La Alemania de Merkel: no es oro todo lo que reluce

  • Merkel segura de ganar las próximas elecciones alemanas
  • La canciller se ha apartado en gran medida de la reforma económica
  • Tasa de inversión alemana, crecimiento de la productividad debilitándose

Es indiscutible que Alemania tiene unos puntos fuertes increíbles, como su (5,6% a nivel nacional y hasta 3% en Baviera), su calificación crediticia triple A y su variedad de empresas internacionales cuyo alcance se extiende por todo el mundo.

Esta es la cara buena de la moneda, pero también hay una más empañada: fundamentalmente, la economía de Alemania es disfuncional.
El superávit masivo de la balanza por cuenta corriente, que alcanza el 8% del PIB, es elogiado por los responsables políticos como una característica innegable de alta competitividad, pero también es una señal de que las empresas locales son reacias a invertir en el país.

Una tendencia similar, aunque menos exacerbada, se puede encontrar en los otros países nórdicos.

Por consiguiente, Alemania tiene la tasa de inversión más baja de cualquier economía desarrollada según el Fondo Monetario Internacional. El factor más preocupante es el bajo nivel de inversión en equipo que conduce a una menor acumulación de capital que podría obstaculizar el crecimiento económico a medio plazo.

La disminución del stock de capital también podría verse acentuada por tendencias demográficas negativas. Todos los pronósticos presentados por la agencia de estadísticas alemana confirman una disminución de la población que podría resultar crucial en las próximas décadas, dependiendo de la tasa de fertilidad y (especialmente) de la inmigración.

El bajo nivel de inversión en equipo ha sido parcialmente compensado en los últimos años por una mayor inversión en investigación y desarrollo, pero hasta ahora no ha sido suficiente para aumentar el crecimiento potencial a través de una mayor productividad general.

Este hecho es desconocido por muchas personas: el crecimiento medio anual de la productividad de Alemania durante la última década no ha sido tan alto, tan solo un 0,7%, menos que Portugal (0,9%) y España (1,2%). Esto pone de manifiesto claramente los límites del llamado milagro económico alemán, que se basa en gran medida en puestos de trabajo poco remunerados y poco cualificados en el sector de los servicios.

Desde 2005, Merkel ha entregado “zip, cero, zilch” en términos de reformas económicas. Su decisión más prominente fue la introducción de un salario mínimo, que resultó una dura batalla. De hecho, en su mandato como canciller se ha pasado la mayor parte del tiempo curando los legados de Schroder y Hartz.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Alemania ha impulsado la menor cantidad de reformas en favor del crecimiento entre los países desarrollados durante los últimos siete años. Como resultado, no debe sorprendernos observar que Alemania desciende al puesto 114 en el ranking mundial por las facilidades para emprender un negocio, frente al 56 de Grecia y el 27 de Francia.

Por el momento, ningún país de la Unión Económica y Monetaria Europea está en condiciones de cuestionar el liderazgo económico y político de Alemania. Sin embargo, Berlín cometería un error al ser complaciente y empujar las reformas necesarias para aumentar la productividad, reinvertir el superávit por cuenta corriente y pagar debidamente a los trabajadores.

Cuanto más tiempo tarde en hacerlo, más doloroso será para la economía. No hay duda de que Merkel será reelegida. Sin embargo, este mandato podría ser muy diferente de los demás, ya que no tiene otra opción de impulsar estas difíciles reformas.

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