Inicio Internacional Editorial: Impulso democrático en EE. UU.

Editorial: Impulso democrático en EE. UU.

Los resultados de las elecciones intermedias en Estados Unidos, celebradas el martes 8, recargaron el vigor democrático de la nación, alejaron el riesgo de una involución institucional y debilitaron a sus principales agresores: los sectores extremistas del Partido Republicano y, particularmente, al expresidente Donald Trump.

La cantidad de votantes superó el promedio en este tipo de comicios, con un particular entusiasmo entre los jóvenes. En estados y distritos electorales con verdadera competencia, porque ningún partido ejerce un claro dominio, fueron derrotados la casi totalidad de los candidatos más extremistas. Todos ellos fueron impulsados por Donald Trump, quien se convirtió así en gran perdedor. A la vez, el gobernador de Florida, Ron DeSantis, quien por el momento se perfila como su principal contendiente por la candidatura presidencial republicana, fue reelegido por casi 20 puntos de diferencia sobre su rival demócrata. Hoy se le considera el gran triunfador.

¿Y cómo hablaron los números? Muy bien para los demócratas y el presidente, Joe Biden. Lo usual en Estados Unidos es que, a los dos años de un gobierno, los votantes lo castiguen y den una cómoda mayoría en ambas Cámaras a la oposición. En esta oportunidad se habló incluso de una “marea” republicana, que se alimentaría, entre otras cosas, de la inflación y la modestísima popularidad del presidente.

Los ciudadanos decidieron algo muy distinto. Mantuvieron el control de los demócratas en el Senado, y es muy posible que les otorguen un escaño más tras la segunda ronda en Georgia, donde su candidato es favorito. Los republicanos ya alcanzaron el margen de 218 representantes para controlar la Cámara. Al cierre de esta edición, quedaban apenas seis puestos por adjudicar, por lo que, en el mejor de los casos, esa sería su mayoría: la “ola” nunca se materializó.

Un Congreso dividido, en un entorno de altísima polarización política, hará casi imposible aprobar leyes sustantivas y estimulará los choques performáticos en la Cámara. Ya los republicanos anunciaron una serie de temerarias investigaciones que enrarecerán el ambiente y, sin duda, entorpecerán en lo que puedan la labor de Biden. Pero difícilmente llegarán lejos en sus pretensiones y, si exageran, podrían perjudicar su imagen nacional. En el Senado, en cambio, los demócratas podrán frenar todo desatino legislativo y dar al presidente los votos necesarios para nombramientos clave, en particular, jueces federales.

Más allá de Washington D. C., los resultados también los favorecen. Ganaron unas pocas gobernaciones, lograron o aumentaron su mayoría en algunas legislaturas y frenaron a casi todos los adversarios que basaron su campaña en la mentira de que Biden triunfó mediante un fraude en el 2020. La conclusión es que, tanto o más importante que el costo de vida, la preocupación por la integridad del voto, el derecho al aborto (eliminado a escala federal por la Corte Suprema de Justicia) y los riesgos para la seguridad social movilizaron, particularmente, a jóvenes, mujeres y adultos mayores.

A pesar de su derrota personal y el fracaso de su partido, Trump decidió, contra el criterio de múltiples asesores, lanzar su aspiración a la candidatura republicana una semana después de las elecciones, en una ceremonia llena de brillos y luces decorativas, pero opaca políticamente. No lo acompañó ningún líder republicano de peso, hubo más periodistas que público e incluso sus hijos Ivanka y Donald Jr. estuvieron ausentes. Pareciera que su desmesurado ego y el uso de su aspiración oficial para tratar de superar un cerco legal cada vez más estrecho son los principales móviles de tal imprudencia. Porque lo que conseguirá, además de enrarecer un ambiente político que ahora muestra más señales de normalidad, es atizar el extremismo, ampliar las fisuras en el seno de su partido y perjudicarlo aún más políticamente: un flaco favor.

En los casi dos años que faltan para las elecciones presidenciales, mucho podrá suceder. Por ahora, los augurios son buenos para el país y el mundo. Se apaciguó lo peor de la ola antidemocrática y su principal impulsor entró en claro retroceso, aunque rodeado de estridencias. Se renovaron las razones para creer en la permanencia de la democracia estadounidense, pero persisten amenazas internas muy serias. La responsabilidad de frenarlas la tienen tanto los demócratas como los republicanos más sensatos.

Se renovaron las razones para creer en la permanencia de la democracia estadounidense, pero persisten amenazas internas muy serias. La responsabilidad de frenarlas la tienen tanto los demócratas como los republicanos más sensatos.

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