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Editorial: El ‘nearshoring’ toma impulso

El nearshoring (traslado de la producción a países próximos al mercado de destino), alentado por la rivalidad comercial entre China y los Estados Unidos y las lecciones aprendidas durante la pandemia sobre la disrupción de las cadenas de producción y transporte internacional, cobra irrefrenable impulso.

“Dos terceras partes de las compañías estadounidenses en China y otros lugares en Asia están considerando mover una porción o todas sus líneas de abastecimiento más cerca de los Estados Unidos”, explicó Mauricio Claver Carone antes de dejar el cargo de presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que por primera vez incluyó el financiamiento de la deslocalización entre sus líneas de negocio.

México y Centroamérica están en fila para recibir los beneficios. En el 2021, las inversiones estadounidenses en México superaron las hechas en China, según el McKinsey Global Institute, y en los primeros diez meses del 2022 las exportaciones mexicanas a su vecino del norte crecieron en una quinta parte, a $382.000 millones, en relación con el mismo período del año anterior. El incremento desde el 2019 ronda el 25 %.

El desarrollo de las redes regionales de producción está en marcha y se dirige a un histórico realineamiento de la industria y el comercio. China seguirá desempeñando un papel de primera línea, dicen los expertos. Por su parte, México es un competidor formidable, pero no haría falta una porción muy grande del intercambio de China con los estadounidenses para producir dramáticos beneficios en nuestro país.

“Si Costa Rica pudiera captar un 10 % de los productos que exporta hoy a los Estados Unidos y que China también exporta, significarían casi $4.500 millones anuales en ventas adicionales al extranjero. Es un impacto enorme, y solamente con el 10 %. Podría ser más”, dijo durante su visita al país el entonces presidente del BID.

La creciente preocupación de los consumidores por las prácticas ambientales de los países donde se fabrican y cultivan los productos puestos a su disposición también constituye una ventaja comparativa para Costa Rica, así como su estabilidad política y social. El país, por otra parte, ha ganado valiosa experiencia en el aprovechamiento de sus acuerdos de libre comercio.

Aparte de la rivalidad con China, los estadounidenses comienzan a reconocer las ventajas de las redes regionales de producción para la creación y preservación de empleos en su país. El intercambio con países cercanos, unidos por acuerdos de libre comercio, desarrolla cadenas de abastecimiento entrelazadas que contribuyen piezas, materias primas y bienes no terminados a la manufactura de los productos finales.

Los componentes cuya producción hace uso más intensivo de mano de obra se fabrican en las regiones donde el trabajo es más barato y eso protege el empleo en el mercado final. Cerca del 40 % del valor de las exportaciones de México a los Estados Unidos es producto de la manufactura de ese país, según un artículo reciente del diario The New York Times. En cambio, los componentes estadounidenses solo representan el 4 % del valor de las exportaciones chinas. El nearshoring tiene también sentido en relación con el empleo, uno de los temas más candentes de la política estadounidense, como lo constató Centroamérica durante la negociación y ratificación del tratado de libre comercio.

El cambio está en movimiento y las oportunidades exigen una rápida ampliación de las ventajas ofrecidas al inversionista. Nuestro país tiene rezagos en la enseñanza del inglés y la formación de profesionales y técnicos en carreras relacionadas con la ciencia y la tecnología. También, falta inversión en infraestructura, abaratar la electricidad y redistribuir las cargas sociales para que su peso no recaiga exclusivamente sobre las planillas. La agenda está clara y el tiempo apremia.

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