li, Kelly M. Tu y Nancy L. McElwain, publicado en línea en The Journal of Early Adolescence, 2022.

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