Una supuesta adición a la morfina, pretexto del Rey saudí para forzar la renuncia de su Heredero

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Trascienden nuevos detalles del golpe de palacio que llevó a reemplazar a Mohamed bin Nayef por el hijo del monarca, Mohamed bin Salman

En pleno siglo XXI, la casa real de los Saud ha protagonizado un golpe de palacio digno de los mejores guiones de serie televisiva, según las filtraciones dadas a conocer ayer por Reuters y The New York Times. Según estas fuentes, fue el rey Salman, de 82 años, quien presionó personalmente a su heredero, el príncipe Mohamed bin Nayef, el pasado 21 de junio, para que firmase su propia renuncia en favor del hijo predilecto del monarca, Mohamed bin Salman. Desde ese momento, el ex número dos de la superpotencia petrolera se encuentra aislado en un palacio bajo fuerte custodia militar, por orden expresa del Rey.

La «excusa» para forzar la renuncia de Nayef -según coinciden todas las fuentes palaciegas- es la adición de este a la morfina, supuestamente para aliviar los dolores provocados por la metralla que se aloja en su cuerpo tras un intento de asesinato de Al Qaida en 2009. En la conversación privada del 21 de junio, en el palacio real de La Meca, el rey Salman exigió a su pariente y heredero que renunciase al cargo debido a que la adición a la morfina «le nublaba el juicio». La sorpresa del ex ministro del Interior fue seguida de su resistencia a renunciar al cargo. El monarca ordenó entonces que fuese aislado en un cuarto de palacio, después de despedir a los guardaespaldas del príncipe y sustituirlos por hombres fieles a Salman.

Según los relatos de las fuentes saudíes citadas por Reuters, a partir de ese momento comenzó la segunda fase del golpe. Un grupo de asesores escribió una carta en nombre del rey, que fue dada a conocer por teléfono a los 34 miembros del Consejo Real, órgano responsable de asegurar la línea sucesoria en Arabia Saudí. Todos menos tres dieron su visto bueno al deseo del rey de sustituir a Bin Nayef (57 años) por Bin Salman (31 años) por la adición del primero a la droga. Sus respuestas fueron grabadas, y dadas a conocer a Nayef en la madrugada del 22 de junio, quien finalmente cedió y firmó la carta de renuncia en favor de su primo Bin Salman. Este le esperaba a la salida de palacio para darle un abrazo frente a las cámaras de televisión. Horas después, los medios oficiales daban a conocer la decisión del rey Salman de nombrar a su hijo menor -hasta ese momento número tres del reino- como heredero. Los medios saudíes estiman que la abdicación de Salman en favor de su vástago es inminente, posiblemente en septiembre.

Mohamed bin Salman es todavía una incógnita para muchos analistas. Para algunos, el también ministro de la Defensa y de Economía es un joven aventurero ambicioso que amenaza con llevar a la deriva al régimen de los 7.000 príncipes. Otros consideran que con su elección como heredero de la corona, las ambiciones de Bin Salman han sido colmadas, y a partir de ahora gobernará con más cautela.

En el curriculum de Mohamed bin Salman figuran dos grandes decisiones. La primera, la entrada de Arabia Saudí en la guerra civil de Yemen –al frente de una coalición militar de países árabes– para impedir la victoria de los rebeldes hutíes, una corriente chií que no ha tenido más remedio desde entonces que echarse en brazos de Teherán. El caos y destrucción provocados por la escalada del conflicto están laminando el talón de la península arábiga. Se especula también que Bin Salman está detrás del boicot árabe a Qatar, una decisión de la que Riad empieza a arrepentirse por presión de la Administración Trump.

En su condición de ministro de Finanzas del reino antes de cumplir los 30, Mohamed bin Salman es también autor del llamado proyecto Visión 2030, un programa dirigido a convertir Arabia Saudí en una economía diversificada para no depender exclusivamente del petróleo. Cuando los funcionarios –es decir, la inmensa masa laboral saudí– se quejaron por el plan de recortes, en abril pasado, la Corona dio marcha atrás. Como consecuencia, el déficit público ha vuelto a dispararse y con toda probabilidad superará la barrera del 12 por ciento del PIB.