Un mordisco de 3600 kilos de fuerza: así machacaba los huesos T. rex

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El cráneo y dentadura de la reconstrucción del holotipo de T. rex (el espécimen con que se describió la especie), en el Museo Carnegie de Historia Natural [ScottRobertAnselmo].

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La capacidad de triturar con los dientes los huesos de las presas es común en los mamíferos carnívoros, en los lobos, por ejemplo, o en las hienas, pero no en los reptiles, que al no tener una dentadura oclusiva, es decir, con dientes que hacen contacto entre sí, no quiebran los huesos y solo pueden ingerirlos enteros. Pero los restos fósiles de los tiranosaurios del continente norteamericano, entre ellos el gigantesco Tyrannosaurus rex, hacen pensar que aquellos grandes reptiles predadores sí rompían los huesos antes de ingerirlos a pesar de que no tenían una dentadura adecuada para ello.

Parece que T. Rex compensaba esa carencia con la increíble fuerza de su mordisco, según han calculado dos paleontólogos de la Universidad del Estado de Florida, Gregory Erickson y Paul Gignac, en un estudio publicado en Scientific Reports: podía llegar hasta los 3600 kilopondios.

Echando cuentas, con los dientes largos y puntiagudos del tiranosaurio eso corresponde a una presión de más de 30 toneladas por centímetro cuadrado. Suficiente para que los huesos reventasen con unos cuantos mordiscos en rápida sucesión.

“Esta fragmentación extrema de los huesos era lo que le permitía a T. Rex disfrutar plenamente de las osamentas de los grandes dinosaurios que capturaba: ese alimento rico en en sales minerales y médula les estaba vedado claramente a dinosaurios más pequeños y menos dotados”, resalta Gignac.

Los dos autores estudiaron durante mucho tiempo a los grandes reptiles actuales, como los cocodrilos, que son parientes de los dinosaurios; han realizado pruebas y modelos de ordenador de cómo su musculatura contribuye a la fuerza del mordisco. Contrastaron después los datos así obtenidos con los relativos a los pájaros, a los que se puede considerar dinosaurios modernos, hasta obtener un modelo para el tiranosaurio.

“Contar con una gran fuerza al morder no significa necesariamente que un animal pueda penetrar con los dientes en la coriácea piel de una presa o pulverizar un hueso: el parámetro biomecánico más relevante que se debe considerar es la presión dental”, explica Erickson. “Es un poco como pensar que un motor de 600 caballos garantiza una gran velocidad; en un Ferrari sin duda es cierto, pero no en un camión con remolque”.

El resultado de este estudio es una contribución importante al conocimiento de cómo ha evolucionado la sofisticada capacidad de alimentarse de los mamíferos actuales y de sus antepasados inmediatos, y ayuda a determinar cuándo apareció ese comportamiento en la era de los dinosaurios.

Más información en Scientific Reports.

Fuente: lescienze.com.