¿Cómo sería una Cataluña independiente?

  • Cataluña es la región más rica de España (PIB del 18,8% por encima de la media española)
  • Cataluña ya tiene muchos de los atributos de un Estado independiente exitoso
  • Los servicios dominan pero la industria sigue siendo un pilar clave de la economía catalana
  • La productividad sigue siendo un problema y hay una dependencia excesiva de empleos poco cualificados

A pocos días del referéndum de la independencia de Cataluña, es hora de mirar la economía de esta región autonómica española, que es el principal contribuyente al PIB nacional (alrededor del 18,9%) y cuyo PIB per cápita (PPP) es del 18,8%, superior a la media española.

No existe una solución milagrosa para determinar si esta región, una vez independiente, sería económicamente viable, pero al menos hay algunas características distintivas que suelen compartir las economías desarrolladas exitosas. Por lo general, el país necesita tener una economía diversificada e internacionalizada con alta productividad. Tratemos de aplicar estos criterios a Cataluña.

Economía diversificada: Cataluña es una economía muy diversificada y presenta una estructura de producción más equilibrada que otras regiones españolas. El tamaño del sector primario es relativamente pequeño. Los servicios son claramente el sector dominante, como ocurre en todos los países desarrollados, pero también cabe destacar que la proporción del valor añadido bruto (VAB) correspondiente a la industria es bastante grande en comparación con España y el resto de la UE.

Después de un fuerte descenso de 2009 a 2013 después del colapso de la burbuja inmobiliaria, la industria ha ganado impulso gracias a las exportaciones y parece estar en mejor posición en comparación con hace unos años. Contrariamente a muchas otras regiones que sufrieron la desindustrialización, la industria sigue siendo un pilar clave de la economía catalana. Una vez llamada la «fábrica de España», Cataluña también tiene un sector manufacturero muy importante.

El VAB correspondiente al sector manufacturero es del orden del 16,7% frente al 13,4% de España y del 15,8% de la UE (datos de 2015). Además, se han corregido los desequilibrios que condujeron a la crisis, especialmente en el sector de la construcción, que finalmente ha vuelto a niveles normales.

Fuente: Eurostat, Generalitat de Catalunya

Apertura económica: Cataluña es una economía muy internacionalizada, con un superávit de la balanza comercial del 11,5% del PIB en 2015. Esta apertura económica, junto con el auge del sector de la construcción y la entrada en la zona del euro, explica el milagro económico que tuvo lugar entre 1999 y 2008 y se caracterizó por un crecimiento medio del PIB anual del 3,7%.

La UE es, obviamente, el destino natural de las exportaciones (los tres principales socios comerciales son Alemania, Francia e Italia), pero Cataluña también ha llevado a cabo una exitosa diversificación comercial que ha sido impulsada durante la crisis soberana europea. El resultado es bastante convincente, ya que la cuota de las exportaciones a países no pertenecientes a la UE (especialmente a Sudamérica) ha aumentado del 26,7% en 2000 al 35% en 2015.

Productividad: Este es ciertamente el criterio más rezagado para Cataluña, al igual que para España. A pesar de que la productividad aumentó tras la crisis en España como consecuencia de la robotización (el crecimiento medio anual de la productividad de España en la última década ha sido superior al de Alemania, con un 1,2% frente a un 0,7%), el país todavía tiene un largo camino para llegar a construir un modelo de crecimiento económico basado en la innovación y el conocimiento, como lo demuestra la baja clasificación de España en los estudios PISA.

Sin embargo, Cataluña es probablemente una de las regiones españolas mejor situadas para afrontar esta cuestión. En 2015, los datos de la Generalitat de Cataluña confirmaron un fuerte incremento de la inversión extranjera (+ 60,4% frente a + 11% en España en el mismo período) lo que confirma un mayor atractivo.

La región ha invertido masivamente en la creación de una poderosa infraestructura de investigación en sus universidades, pero aún no ha logrado crear centros como Alemania y Suecia, donde las universidades y el sector privado colaboran para desarrollar nuevas innovaciones. En el sector privado, el modelo de crecimiento sigue dependiendo demasiado a menudo de empleos poco cualificados, especialmente en el sector de los servicios o asociados al turismo. Son de baja productividad y afectarán negativamente al potencial crecimiento del PIB a medio y largo plazo.

Conclusión: Tras este rápido examen de la situación económica de Cataluña, se puede afirmar sin vacilación que, sólo por consideraciones económicas y por la condición de que permanezca en la UEM, la región sería viable como país independiente.

Dentro de la UE, una Cataluña independiente ocuparía el decimotercer lugar en un hipotético ranking UE29. Independientemente de si elige el camino de la independencia o permanece con España, Cataluña tendrá que invertir más en capital humano y educación para evitar volver a sus viejas costumbres y depender de bajos salarios para el crecimiento económico.

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