Bolsa vs bonos vs vivienda: Draghi se ha metido en un buen charco

Las últimas horas traen confusión e incertidumbre como nunca antes, a propósito de unas . Draghi no sabe cómo ni cuándo salir del enorme charco, una ciénaga de dimensiones considerables, en la que nos ha metido.

“Por un lado reafirma que los tipos de interés permanecerán muy bajos durante mucho tiempo más y por otro alerta de lo contrario. Durante muchos años hemos hablado del conundrum del señor Greenspan, pero lo de Draghi empieza a ser muy prreocupante y todo por la cerrazón de no querer seguir a su homólogo de EE.UU. y comenzar a subir los tipos de interés. La subida sería más simbólica que real, pero suficiente para situar los tipos largos, que son los que interesan, algún punto arriba. Con ello se lanzaría al mercado y a los consumidores una clara señalar de que esto no es jauja. Pero Draghi hace lo contrario al alimentar la expectativas de que hay dinerofácil para todos y para todo. Draghi está consiguiendo justamente lo contrario de lo que pereseguía: algunas Bolsas están a punto de espuma; los bonos se han convertido en una inversión nefasta y determinadas áreas y regiones vuelven a sufrir una boom de precios inmobiliaris ¡A ver cómo sale de ésta si no es subiendo tipos!”, me dice el CEO de una importante gestora, que me envía el siguiente documento vía The Economist:

El último estudio sobre el rendimiento de los activos a largo plazo llevado a cabo por el Deutsche Bank (DE:) ha demostrado que las crisis en los mercados desarrollados se han vuelto mucho más frecuentes durante las últimas décadas. Eso no augura nada bueno.

Deutsche define una crisis como un período en el que un país sufre una de las siguientes situaciones: Una caída anual del 15% en la renta variable.

Una caída del 10% en su moneda o en sus bonos del Estado.

Un impago de su deuda nacional. Una inflación de dos dígitos.

Desde mediados de los años setenta, la relación entre la deuda pública y el PIB ha aumentado de manera constante. La presión de los mercados no ha sido lo suficientemente fuerte como para obligar a las autoridades a controlar el saldo presupuestario. Japón lleva sufriendo déficit desde 1966, y Francia desde 1993. Italia ha conseguido alcanzar un superávit tan solo en una ocasión desde 1950. La deuda de las empresas y los hogares de los países desarrollados también ha crecido.

El resultado ha sido un ciclo de expansión y colapso del crédito. La deuda se utiliza para financiar la compra de activos, y la mayor disponibilidad del crédito empuja los precios de los activos al alza. Sin embargo, de vez en cuando los acreedores pierden la fe en la capacidad de los prestatarios para pagar los préstamos y dejar de prestar. Esto puede verse seguido por una venta urgente de activos, lo que debilita aún más la creencia en la solvencia de los prestatarios.

Luego, los bancos centrales empiezan a bajar los tipos de interés o (desde 2008) a comprar activos directamente. Esto provoca un cese temporal de la crisis, pero cada uno de estos ciclos parece dar lugar a un aumento en el nivel de deuda y el valor de los activos. La valoración combinada de los bonos y las acciones en los mercados de los países desarrollados es ahora más alta que nunca.

Todo esto deja entrever que el sistema financiero podría estar atravesando otra crisis. El Deutsche Bank pía presentado varias suposiciones sobre lo que nos podría llevar a esta nueva crisis: desde el colapso relacionado de la deuda en China hasta el aumento de la influencia de los políticos populistas y la falta de liquidez en los mercados de bonos.

El desencadenante más probable de una venta masiva sería el hecho de que los bancos centrales dejen de dar su apoyo a la economía. Son las autoridades monetarias, por regla general, las que desempeñaron un papel clave en la preservación de la economía y los mercados mundiales en 2009. Por supuesto, los bancos centrales son muy conscientes del riesgo; por lo que los tipos de interés siguen siendo muy bajos, aunque las economías de los países desarrollados han estado creciendo durante varios años. S

in embargo, el proceso de retirar los incentivos es complicado. Después de que la Reserva Federal ajustara su política en 1994, poniendo fin a un período de bajos tipos de interés durante la crisis de préstamos y ahorros, dio comienzo una venta masiva en los mercados de bonos del gobierno. Los altos precios de los activos significan que cualquier retorno a los niveles de valoración “normales” será una crisis, según lo define Deutsche Bank.

Esto puede significar que los bancos centrales se verán obligados a cambiar de rumbo y debilitar su política monetaria una vez más. Sin embargo, este proceso tardará un poco de tiempo en llevarse a cabo; los bancos centrales no quieren parecer demasiado dependientes de los mercados. Muchos inversores querrán superar la volatilidad; eso ha sido una estrategia ganadora en el pasado. Los inversores que han pedido dinero prestado para comprar activos tendrán problemas – en Estados Unidos el volumen de esa deuda supera el nivel alcanzado en 2008. La gran pregunta es qué clase de activos es la más vulnerable. Los valores hipotecarios estadounidenses fueron los asesinos en 2008; esta vez será otra cosa. Fuente: The Economist

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