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Omisión diplomática

En la Administración Pública, los pecados de omisión son más frecuentes que los de acción. Dejar de hacer es generalmente invisible. El sanitario detestable en una aula pública es parte ya del paisaje repulsivo de la escuela. Dejarlo tal cual es lo usual. Lo contrario, difícilmente esperable. Y así, capítulo tras capítulo de nuestro lento y persistente deterioro. Pero, en muchos casos, la omisión es parte de una renuncia ritual a la confrontación con el statu quo. Lo más fácil es no hacer olas. Ministros van, ministros vienen y mientras menos hagan, menos oposición y escándalo. Navegar con perfil bajo es una fortaleza perversa. Yo sé a lo que una se expone tratando de hacer lo correcto.

No es de extrañar, entonces, un año más de usual mediocridad de gobierno. No se han cumplido ni audaces promesas de campaña, ni funestos presagios de detractores. Para bien y para mal, la administración Chaves es un gobierno como cualquier otro. Más de lo mismo con campeonato de nadadito de perro incluido. El cauce sigue hacia la desesperanza ciudadana. Y no es enteramente su culpa. Muchos de sus traspiés son propios, pero la mayoría tiene que ver con un sistema enrevesado de entrabamientos institucionalizados.

Pero si en muchas instituciones el descalabro es lo usual y el inmovilismo casi invisible, hay una omisión imperdonable. La tradición y los valores costarricenses son un acervo que merece pronta y cabal representación. Sin embargo, hoy siguen vacantes embajadores en sedes de trascendencia internacional. Absurda omisión. Se entiende si la ausencia de estructuras partidarias se refleja en menos compromisos. En partidos tradicionales, los puestos diplomáticos eran parte del botín político y nunca estaban libres. Tenían nombre y apellido desde la campaña.

Esta era ocasión para cumplir con la promesa de respetar la profesionalidad del cuerpo diplomático. ¿Qué obstaculiza el nombramiento de embajadores? ¿Cómo puede nuestra representación en Washington, Pekín y Berlín estar sin embajador en tiempos de tanta incertidumbre? No es un asunto ideológico. El papel que se asigna a la presencia diplomática de Costa Rica en el mundo es un asunto de prioridad política de Estado. Que no sean piñata repartida, bien. Que estén vacantes, mal. Será omisión invisible en Costa Rica. En el mundo no.

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Velia Govaere, exviceministra de Economía, es catedrática de la UNED y especialista en Comercio Internacional con amplia experiencia en Centroamérica y el Caribe. Ha escrito tres libros sobre derecho comercial internacional y tratados de libre comercio. El más reciente se titula “Hegemonía de un modelo contradictorio en Costa Rica: procesos e impactos discordantes de los TLC”.

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