Inicio Internacional Fortalecer la nueva postura estratégica de Corea del Sur

Fortalecer la nueva postura estratégica de Corea del Sur

Presidentes de Corea y Estados Unidos y el primer ministro de Japón en junio del 2022.

El terreno geopolítico en el noreste de Asia está cambiando y, afortunadamente, las dos grandes democracias de la región, Japón y Corea del Sur, avanzan en una dirección similar. Si se impone un liderazgo prudente y estratégico tanto en Tokio como en Seúl, la enemistad histórica entre los dos países tal vez quede, finalmente, relegada al pasado y mejore la seguridad en todo el Indopacífico.

El catalizador para reducir la fricción diplomática bilateral —problema que data de los tiempos de la Segunda Guerra Mundial— fue la investidura de Yoon Suk Yeol como presidente de la República de Corea en mayo pasado. Con la llegada de Yoon a la presidencia, la búsqueda de un “equilibrio” quimérico en las relaciones con China y Estados Unidos —que en otro momento fue el centro de la política exterior de Corea del Sur— dio lugar a una evaluación más clara de las necesidades de seguridad del país.

La invasión de Ucrania por parte de Rusia representó una toma de conciencia difícil para Yoon y muchos surcoreanos en el espectro político. El respaldo que recibió el comportamiento criminal del presidente ruso, Vladímir Putin, de China y otros países hizo que la guerra pusiera en duda toda la arquitectura de seguridad internacional.

Si a esto le sumamos la creciente amenaza nuclear norcoreana, la rivalidad chino-estadounidense cada vez más intensa y el riesgo de que China imite la invasión de Rusia con una medida similar contra Taiwán, Yoon tuvo pruebas más que suficientes de que la seguridad nacional surcoreana necesita lazos más estrechos tanto con Estados Unidos como con Japón.

Sin embargo, si bien Estados Unidos y Japón tomaron una posición más prominente en la mente de los estrategas surcoreanos, el gobierno de Yoon no dio la espalda a las relaciones con China. Por el contrario, su administración sigue focalizada en limitar las tensiones y asegurar la asistencia de China a la hora de frenar al líder díscolo de Corea del Norte, Kim Jong-un. Pero, a diferencia de su antecesor, Moon Jae In, Yoon no cree que Corea del Sur necesite crear una falsa sensación de distancia de Estados Unidos para fomentar las relaciones con el presidente chino, Xi Jinping.

Para Yoon, reconocer las nuevas necesidades de seguridad nacional de Corea del Sur ha significado adoptar una postura diplomática más activa y orientada hacia el exterior. Quiere posicionar a Corea del Sur como un actor decisivo para mantener el orden internacional, y no tanto como una pequeña potencia regional preocupada exclusivamente por las relaciones en la península de Corea.

Un problema para Yoon, cuyo margen de victoria sobre su oponente más de izquierda fue de apenas el 0,74 %, es el nivel de apoyo político doméstico a un giro importante en materia de política exterior. Dado el sistema político de todo para el ganador que impera en Corea del Sur, en el que los presidentes están limitados a un solo mandato de cinco años, muchos temen que todo cambio relevante en el terreno de la política exterior pueda revertirse sumariamente en el 2027.

Considerando que la próxima elección presidencial se llevará a cabo entonces, Yoon tiene tiempo para garantizar este tipo de consenso si hace todo lo posible para lograrlo.

De manera que, a pesar de todo lo crucial que parezca la reorientación estratégica de Corea del Sur en el gobierno de Yoon, seguirá estando en terreno movedizo sin una institucionalización más formal, tanto en Corea del Sur como entre sus aliados, particularmente Japón y Estados Unidos.

Calidez con Japón

Por eso, el gobierno de Yoon, en lugar de esperar que Japón dé el primer paso (como suele suceder en la diplomacia surcoreana), se acercó e intenta revivir la calidez que caracterizó la relación entre el presidente surcoreano Kim Dae Jung y el primer ministro japonés Keizo Obuchi entre 1998 y el 2000.

Es de esperar que este esfuerzo rinda sus frutos en breve. Pero la fortaleza de la relación bilateral, en definitiva, depende de la relación trilateral entre Japón, Corea del Sur y Estados Unidos, y hay muchas cosas más que estos tres países podrían estar haciendo para profundizar sus relaciones.

Especialistas que participaron en una conferencia trilateral organizada por la Fundación Mansfield el verano pasado propusieron decenas de recomendaciones políticas. Por ejemplo, llevar a cabo encuentros regulares de los ministros de Defensa y Relaciones Exteriores de los tres países (cumbres 2+2+2) para infundir confianza, mejorar la coordinación de las políticas y dar respuestas más eficaces a los riesgos compartidos, como la amenaza a la seguridad planteada por Corea del Norte.

También se puede intentar con iniciativas conjuntas para la confianza en sectores de investigación y desarrollo estratégicos, como los semiconductores de próxima generación, la tecnología aeroespacial, las comunicaciones 5G y 6G, la inteligencia artificial y la informática cuántica.

La Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos, la Organización Japonesa de Desarrollo de Nueva Energía y Tecnología Industrial y la Fundación Nacional de Investigación de Corea podrían coordinar sus esfuerzos en estos terrenos.

De igual importancia son los vínculos interpersonales más profundos entre los tres países. Por ejemplo, programas de intercambio —especialmente para los jóvenes, las figuras mediáticas y otros influenciadores— ayudarían a crear una comunidad compartida y un mayor respaldo público de una alianza trilateral cada vez más profunda.

En términos más generales, Corea del Sur también necesitará fortalecer su participación en instituciones y redes multilaterales para trabajar en conjunto con otros países a fin de ofrecer bienes públicos internacionales, mitigar los problemas de las cadenas de suministro y abordar otras cuestiones globales.

Integración al Quad y otros

Quizás el organismo más valioso que Corea del Sur podría aspirar a integrar es el grupo de democracias del Indopacífico, conocido como el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (Quad), que incluye a Australia, Japón, la India y Estados Unidos.

Si bien los miembros del Quad carecen de voluntad política para expandirse, la oportunidad de anexar a Corea del Sur no se debería desaprovechar. Corea del Sur también debería intentar integrar otras redes internacionales multilaterales vitales como el G7; el Marco Económico del Indopacífico del presidente norteamericano, Joe Biden; la Alianza Chip 4 (Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y Taiwán), destinada a fortalecer el control y facilitar el acceso a la producción de semiconductores; y el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico.

Hará falta un liderazgo sólido y ambicioso en Corea del Sur y Japón para aprovechar estas oportunidades y movilizar redes regionales y globales más amplias. Pero, como suele suceder, se necesita el liderazgo de Estados Unidos para mantener el dinamismo actual.

La Estrategia de Seguridad Nacional del 2022 de Estados Unidos reclama una inversión en poder nacional en el país y una alineación con aliados y socios para superar a China y restringir a Rusia. Pero la administración Biden no tiene un plan para unir a aliados y países con intereses similares detrás de objetivos de seguridad compartidos.

Una explicación es la incapacidad tradicional de Estados Unidos para considerar el impacto de sus políticas domésticas en sus intereses de política exterior. Por ejemplo, Francia, Corea del Sur y otros países se quejan enérgicamente de ser excluidos de las nuevas políticas industriales norteamericanas (como los créditos fiscales de la Ley de Reducción de la Inflación para vehículos eléctricos producidos en Estados Unidos).

Si bien Biden prometió abordar estas cuestiones, debe hacerlo con celeridad. Las alianzas, después de todo, se construyen con base en la confianza, ingrediente esencial a la hora de forjar una unión para la seguridad digna de las grandes democracias de Asia.

Yoon Young Kwan, exministro de Relaciones Exteriores de la República de Corea, es profesor emérito de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Seúl.

© Project Syndicate 1995–2023

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