Los talibanes niegan que violaran a la mujer del canadiense secuestrado y mataran a su hija

«Rechazamos esas declaraciones falsas y prefabricadas de los detenidos, que se encuentran ahora en manos del enemigo»

Los talibanes negaron este domingo haber violado a Caitlan Coleman, la estadounidense secuestrada con su marido en territorio afgano en 2012 y liberada esta semana en Pakistán, o que hubieran matado a su hija, como declaró su esposo, Joshua Boyle.

«Rechazamos de manera categórica esas declaraciones falsas y prefabricadas de los detenidos, que se encuentran ahora en manos del enemigo», afirmó en un comunicado el portavoz de los talibanes, Zabihullah Mujahid.

Según el portavoz talibán, «el enemigo» les forzará a hacer todo tipo de comentarios «difamatorios» contra la causa de los insurgentes.

Boyle, que es canadiense, aseguró a su llegada al aeropuerto de Toronto el viernes que la «estupidez y maldad» de los captores solo pudo ser «eclipsada» por más «estupidez y maldad» cuando «dieron la autorización» para acabar con la vida de su hija y la «estupidez y maldad de la consecuente violación» en grupo de su mujer.

Sin embargo, Mujahid aseguró que la violación nunca se produjo y que durante «el tiempo que la pareja estuvo detenida hasta su liberación, el marido y la esposa no fueron separados el uno del otro» con la intención así de no incitar «sospechas».

Sobre la muerte de la hija, el portavoz talibán remarcó que «el asesinato de una niña es una acusación sin fundamento», aunque reconoció que Coleman tuvo un «aborto natural» tras caer enferma en «un área remota sin médicos».

«Nadie ha matado de manera intencionada a la niña de esta pareja ni tampoco violado o deshonrado», dijo Mujahid, que culpó a los estadounidenses de retratar a los insurgentes del mismo modo que se ven ellos, con la «bárbara falta de humanidad de los americanos».

La red Haqqani, vinculada a los talibanes, secuestró en 2012 al matrimonio, que se encontraba en Afganistán dentro de un viaje que hacían por varias repúblicas exsoviéticas centroasiáticas, entre ellas Uzbekistán, Kirguizistán y Tayikistán.

El 12 de octubre, el Ejército paquistaní anunció que había podido rescatar a la pareja y sus tres hijos nacidos en cautiverio después de haber recibido importante información de Estados Unidos, país que identificó que la familia había sido trasladada a Pakistán a través de las remotas áreas tribales, fronterizas con Afganistán.

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