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Especie depredadora

¿Qué somos? Durante 2.400 años la pregunta inquieta. Aristóteles nos definió políticos (zoon politikón). Hobbes (1651) nos delineó agresivos, homo homini lupus, necesitados del Leviatán del Estado para domesticar la fiera humana. Fuerte contraste con Rousseau, quien nos vio de natural bondadoso (bon sauvage), dispuestos a un contrato social de vida. Linneo (1758) nos atribuye raciocinio (homo sapiens). Hegel (1807) nos pone en lucha por reconocimiento (Kampf um Anerkennung). El pensamiento liberal trae el hombre económico (Stuart, Smith) cuya búsqueda egoísta de beneficio propio realiza el bien común.

El cambio climático nos da otra versión de nosotros. En latín, lengua de la taxonomía, el siglo XX descubrió el homo depraecator, especie insaciable que instrumentaliza el entorno a su capricho, destruye especies y agota recursos, obstinado de satisfacción inmediata, sin ver el futuro ni limitar su rapiña.

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¿De dónde salió semejante sociópata? Sin duda, del hombre económico que predicó el egoísmo individual para la felicidad colectiva. ¡Menudo oxímoron! Ese esquema no contaba con que la satisfacción infinita no se sostiene en un mundo finito. Es absurdo el crecimiento económico ininterrumpido en un mundo que no soporta más carga. ¿Cómo encontraría bondadoso Smith el egoísmo humano en esta aporía?

Generamos una emergencia existencial por comportarnos como especie invasora, programada biológicamente para la satisfacción inmediata. Ciegos a la finitud del planeta no asumimos cambios de conducta que prevengan un planeta inhabitable. ¿Qué dominará en la tensión insoportable entre crecimiento económico y restricción del consumo?

Necesitamos un hombre político, un buen salvaje que reconstruya un nuevo pacto con la naturaleza, sacrificios colectivos que salven el planeta, para obtener valoración ética como especie. Mientras el impacto climático sea imperceptible, la conciencia del peligro es teórica. El mar sube, el calor aumenta, los glaciares se derriten. Esto da una idea, pero aún lejana. Lo inmediato es guerra en Ucrania, inflación, recesión. Todo provoca emociones contrarias a cambios de conducta para defender el ambiente. Llegarán embates climáticos en nuestra vida diaria, pero no es seguro que una conducta colectiva racional llegue a tiempo, sin un Leviatán que la imponga.

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Velia Govaere, exviceministra de Economía, es catedrática de la UNED y especialista en Comercio Internacional con amplia experiencia en Centroamérica y el Caribe. Ha escrito tres libros sobre derecho comercial internacional y tratados de libre comercio. El más reciente se titula “Hegemonía de un modelo contradictorio en Costa Rica: procesos e impactos discordantes de los TLC”.

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