Las fintech, un reto para las autoridades

El presidente del Banco Central europeo, Mario Draghi, alababa el martes pasado el progreso que generan las fintech, aunque al mismo tiempo advertía de la necesidad de extremar la vigilancia sobre ellas por el riesgo que llevan asociadas.

Las fintech son empresas que proporcionan servicios financieros utilizando canales digitales. ¿Una definición demasiado simple? Probablemente. De hecho, podríamos hablar de la aplicación de la tecnología a la innovación financiera con evidentes implicaciones en términos de negocio, procesos y productos para los mercados financieros, instituciones y la propia provisión de servicios financieros.

– ¿Qué tipo de servicios? Básicamente pagos y préstamos.

– ¿Competencia con los bancos? Lo cierto es que los bancos desarrollan en muchos casos estrategias de colaboración con estas empresas, con el objetivo de ser más eficientes y proporcionar el mejor servicio al cliente a un precio adecuado. El cliente está en el centro de la estrategia tecnológica que están desarrollando los bancos, anticipando su demanda futura de una aproximación digital.

El crédito proporcionado por fintech a empresas y consumidores, se puede plasmar bien mediante la relación directa entre el inversor y prestamista (plataformas de financiación) o bien utilizando el balance de la propia compañía para dar crédito.

La financiación puede proceder de inversores particulares, institucionales y bancos. Incluso apelando a los mercados de capitales, a través de titulizaciones.

¿Beneficios de este tipo de compañías? Antes he mencionado la colaboración con los bancos, con el objetivo último de mejorar el servicio al cliente. Naturalmente, el dinamismo y el impulso que suponen para el negocio tradicional de los bancos es innegable. Como también lo que es que abren nuevas posibilidades de financiación al cliente final.

¿Riesgos? Los bancos financian el crecimiento. Y bajo unos elevados estándares de capital y gestión del riesgo. Hoy por hoy esto no ocurre en este tipo de compañías, lo que puede traducirse en un aumento de los riesgos sistémicos y potenciales excesos en la financiación.

Obviamente, su actividad supone un reto para las autoridades y supervisores.

De un reciente estudio del BIS sobre el crédito fintech nos quedan varios mensajes:

  1. La naturaleza de sus actividades varía entre países y áreas económicas.
  2. Pese a su rápido crecimiento, aún supone un montante marginal del crédito bancario.
  3. Su desarrollo plantea potenciales beneficios y riesgos que las autoridades deben valorar.

Los datos del estudio del BIS se refieren a 2015. Demasiado lejano en el tiempo quizás, dado su rápido desarrollo.

Pero sin duda muy interesante a la hora de valorar los mensajes anteriores.

En definitiva:

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