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Editorial: Amenaza del endeudamiento

La preocupación por el endeudamiento del Gobierno Central no debe perder terreno en la agenda nacional. Requiere atención constante, particularmente ahora que las tasas de interés en todo el mundo están en una espiral ascendente, cuya cúspide no es posible vislumbrar todavía. Luego de incrementar las tasas de interés en tres cuartos de punto porcentual, el Banco Central Europeo prometió “varios” aumentos adicionales, aunque las perspectivas de crecimiento económico son preocupantes.

También la Reserva Federal de los Estados Unidos ha venido haciendo historia con varios aumentos consecutivos de las tasas de interés. En ambas orillas del Atlántico, el objetivo de los ajustes es contener la acelerada tasa de inflación causada por las disrupciones de la pandemia, la guerra en Ucrania y la crisis energética.

La compleja situación internacional encuentra a Costa Rica mal preparada, especialmente por su endeudamiento. Las obligaciones crecieron en ¢1,64 billones durante el primer semestre del 2022 y todos los factores de riesgo asociados con ese fenómeno se agudizaron. Además de las tasas de interés y la inflación, el país enfrenta la volatilidad del tipo de cambio mientras se incrementa la deuda denominada en dólares, dice un reciente informe de la Contraloría General de la República (CGR).

La deuda en moneda extranjera es el 41,9% del total, muy por encima del 35% recomendable, con lo cual crece la exposición a los riesgos del mercado cambiario. Es el mayor porcentaje de deuda en divisas de los últimos tres años. También, subió el porcentaje de deuda con tasas de interés variable, y las posibilidades de financiamiento futuro ya están sujetas al incremento de las tasas en los últimos meses. Al mismo tiempo, dice la Contraloría, aumenta la presión por contraer deuda a corto plazo, y esas obligaciones originan más necesidad de endeudamiento y riesgos de liquidez.

Los vencimientos de bonos colocados hace una década añaden a la complejidad de la situación y también hacen temer por la liquidez. En enero del 2023 vencen $1.000 millones en eurobonos y tres meses más tarde, en abril, habrá otro vencimiento por $500 millones colocados en el 2013.

Los ingresos del Gobierno se han mantenido, pero la recaudación se ve amenazada por el estancamiento económico mundial, cuyos efectos se hacen sentir en nuestros principales mercados. Por lo pronto, el aumento de apenas un 0,2% de la deuda en relación con el producto interno bruto (de un 65,6 al 65,8%) es una noticia relativamente buena.

Las amenazas relacionadas con el alto endeudamiento son tan graves como las limitaciones impuestas al gasto por el tamaño de la deuda. El 47% del presupuesto presentado por el gobierno a la Asamblea Legislativa para el 2023 se destinará al pago de intereses y amortizaciones de la deuda pública. El incremento de ¢900.000 millones (un 6,5%) no implicará mayor holgura porque será absorbido por la atención de la deuda.

Los esfuerzos de contención del gasto deben quedar enmarcados en una ruta fiscal claramente definida. El respeto a la regla fiscal es más necesario que nunca frente a los riesgos, muchos de ellos apenas sujetos a mitigación, no a control de las autoridades nacionales. El país recuperó credibilidad gracias a las políticas fiscales recientes. La actual administración acaba de recibir el reconocimiento de una misión del Bank of America Securities. Proteger estos avances es indispensable para enfrentar las dificultades que se avecinan.

La ruta fiscal, tan detallada como sea posible en las volátiles circunstancias mundiales, debe aspirar a la generación de un amplio acuerdo político capaz de compensar la incertidumbre y la desconfianza, tanto en los mercados internacionales como en el interior del país.

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