Un cráneo de 13 millones de años arroja luz sobre la evolución de los primates

Aquel era uno de aquellos días que parecía destinado a ser yermo. Corría setiembre 2014 y el equipo había estado trabajando con ahínco en un yacimiento cerca del Lago Turkana, al norte de Kenia, pero no habían logrado encontrar nada. Sin demasiados ánimos, estaban recogiendo los bártulos para regresar al campamento cuando John Ekusi, un experimentado buscador de fósiles keniata, se alejó unos cuantos metros del grupo para fumarse un pitillo. Fue entonces cuando, de casualidad, se percató de que algo sobresalía de una roca. “Parece el hueso de una rodilla de elefante”, les dijo a sus compañeros. Sin embargo, se equivocaba.

Lo que había descubierto era el cráneo de un pariente muy lejano de los humanos, un primate extinto que vivió durante el Mioceno, hace 13 millones de años, el periodo que va de 23 a 5 millones de años en que emergieron los primates antropomorfos o hominoideos (gibones, grandes simios y humanos) y se expandieron por África y Asia. El hallazgo, según una nota de prensa del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig (Alemania)“revela el posible aspecto del ancestro común de los humanos y de todos los simios vivos”.

Descubierto un cráneo de 13 millones de años de un primate antropomorfo infantil en Kenia. Se ha clasificado como una nueva especie, Nyanzapithecus alesi. Tiene el tamaño de un limón, Descubierto un cráneo de 13 millones de años de un primate antropomorfo infantil en Kenia. Se ha clasificado como una nueva especie, Nyanzapithecus alesi. Tiene el tamaño de un limón, (Christopher Kiarie)

Del tamaño de un limón, éste constituye el cráneo más completo de un primate antropomorfo extinto de todo el registro fósil. Perteneció a una cría y su excepcional estado de conservación ha permitido arrojar algo de luz sobre cómo pudo ser el ancestro común de todos los primates antropomorfos actuales –chimpancés, gorilas, orangutanes- y los humanos.

Este nuevo individuo con pinta de gibón aunque, según los investigadores, probablemente un pariente cercano del ancestro común de los primates extintos, pertenece a una nueva especie del género Nyanzapithecus, un grupo emparentado con los hominoideos. Su descripción se publica hoy en la revista Nature. Detrás hay un nutrido equipo internacional de investigadores, que han bautizado a este cráneo como “Alesi”, que en lengua turkana quiere decir “antecesor”.

El cráneo más completo

El hallazgo de este fósil es excepcional. Para empezar, porque el ambiente de la selva no es el más propicio para la fosilización, con temperaturas y humedad elevadas; de ahí la escasez de fósiles de primates que, además, cuando se encuentran suelen ser fragmentos de mandíbulas o huesos de extremidades.

Para seguir, porque hasta el momento no se habían descubierto cráneos de esta antigüedad, aunque sí más antiguos y más modernos. De hecho, solo se había descrito un cráneo completo de hominoideo del Mioceno con la caja del cráneo intacta (la región que rodea al cerebro), que data de hace 7 millones de años, del género Sahelanthropus.

Akai Ekes y John Ekusi miran cómo Isaiah Nengo saca el bloque de piedra en el que está Alesi tras seis horas de excavación. Akai Ekes y John Ekusi miran cómo Isaiah Nengo saca el bloque de piedra en el que está Alesi tras seis horas de excavación. (Isaiah Nengo)

Lo interesante precisamente de Alesi es que es de hace 13 millones de años, porque esa es la época en que el ancestro común de los actuales simios y de los humanos vivió en África; también es el tiempo en que los primates hominoideos ya comenzaban a expandirse por Eurasia. Y se dispone de escasa información acerca de cómo evolucionaron esos primates hace 15 millones de años y sobre cómo surgieron los ancestros de los humanos, que ya caminaban erguidos.

Por eso, reclaman los autores del trabajo, este fósil viene a llenar un hueco en el registro de fósiles de primates antropomorfos en un periodo algo anterior a cuando primates hominoides y humanos empezaron a divergir.

“La gracia de este descubrimiento es que es un cráneo bastante completo de una época de la que no se conoce demasiado qué hominoideos vivían en África ni cómo eran, puesto que solo se han hallado hasta el momento restos fragmentarios”, valora David M. Alba, director del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP), que no ha participado en este trabajo.

La gracia de este descubrimiento es que es un cráneo bastante completo de una época de la que no se conoce demasiado qué hominoideos vivían en África ni cómo eran

David M. Alba

Director ICP

Bajo la luz del sincrotrón

El hecho de que esté tan bien preservado ha permitido obtener mucha información valiosa sobre Alesi. Los investigadores lo llevaron al sincrotrón de Grenoble (Francia), donde lo escudriñaron meticulosamente con una técnica de rayos X llamada microtomografía, que les permitió ver con claridad “la cavidad cerebral, el oído interno y los dientes adultos por salir [aún en la mandíbula] con sus registros diarios de líneas de crecimiento”, explica Paul Tafforeau, científico de la instalación científica francesa en un comunicado de prensa. “La calidad de nuestras imágenes era tan buena que pudimos establecer a partir de los dientes que el individuo tenía 16 meses cuando murió”, añade.

El análisis de la estructura de los dientes definitivos dentro de la mandíbula también fue, precisamente, lo que les permitió saber que este individuo infantil pertenece a una nueva especie –alesi- del género Nyanzapithecus. Los molares son muy similares a los de otras especies de este género, pero más largos, lo que sugiere, según los autores, que era de una especie más grande que las otras.

En el sincrotrón de Grenoble, utilizaron una técnica de rayos X, llamada microtomografía, para estudiar el cráneo.

Y es que los dientes son como “la caja negra” del organismo, permiten averiguar desde qué comía un individuo, hasta dónde vivía o qué enfermedades padeció. Esto es porque al crecer, van dejando marcas diarias, como los anillos de los árboles, y eso es justamente lo que los rayos-X del sincrotrón permitieron recuperar.

Caminaba erguido

Los investigadores también pudieron estudiar las marcas que presentaba el cráneo en la parte interior y adentrarse así en cómo era el cerebro de Alesi en comparación con el de otros primates. Y es que cuando el cerebro de un animal crece, empuja la caja del cráneo e imprime marcas en ella con los patrones característicos del cerebro, de sus giros y surcos que parecen cuervas entrelazadas. Cada especie de primates tiene un patrón característico y estudiar esas marcas ha permitido a los científicos saber más sobre la relación entre los Nyanzapithecus y los primates modernos.

Alesi, el cráneo de una nueva especie de primates antropomorfos extinta, Nyanzapithecus alesi Alesi, el cráneo de una nueva especie de primates antropomorfos extinta, Nyanzapithecus alesi (Fred Spoor)

Otro elemento importante que han podido estudiar y que les ha dado pistas acerca de cómo se desplazaba este individuo es el oído. El oído interno no solo recibe el sonido sino que también se encarga del sentido del equilibrio. Los rayos-X del sincrotrón de Grenoble mostraron que Alesi tenía canales semicirculares osificados, importantes para la percepción del movimiento. Los autores sugieren que Alesi se movería menos ágil y más lentamente que los gibones, que se caracterizan por acrobacias y saltos.

Han estudiado el oído interno osificado de esta nueva especie, lo que les ha permitido deducir cómo se desplazaba. Nada que ver con las acrobacias de los gibones actuales.

Hasta el momento el género Nyanzapithecus se había descrito usando solo dientes, por lo que, señala el investigador y coautor del trabajo John F. Leagle, de la Universidad Stony Brook, “era una cuestión abierta si eran o no primates antropomorfos”. En este sentido, aunque los investigadores piensan que seguramente Nyanzapithecus alesi se parecía a un gibón bebé, por la boca y nariz diminutas, la orientación de los pómulos y la cuenca de los ojos, no es un ancestro de los hilobátidos, sino un pariente cercano del ancestro común de todos los primates vivos y los humanos.

“El problema –considera Alba, del ICP- es que es un cráneo infantil y la mayoría de cráneos de que disponemos en el registro fósil de individuos son adultos y juveniles”, por tanto, dificulta la comparación con otros restos recuperados. Pero resulta muy útil los rayos X que usan para atribuir este fósil a un género concreto, porque a partir del cráneo no se podría, puesto que de muchos géneros solo se han recuperado dientes o fragmentos óseos de extremidades”.

Para Alba, jefe del grupo de investigación en Faunas del Neógeno y Cuaternario del ICP, “el artículo es muy interesante porque pone de manifiesto pruebas que apoyan la hipótesis de que los Nyanzapithecus estaban más estrechamente relacionados con los hominoideos actuales de lo que se pensaba”. Ahora bien, matiza Alba, “el análisis está demasiado centrado en la anatomía del cráneo y los dientes y menosprecia el resto del esqueleto. Seguramente el cladograma [clasificación] que proponen no aguantará el paso del tiempo”.

“El problema es que es un cráneo infantil y la mayoría de cráneos de que disponemos son juveniles o adultos, lo que dificulta la comparación”.

David M. Alba

Director del ICP

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