Conclusiones de los test de estrés a la banca europea

Tras las últimas pruebas de estrés que el Banco Central Europeo (BCE) realizó en este mismo ejercicio a 125 entidades bancarias de peso, llegan las primeras conclusiones al respecto.

Digamos que en realidad lo que preocupa es cómo afectará a las economías el final de la actual política monetaria y sus estímulos. Mario Draghi siempre aprovecha para lanzar el mensaje de que no habrá problema, que es cuestión de acostumbrarse e ir normalizando la nueva situación.

Las conclusiones de las pruebas de stress test son las siguientes:

  • Unos más elevados supondrían mayor consumo de capital debido principalmente al impacto en la cartera de bonos y derivados.
  • El ejemplo que pusieron es el de una subida de tipos de interés de 200 puntos. En este caso, el margen de intermediación crecería de forma agregada en los bancos examinados (4,1% en 2017 y 10,5% en 2019).
  • Únicamente el 7% de un total de 4,3 billones de euros de depósitos contempla la posibilidad de un impacto en esa fuente de financiación ante un incremento de los tipos de interés.
  • Antes de asistir a una subida de tipos de interés, el Banco Central Europeo tendría que finiquitar el tema de las compras mensuales de deuda, así como pasar la tasa de facilidad de depósito al terreno positivo desde el actual -0,40%. La Facilidad Marginal de Depósito del BCE permite a las entidades bancarias efectuar depósitos a un día, que son remunerados a un tipo de interés predeterminado, normalmente es ligeramente inferior al vigente en los mercados monetarios.

Me gustaría comentar unas cuestiones acerca de los test de estrés… La primera prueba se realizó a mediados del año 2010 resultando en un fracaso estrepitoso, ya que poco después el sistema financiero de Irlanda cayó y eso que aprobó con nota.

La segunda prueba se realizó en julio de 2011, Dexia (BR:) aprobó con nota y al poco tiempo el banco belga también cayó.

En 2016 se realizó a 51 entidades financieras de 15 países del Viejo Continente que representan el 70% del sector bancario (excluyendo los bancos de Grecia, Chipre y Portugal), midiendo su capacidad para resistir ante determinadas situaciones, escenarios y adversidades durante los próximos tres años. De las 51 entidades, sólo fallaron dos. Los seis bancos españoles que participaban superaron el examen, siendo Banco Popular (MC:) la entidad española que pasó el examen de manera más ajustada.

La peor entidad en general fue la italiana Monte dei Paschi di Siena (MI:), el banco más antiguo del mundo. En líneas generales, los ocho peores bancos fueron el italiano Monte dei Paschi, el austríaco Raiffeisen (VIE:), el español Popular, el italiano Unicredit (MI:), el británico Barclays (LON:), el irlandés Allied Irish (IR:), el alemán Commerzbank (DE:), el irlandés Bank of Ireland (IR:) y el germano Deutsche Bank (DE:).

Por tanto, fíjense que entidades que aprobaron el examen (Dexia con nota alta, sistema financiero irlandés, Banco Popular) al poco tiempo cayeron, hecho que llevaría a hacernos la pregunta de ¿por qué fracasaron estas pruebas de estrés? Pues básicamente porque no eran realistas.

Para no alarmar a la sociedad con resultados demoledores se realizaron simulando un escenario negativo, pero muy alejado del real, incluso no tuvieron en cuenta que hubiera problemas de deuda soberana ni que tuvieran que aplicarse quitas. Además, se aplicaron unos “recursos o trucuñuelas”, como ejemplo más significativo el no contabilizar a precio de mercado los bonos que los bancos acumulaban en sus balances.

En 2014 se examinaron a 123 entidades que representaban el 85% del sector. En 2016 no sólo se someten casi la mitad de bancos, sino que además no hay ni aprobados ni suspensos puesto que se considera que cada banco tiene necesidades de capital diferentes según su perfil de riesgo.

Este año 2017 se someten a dichas pruebas 110 bancos, un examen centrado en las carteras de crédito y renta fija. Lo curioso es que el Banco Central Europeo no difundirá los resultados individuales. La cuestión es que los resultados ayudarán al BCE para calcular las necesidades de capital de cada banco, pero en cambio no se harán públicos. Muy bien, así se logra la confianza de los ciudadanos en el sector, sí señor.

Así pues, y aquellos lectores que me vienen leyendo de hace tiempo, saben mi opinión al respecto desde hace años: nunca me he fiado de los stress test y los resultados frente al posterior realidad hablan por sí solos, ¿no les parece?

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