Inicio Internacional ¡Qué nadie despierte al Real Estelí!

¡Qué nadie despierte al Real Estelí!

En Estelí nadie duerme. ¿O quizás, todo lo contrario: en Estelí nadie despierta?

No hay quien interrumpa ese sueño de fútbol, el épico debut en la Liga de Campeones del área contra el temido América de México, el campeón de campeones, el siete veces monarca de Concacaf, como ningún otro. Nadie despierta del 2 a 1, a estadio lleno, a ilusiones repletas.

En Estelí todos siguen soñando la gambeta de Byron Bonilla, su penal a lo Panenka (7′), con esa irreverencia de los genios o de los que están soñando despiertos. Todos ven la pelota ir hacia el fondo de las redes en el cabezazo de Marvin Fletes (47′), en el inverosímil segundo gol del encuentro.

Algún día jugarán la revancha, desde ya deseada por un América boquiabierto, pasmado, impotente ante las intervenciones del guardameta Douglas Forbis, a las puertas de cumplir el sueño que imaginó a los 15 años defendiendo el arco de Saprissa.

Lo tapó todo. O casi todo, porque al minuto 90, su rechazo ante un tiro libre, le dio vida a un desesperado equipo mexicano, que descontó con tanto de Julián Quiñones a punto del pitazo final. Ya se enfrentarán el 14 de febrero en el estadio Azteca, pero por ahora nadie duerme en Estelí. O más bien nadie despierta.

A punto estuvo más de uno de romper la eterna noche de verano cuando un nuevo tiro libre en la prórroga exigió el paradón de Forvis. Uno más.

Atrás quedaban más de 90 minutos épicos de ese equipo centroamericano que sabe tener la pelota, enganchar, hacer la gambeta, caracolear, devolverse, tocar de nuevo, abrir el juego al otro costado y atreverse. Sobre todo eso: atreverse. En lo individual y en lo colectivo. Atreverse a encarar con el botín de los habilidosos. Atreverse a mandar en el juego con una definida propuesta del técnico Ramón Olivas Ruiz.

Atrás quedaba también el sufrimiento del tramo final del juego, cuando el favoritismo del América, el peso de su planilla y la fuerza del orgullo herido inclinaron un poco la gramilla. Estelí supo aguantar, sufrir, pelear. Posiblemente también supo rezar por ese pitazo final que llegó en el 97′.

Entonces, todo fue algarabía. Y aún aśí, todos dormían.