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Morat fue arrolladora en el Estadio Nacional

Si por la víspera se sacaba el día, lo del concierto de Morat la noche de este sábado 19 de noviembre en el Estadio Nacional iba a ser una locura. Así fue.

Desde temprano, Twitter en Costa Rica estaba rendido a los pies de la banda colombiana, Morat era trending topic desde la mañana. Ese fue el anticipo de la emoción que las más de 24.000 personas que abarrotaron el recinto deportivo en La Sabana demostraron cuando la agrupación salió al escenario.

La espera fue algo intensa. Eso de poner en pantallas cuánto tiempo falta para que los artistas salgan al escenario como que provoca más ansiedad de la cuenta. Una barra de descarga, de esas de loading que le salen a uno cuando está bajando una canción o una fotografía, fue llenándose de a poquitos y los fans que llegaron al Nacional, con cada numerito que avanzaba, gritaban a más no poder.

Con un juego de luces espectacular, muchos colores e interacción con el público, Morat encantó en su presentación en el Estadio Nacional.

Morat fue romance, despecho y seducción al mismo tiempo

Muchos comieron ansias (y de seguro que uñas), pero la espera valió toda la pena del mundo, porque Morat es una banda arrolladora. ¡Qué energía tan impresionante!

El cuarteto cafetero formado por Juan Pablo Villamil, Juan Pablo Isaza, Simón Vargas y Martín Vargas, fue toda entrega y eso lo agradeció su público con una ovación que duró todo el concierto.

Morat, con batería, guitarra, bajo y banjo, más el apoyo de otro guitarrista y un pianista, sonaron compactos y complejos, algo que se extraña mucho en el pop actual que está liderado por solistas.

Eso es justamente lo que los artistas buscaron y promueven con su último disco de estudio titulado Si ayer fuera hoy, un álbum que se grabó “como antes”. “Creemos firmemente en que haya más instrumentos, más solos de guitarras, más bandas”, dijo Juan Pablo Isaza, desde el frente del escenario.

Juan Pablo Isaza fue intenso en sus intervenciones.  Desde el micrófono fue el encargado de saludar a los fans de Morat y acercarlos un poco más al 'show'.

Tal vez es por esa insistencia en combinar la actualidad con los sonidos más de la raíz lo que logró que en este concierto Morat sonara tan intenso. Eso, aunado a una energía contagiosa desde la tarima, fueron los ingredientes de una noche que pese a que se sentía fría por la brisa, era cálida gracias al amor que derrocharon artistas y público.

Amor, desamor y más amor

Hay algo muy interesante en Morat y es que todos sus miembros tienen participación como vocalistas. Es bonito ver a todos los músicos meterse en las canciones más allá de los instrumentos, qué rico es disfrutar de la voz de Martín mientras le da a los tambores y a los platillos, o gozar con el enérgico Simón mientras canta, baila y brinca de arriba para abajo aferrado a su bajo como si fuera un salvavidas.

Lo mismo se siente cuando Villamil canta desde la armonía del banjo o Isaza abrazado a la intimidad del piano.

La complicidad de Juan Pablo Villamil con el público se sintió a flor de piel.

Así, turnándose las canciones, con temas de amor y, por supuesto, de desamor, los de Morat encantaron con un espectáculo cargado de colores, de alegrías y de mucha energía. La combinación de todos estos factores logró que el show que tuvo tintes vintage con luces de neón, tonos sepia y blancos y negros, fuera fuerte de inicio a fin.

En este vaivén de piezas, sonaron Besos en guerra, Acuérdate de mí, Llamada perdida, Mi suerte y Primeras veces. El público simplemente enloqueció con cada interpretación.

Morat le canta mucho al amor y al desamor, pero desde diferentes intensiones e intensidades. Los sonidos mucho más pop y fuertes son como cartas románticas, pero también se pueden sentir como golpes bajos a los corazones rotos. El de Isaza al piano para interpretar Si la ves, fue un gancho directo a la cabanga.

Simón Vargas es toda energía, durante el concierto dejó el alma en el escenario.

Las piezas más movidas o las más acústicas, todas por igual, son una descarga de emociones que llegan directas como si fueran intravenosas.

Sorpresas

Otro punto alto de Morat es esa relación tan real que tiene con sus seguidores. La complicidad quedó demostrada no solo por el coro ensordecedor del público, sino porque los músicos se dispusieron a cumplir sueños y a estar cerca de sus fans.

El público de Morat demostró su pasión por el grupo colombiano. Durante todo el espectáculo fueron puro amor por los cafeteros.

Un momento muy íntimo fue cuando Isaza, de manera sorpresiva, apareció en un pequeño escenario que estaba frente a la torre de sonido, esto hizo que el artista y el público de las graderías estuvieran más cerca.

Luego del momento de Isaza al piano, subieron sus compañeros. Por medio de “un gritómetro”, escogieron cuál canción interpretarían, la más gritada de la noche fue Punto y aparte.

El recorrido musical llevó a las voces de los artistas por temas como Idiota, Mi nuevo vicio y No merezco volver.

Los costarricenses de Entrelíneas fueron los encargados de calentar el ambiente previo a que la banda Morat subiera el escenario del Estadio Nacional.

Y así todo el concierto, entre baile, brincos y gargantas que este domingo sufrirán los embates de haber gritado por más de dos horas. Morat dejó bien claro que ama a Costa Rica y que el público tico les devuelve todo ese cariño con aplausos y felicidad.

El cierre, enérgico como todo el recital, llegó con Cómo te atreves. Público y artistas quedaron satisfechos, la alegría se sintió. Muy bonito, Morat, un concierto muy bonito.

Morat en pleno.  La agrupación colombiana dejó claro que es una de las más queridas por el público pop romántico tico.

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