Moore y Bannon se vuelven a encontrar

Se odian, pero están condenados a estar juntos. Al final, Michael Moore, el realizador y martillo implacable de los republicanos, se encuentra cara a cara con su alter ego, Steve Bannon, productor cinematográfico y asesor áureo del presidente de EE UU, Donald Trump. Bannon ha sido el inspirador de los lemas más incorrectos del nuevo inquilino de la Casa Blanca, de los que su periódico digital «Breithart» es su portavoz (no es posible olvidar el titular: «¿Prefieres que tu hija sea feminista o que tenga cáncer?»). No debe ser casual que Trump se deje aconsejar por un productor cinematográfico que, además, se propuso neutralizar a Moore fabricando documentales de objetividad no contrastada; después de todo, el nuevo presidente no deja de ser una encarnación de la posmodernidad: la televisión se ha hecho realidad. Para los amantes de las teleseries, no hay que perder de vista la siguiente escena: cuando el pasado sábado miles de mujeres se manifestaban en la explanada del Capitolio, en Washington, por una de las ventanas del Ala Oeste de la Casa Blanca, Bannon miraba cómo Moore seguía en su actividad de activista-«celebrity». En sus adentros –que no debe ser un lugar fácil para hacer espeleología– seguro que le venía a la mente una de sus célebres máximas: «Hollywood, uno de los ambientes más darwinianos que he conocido». Y ahí estaba Moore, como jefe de la manada, pero predicando el bien, claro. Cada uno de sus documentales fue contrarrestado por Bannon, al que, aunque tiene menos dotes cinematográficas, le sobra desparpajo para dejar claro su mensaje: «La solución contra el acoso en internet es sencilla: las mujeres deberían desconectarse».

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