Abren los colegios en las elecciones parlamentarias de Alemania

Publicado 24/09/2017 8:12:45CET

El xenófobo y filonazi Alternativa para Alemania parte con serias opciones de convertirse en la primera fuerza opositora del Bundestag

MADRID, 24 Sep. (EUROPA PRESS) –

Más de 61 millones de alemanes están llamados a votar en las parlamentarias que han comenzado a las 08.00 de esta mañana en Alemania, donde la incógnita reside no tanto en el vencedor — que será sin ningún género de dudas la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de la canciller Angela Merkel, que obtendrá su cuarto mandato — como en el escenario a posteriori con la presencia de un partido ultraderechista en los escaños del Bundestag por vez primera desde 1961.

Este partido es Alternativa para Alemania (AfD), una formación de recentísima aparición, en 2013, que ha conseguido aglutinar diversos movimientos xenófobos sumergidos durante décadas en el país, y que ahora salen a la luz bajo un aura de supuesta respetabilidad.

El AfD tiene garantizada la entrada al rebasar el 5 por ciento mínimo de votos necesario para contar con presencia parlamentaria pero su resultado final está todavía en el aire. Se cree, según los sondeos, que podrían alcanzar un 12 por ciento de los votos pero como apuntan varios expertos, las encuestadoras alemanas no están preparadas para calibrar con exactitud el impacto de un movimiento así.

Sea cual sea el resultado, AfD quedará completamente excluido de las conversaciones postelectorales donde se decidirá la futura coalición de Gobierno liderada por el partido de Merkel (y por su partido hermano, la Unión Cristiana Social de Baviera). En este sentido, hay que ver el resultado que obtendrá el que será segundo partido más votado, los Socialdemócratas (SPD) que lidera el ex presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, y que actualmente son socio menor de la actual coalición.

El SPD se encuentra ahora en torno al 23 por ciento, un porcentaje bastante respetable que podría invitar al partido de Schulz a repetir la coalición actual, sobre todo si se tienen en cuenta opiniones de antiguos líderes del partido como Franz Müntefering, quien llegó a decir a las claras que “en Alemania, estar en la oposición es una mierda”.

Así las cosas, la formación de una “gran coalición” de primero y segundo es perfectamente factible, no solo porque las encuestas conceden a la formación de Merkel en torno a 13 puntos de ventaja y no solo por la posibilidad nítida de que pueda formarse una coalición con el SPD al margen — la llamada “opción Jamaica”, por los colores negro de la CDU, Los Verdes y el amarillo de los Liberaldemócratas –, sino por el carácter transformador y definitorio que tendrán estos comicios.

LA CONSOLIDACIÓN DE LA ULTRADERECHA CONTRA LA LÍDER DEL MUNDO LIBRE

La presencia de AfD en el Bundestag culmina años de rechazo a la política de “puertas abiertas” de Angela Merkel, canciller de un país que acogió en 2015 a 978.000 inmigrantes de países fuera de la Unión Europea. La formación, de corte populista, islamófobo y antieuropeísta, desembarcará en el Parlamento después de haber logrado ingresar en 13 de las 16 cámaras regionales y de haber marcado la agenda política de los últimos años.

La AfD comparece con una lista a la Cancillería que combina a un ala dura en la figura del político Alexander Gauland y a la facción más “moderada” que representa la economista Alice Weidel, cuya vida personal — es lesbiana y tiene dos hijos con una mujer procedente de Sri Lanka — dista de los estándares del partido. AfD reclama, entre otras cosas, el fin de la “inmigración masiva desordenada”, la salida de la zona Euro y, en el aspecto más polémico y radical de su programa, “la promoción de las política de natalidad para la conservación del pueblo alemán”.

Esta última idea entronca directamente con el pasado nazi de Alemania, por mucho que los dirigentes de la formación, como Gauland, nieguen las acusaciones de filonazismo. Gauland ha reivindicado las victorias de las SS durante la Segunda Guerra Mundial y el representante del ala más extremista de la formación, Bjoern Hoecke, ha llegado a calificar el Memorial al Holocausto de Berlín como “el monumento de la vergüenza”.

El caso es que, de repetirse la gran coalición en el Gobierno alemán, el AfD se convertirá en la primera fuerza de oposición en el Parlamento. Una oposición aislada — el resto de partidos han prometido que no colaborarán en ninguna de sus iniciativas, como la prohibición contra los minaretes islámicos — y probablemente “vocinglera”, como la describe para Reuters el presidente del Instituto Americano para Estudios Alemanes, Jackson Janes, pero oposición de todas maneras. “Y no seremos una oposición tranquila”, ha advertido Georg Pazderski, miembro de la Ejecutiva del partido.

Frente a la AfD emerge la figura de Merkel. La canciller se enfrenta desde la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales del año pasado a una mayor responsabilidad en la defensa de los valores democráticos en momentos de gran incertidumbre internacional, lo que llevó al diario británico “The Independent” a calificarla como la nueva “líder del mundo libre”. Mientras, “The New York Times” le otorgó el título de “última defensora de los valores liberales de Occidente”.

“Merkel, tanto si le gusta como si no, es ahora la mayor defensora de las normas, valores e instituciones que forman el orden mundial de los últimos 70 años”, escribió también la revista “Foreign Policy”, mientras el resto de analistas resaltan la voz de Merkel contra el presidente estadounidense en las recientes cumbres de la OTAN, del G7 y del G20 sobre el gasto militar, la protección del clima o la política de refugiados.

“Los tiempos en los que nos podíamos fiar completamente de los otros en parte han terminando. Así lo experimenté los últimos días”, declaró una hastiada Merkel a finales de mayo tras la cumbre del G7 en Italia. “Y por ello solo puedo decir:*nosotros los europeos debemos realmente tener nuestro destino en nuestras propias manos”, afirmó.

Junto con Alemania, las principales potencias internacionales ven cómo el liderazgo estadounidense que muchos dieron por sentado podría tener sus horas contadas después de que Trump decidiera retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París contra el cambio climático, rechazara acuerdos comerciales e intentara quitar importancia a instituciones y acuerdos multinacionales, siempre guiado por su máxima “America first” (Estados Unidos primero).

Pero una cosa no quita la otra y dentro del Gobierno alemán no olvidan que Estados Unidos sigue siendo un socio fundamental para Alemania en ámbitos como la lucha contra el terrorismo y sigue siendo el segundo socio comercial de Alemania después de la UE. La alianza transatlática es un vínculo ineludiblemente ligado al libre comercio.

FRACASO DE LAS PUERTAS ABIERTAS

Este optimismo figurativo contrasta con la realidad de las últimas políticas migratorias de la canciller quien, movida por los sondeos de opinión y por el auge de AfD, ha ido endureciendo su política migratoria a golpe de reforma legislativa. Se han agilizado las expulsiones, limitado las reagrupaciones familiares de refugiados e impuesto mano dura a los delincuentes inmigrantes.

Un giro de timón que, para muchos, ha llegado tarde y evidencia notables fisuras al constatar que que los tres atentados islamistas de los que Alemania fue víctima el año pasado fueron perpetrados por personas que llegaron al país como refugiados.

“Es necesario garantizar la seguridad en las fronteras y reducir la inmigración”, escribió por su parte Max Otte, un destacado gestor de fondos de la CDU desde 1991, en un artículo publicado en la prensa alemana en el que exponía los motivos por los que en estas elecciones dará su confianza al partido ultraderechista Alternativa para Alemania.

“Merkel perjudica a su partido. La cúpula de la CDU se ha alejado de su programa”, añadía Otte, quien a pesar de su voto admite que no dejará de ser militante de la CDU.


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