Cameron carga contra el populismo económico de Boris Johnson

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Lo acusa de ser «egoísta y no compasivo» por proponer mayores subidas del sueldo de los funcionarios

Desde que el pasado 8 de junio Theresa May perdió la mayoría absoluta que había heredado de David Cameron su merma de autoridad es manifiesta. En algunas encuestas está ya por detrás de Corbyn en valoración. Algunas voces del Partido Conservador, como la exministra Nicky Morgan, cameronista y europeísta, piden que se marche en cuanto se completen las negociaciones del Brexit dentro de 18 meses. Hay diputados que van más allá y abogan por que se retire ya en otoño, en el próximo congreso tory.

El ambicioso Boris Johnson, que siempre ha soñado con dormir en el Número 10, huele la sangre del pato cojo May. Aunque de puertas a fuera hace marcadas declaraciones de fidelidad a la primera ministra, es obvio que se está moviendo para sucederla (de hecho esos apoyos tan explícitos no dejan de ser una manera subliminal de subrayar la debilidad de la premier). El último movimiento de Boris ha sido el gesto populista de apoyar que se levante el techo que fijó Cameron por el que los sueldos de los empleados públicos no pueden subir más de un 1%. Con esa postura, Johnson se suma a la música anti austeridad que ha puesto de moda en el país la campaña electoral de Jeremy Corbyn. La catástrofe del incendio de la torre Grenfell y la pésima gestión de la atención a las víctimas también dejaron de manifiesto que los servicios asistenciales ingleses dejan mucho que desear y hay quien culpa a los recortes presupuestarios.

Gove y Johnson se han aliado ahora de nuevo para criticar una política económica oficial de su Gobierno, el techo del 1% para los salarios

Johnson se vio secundado por quien hasta anteayer mismo era su enemigo íntimo, Michael Gove, que acaba de volver al Gobierno como ministro de Medioambiente. Ambos fueron los cabecillas de la exitosa campaña del Leave, Gove como cerebro y Johnson haciendo lo que mejor sabe: animar al público con su singular personalidad y sus frases epatantes. Tras el triunfo del Brexit y la dimisión de Cameron parecía que el camino estaba alfombrado para que Boris fuese el siguiente líder tory y primer ministro. Pero en plena carrera a las elecciones internas del partido, Gove lo traicionó, en una puñalada que resultó sonada incluso para los estándares nada compasivos de Westminster.

Gove y Johnson, en una acción bastante insólita, se han aliado ahora de nuevo para criticar una política económica oficial de su Gobierno, el techo del 1% para los salarios. El ministro de Economía, el moderado europeísta Philip Hammond ha pedido a su partido que «controle los nervios». Sin citar al tándem del Brexit, les ha dicho también que «hay que crecer» y ha recordado que si se gasta más solo hay tres alternativas: subir los impuestos, más endeudamiento o que la economía crezca con fuerza y se recaude más. Por último, les recordó que las deudas de ahora se cargan en la espalda de las generaciones venideras.

Cameron, que en general mantiene un elegante silencio desde que se fue hace un año, ha cargado también contra Boris Johnson y Gove, diciendo que sus críticas a la austeridad presupuestaria pueden parecer compasivas, pero en realidad son egoístas. El ex primer ministro, que ha entrado en el lucrativo circuito de los conferenciantes internacionales, lanzó sus críticas en un discurso en Seúl. «Los oponentes a la llamada austeridad preparan sus argumentos de un modo que les hace parecer generosos y compasivos. Buscan presentar a los partidarios de la estabilidad financiera como egoístas, o faltos de compasión. Pero lo cierto es justamente lo contrario. Abandonar la estabilidad financiera no es ser generoso, es ser egoísta, gastando hoy el dinero que vas a necesitar mañana».

Bandera de su gobierno

Cameron está molesto. De la mano de su ministro de Economía, George Osborne, la consolidación fiscal fue una de las banderas de su gobierno. Johnson y Gove, a los que ya tuvo enfrente en la campaña del Brexit, tratarían ahora de desdibujar su legado económico. Lo cierto es que su propuesta del tándem relajar el control presupuestario ya ha recibido el apoyo de la ministra de Educación y en el de Sanidad. Sin embargo, Nigel Lawson, el que fuera el responsable económico con Thatcher, ha advertido que gastar más sería «un desastre». El Reino Unido es un país fuertemente endeudado y que suscita muchas dudas tras el Brexit, una alocada aventura que ha disparado la inflación y ha ralentizado el crecimiento del PIB.

Mientras tanto May comienza a tener aire de triste jarrón chino. Se ha sabido que incluso pidió ayuda a Cameron para que apoyase su controvertido acuerdo con el DUP norirlandés, cuyos diez escaños sostienen su Gobierno, previo pago de mil millones de libras del erario público con los que compró sus votos. Cameron aceptó la petición y le dio su respaldo en un tuit, un gesto generoso, porque nada más llegar al poder May se distinguió por despedir a los principales ministros cameronistas y distanciarse de sus políticas.