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¿Tendrán nietos?

La evidencia del calentamiento global está en todas partes, y la ciencia ya no permite dudar del papel de las emisiones de gases de efecto invernadero en el acelerado desarrollo del fenómeno. Conocemos los límites cuya trasgresión desencadenaría consecuencias catastróficas y entendemos las políticas necesarias para alejarnos del abismo.

En los Estados Unidos, como en casi todo el mundo, el transporte es la principal fuente de gases de efecto invernadero. Por eso el gobierno del presidente Joe Biden impulsa una revisión de los límites de emisiones permitidas a los autos de combustión para evitar siete mil millones de toneladas de carbono en los próximos 30 años.

Ese sería un gran aporte al bienestar de la humanidad, cortesía del país que más ha contribuido a la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera. Favorecería, también, por supuesto, a la porción de la humanidad radicada en los Estados Unidos y la transición de esos consumidores hacia los vehículos eléctricos metería a la potencia norteamericana de lleno en la lucha por encabezar la industria automotriz del futuro, donde China se desenvuelve con éxito envidiable.

Pero la industria de los hidrocarburos no va a sentarse a ver el progreso sin entorpecerlo por todos los medios a su alcance. Según el New York Times, los cabilderos de la organización de fabricantes de combustibles y petroquímicos anunciaron la inversión de millones en una campaña de anuncios, llamadas telefónicas y mensajes de texto contra las normas promovidas por Biden.

El dinero lo gastarán en los estados donde se decidirán las elecciones presidenciales de noviembre: Pensilvania, Michigan, Wisconsin, Nevada y Arizona. Si Biden pierde allí, nada importaría el respaldo mayoritario de la población total y, como Hillary Clinton, solo tendría el consuelo de haber logrado más votos cuando asista a la juramentación del presidente Donald Trump.

En suma, la industria más implicada en el calentamiento global utilizará su poderío económico para sobrevivir sin mengua cuanto sea posible, no obstante su inequívoco conocimiento de las consecuencias. Los científicos de la industria petrolera, en especial los de la transnacional Exxon, se adelantaron a hacer predicciones extraordinariamente precisas sobre el calentamiento global en la década de los 70.

Luego, la empresa se dedicó, durante años, a sembrar dudas sobre el conocimiento científico desarrollado por otros investigadores. ¿Tendrán hijos o nietos?

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Armando González es editor general del Grupo Nación y director de La Nación.