Jubilado millonario e hijo de ladrón de bancos deja en ‘shock’ a Estados Unidos

Las Vegas, EE. UU.

Un “lobo solitario”, propietario de varios bienes inmuebles y que vivía junto a un apacible campo de golf cerca de Las Vegas, adonde le gustaba ir a apostar, salió del anonimato para convertirse en el responsable de la peor matanza en la historia de Estados Unidos, cometida el domingo en la noche y que cobró al menos 59 vidas y dejó   527 heridos.

Una multitud de más de 22.000 personas estaba escuchando a la estrella de música country Jason Aldean en el marco del Route 91 Harvest Festival, en Las Vegas, cuando alrededor de las 10:08 p. m.  (11:08 p. m. en Costa Rica) del domingo se desató una lluvia de disparos de arma de fuego automática.

La Policía afirmó  que un solo hombre abrió fuego contra los asistentes desde su habitación en el piso 32 del hotel casino Mandalay Bay, ubicado al otro lado de la calle sobre la famosa Las  Vegas   Strip.

El atacante, idetificado como Stephen Paddock, de 64 años y quien según las fotografías divulgadas tenía bigote y barba canosa recortada, fue hallado muerto, posiblemente luego de suicidarse.

En un discurso a la nación, el presidente Donald Trump calificó el ataque como “un acto de maldad pura” y añadió que “en momentos de tragedia y horror, Estados Unidos se une como uno solo, así siempre ha sido”. Ordenó izar todas las banderas a media asta.

Las salas de urgencias de los hospitales estaban repletas de heridos. El representante Ruben Kihuen, cuyo distrito incluye una parte de Las Vegas, visitó un hospital y aseveró  que “literalmente, cada una de las camas está ocupada, cada pasillo se está utilizando. Cada persona que está ahí está tratando de salvar vidas”.

Las autoridades de Las Vegas pidieron donaciones de sangre e instalaron una línea telefónica para reportar a las personas desaparecidas y agilizar el proceso de identificación de los muertos y de los heridos. También abrieron un”centro de reunificación familiar” para que las personas pudieran encontrar a sus seres queridos.

Incógnita por despejar. ¿Por qué Stephen Paddock, un hombre  que su hermano Eric describió como  “apenas normal”, sin antecedentes crIminales e inclinado a la buena vida abrió fuego indiscriminadamente?

Las autoridades creen que el atacante era un “lobo solitario”, pero quieren hablar con la compañera  de Paddock, una mujer que el alguacil Joseph Lombardo indicó que estaba fuera del país en el al momento que ocurrió el tiroteo.

La única certeza es que  Paddock se preparó minuciosamente para generar la mayor cantidad de víctimas posibles.

Alquiló una suite de dos habitaciones en el piso 32 del hotel Mandalay Bay, para tener dos ángulos de tiro distintos.

En la habitación,  los agentes hallaron 16 armas de distintos calibres, la mayoría de ellas fusiles de asalto, aparentemente transportadas en más de 10 maletas. Algunos rifles estaban equipados con miras telescópicas y su vehículo contenía nitrato de amonio, que puede ser usado para fabricar explosivos. En su casa se dfescubrió un verdadero arsenal, con otras 18 armas de fuego y explosivos.

Paddock vivía en una comunidad de retirados, era dueño de algunas propiedades, tenía una licencia de piloto y le gustaba viajar a Las Vegas para jugar al póker apostando grandes sumas de dinero.

Eric Paddock,  quien vive en Florida, expresó  a los medios de comunicación: “Estamos completamente estupefactos. No podemos entender qué sucedió”.

Aunque Paddock no tiene historial criminal, su padre era un ladrón de bancos y figuró en la lista de los más buscados de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) después de que escapó de una prisión en Texas en la década de los 60.

La alcaldesa de Las Vegas, Carolyn Goodman, opinó  que el ataque del domingo por la noche fue labor de un “un lunático desquiciado lleno de odio”.

El grupo terrorista Estado Islámico se atribuyó el ataque; afirmó  que el “soldado” se había convertido al islam hace meses. Sin embargo, no aportó evidencia y esa organización  es conocida por atribuirse ataques sin tener pruebas.

El FBI dijo que hasta el momento no ha encontrado nada que indique que el ataque estaba vinculado al terrorismo internacional

Hasta el momento, sus motivaciones para cometer semejante masacre son un misterio para el FBI, y más aún para sus familiares, quienes  no salían de su asombro.

“¿Dónde diablos recibió armas automáticas? No tenía antecedentes militares ni nada de eso”, manifestó  Eric a CBS News. “Era un tipo que vivía en una casa en Mesquite, que iba y jugaba en Las Vegas. Hacía cosas. Comía burritos”.

Mesquite es una pequeña ciudad cerca del límite entre Nevada y Arizona, a unos 130 kilómetros de Las Vegas .

Paddock vivía en una residencia junto a un campo de golf y no tenía afiliación política o religiosa, según su hermano. Tampoco era “un tipo ávido de (usar) una pistola”. “Era apenas un tipo normal. Algo se quebró en él, algo ocurrió”, afirmó.

“Es como si un asteroide hubiese hecho impacto sobre la familia”, dijo en otra entrevista al diario Las Vegas Review-Journal. “No tenemos idea de qué ocurrió”.

Según la Policía, Paddock no tenía antecedentes policiales ni registro de arresto. Además de contador público, tenía una licencia de piloto y poseía permiso para caza mayor, válido para el territorio de Alaska.

Noche de pesadilla. Al ataque a balazos sucedió cuando unos 22.000 aficionados a la música country disfrutaba un concierto.

Al principio, los incesantes disparos parecían fuegos artificiales, por lo que muchos de los asistentes no entendían lo que sucedía cuando el grupo dejó de tocar y el cantante Jason Aldean se apresuró a salir del escenario.

“Son disparos”, se escucha a un hombre decir en un video captado con un teléfono celular durante el casi medio minuto de silencio y confusión subsecuentes. Una mujer le pidió a los demás: “¡Al suelo! ¡Al suelo! ¡Quédense abajo!”.

El terror invadió el lugar.

“La gente empezó a gritar y comenzamos a correr”, rememoró  Andrew Akiyoshi, quien proveyó del video de su teléfono celular a The Associated Press. “Se sentía el pánico. Podías sentir cómo las balas pasaban por encima de nosotros. Todos se agachaban y corrían lo más cerca del suelo que podían”.

Mientras algunos de los asistentes se tendieron sobre el suelo, otros se abrieron paso hacia las salidas, empujándose entre las angostas puertas y subiendo cercas mientras las ráfagas de entre 40 y 50 disparos provenientes de armas automáticas caían sobre ellos desde el piso 32 del hotel y casino Mandalay Bay.

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