La Justicia actúa contra los depósitos estructurados

Ya he hablado en varias ocasiones del peligro que tienen determinados productos que ofrecen los bancos, que además no explican suficientemente qué son. Pues bien, la justicia está haciendo bien su trabajo.

El Tribunal Supremo, en una sentencia que crea jurisprudencia, se ha pronunciado en contra del Banco Santander (MC:), concretamente contra el producto Tridente, que es un producto estructurado. El alto tribunal ha dejado claras varias cosas al respecto:

– El cliente no puede nunca ser considerado como un entendido de la materia aunque previamente haya invertido en acciones o bien tenga un cargo en una empresa.

– Los bancos tienen el deber y la obligación de informar debidamente a los clientes de qué se les está ofreciendo y los riesgos reales y potenciales que entraña.

– En la actualidad muchos folletos informativos no aportan de manera clara y sencilla toda la información acerca de los productos ofertados y sus peligros.

Es por ello que la sentencia del Tribunal Supremo impone al Banco Santander la obligación de devolver al cliente 300.000 euros, ya que se trataba de un producto complejo y de alto riesgo, un producto estructurado (firmado en 2006 con vencimiento tres años después) que estaba expuesto y ligado a la evolución y devenir de una serie de valores bursátiles. En los primeros años el cliente recibió un 7%, pero al finalizar el 2008 los 300.000 euros presentaban una pérdida de 21.000 euros porque uno de los valores a los que estaba ligado el producto cayó por debajo del 60% del precio de cotización inicial.

Y como este caso hay muchos otros en los que se vende un producto como lo que no es, varios de ellos ligados a los bonos de Fortis, que todos sabemos que implicaban un elevado riesgo y que incluso se hablaba de riesgo de solvencia y hasta de posible quiebra.

¿Pero en qué consiste precisamente un producto estructurado? Un depósito estructurado no tiene nada que ver con un depósito tradicional. Aunque el concepto “depósito” siempre se equipara a algo seguro y garantizado, en este caso no es así. Por tanto, no se tiene garantizado el capital invertido, es decir, no sólo no le pueden prometer una ganancia (ya que hasta el día de su vencimiento no se conoce), sino que tampoco le pueden prometer no perder dinero con la inversión.

Podría decirse que un depósito estructurado es una especie de “depósito bancario” en el que al vencimiento se recupera el capital invertido, un capital que estará sujeto a una rentabilidad vinculada a la evolución de uno o varios índices bursátiles, de la cotización de un grupo de acciones, divisas o cualquier otro activo.

Por tanto, un depósito estructurado se compone de dos subproductos:

  • Un depósito clásico a renta fija.
  • Una parte invertida en renta variable vinculada a la evolución de un activo subyacente (puede ser la cotización de una acción, una cesta de acciones, un índice bursátil, un fondo de inversión, divisas, materias primas). Es precisamente esta parte la que finalmente hará que la inversión sea positiva o negativa.

En lo referente al primer subproducto (garantizado), los plazos se sitúan entre los 12 y los 14 meses, ofreciendo rentabilidades TAE en torno al 0,30%-1,50%.

Respecto al segundo subproducto, ahí el resultado dependerá de la evolución bursátil de los activos donde se ha invertido.

La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) dice literalmente lo siguiente: “consisten en la unión de dos o más productos financieros en una sola estructura. Normalmente, lo más común suele ser un producto de renta fija más uno o más derivados. Estos productos son de carácter complejo y cuentan con elevado riesgo”.

Como pueden ver, las ganancias y el éxito de la inversión sólo se producirán si se cumplen unas determinadas condiciones. En caso contrario, la inversión puede ir desde mantenerse inmóvil (sin ganar o perder apenas nada, tan sólo se podría ganar el incremento ofrecido por la renta fija) hasta perder dinero. La idea a tener clara es que la rentabilidad que se obtiene es superior a la de los depósitos tradicionales pero a cambio se asume el riesgo de que la rentabilidad sea nula o incluso negativa.

Antes de contratar un depósito estructurado, hágase a sí mismo las siguientes preguntas: ¿Puedo permitirme no disponer del dinero invertido durante varios años (entre 3 y 5)? ¿Podría asumir que pasado ese tiempo me devuelvan el dinero sin haber ganado absolutamente nada? Esto nos lleva a que deberían de preguntar al banco lo siguiente, y por supuesto que la respuesta sea muy clara y transparente: ¿cuál es la rentabilidad mínima que se lograría en el peor de los casos? ¿Se puede sacar el dinero antes y, en caso afirmativo, qué comisión cobraría por cancelación anticipada?

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