Popular, o cómo el caso “huele” a lo que sucedió con el Banco Hispano Americano

Después de leer ayer a Agustín Marco en El Confidencial que Los compradores del Popular estiman unas pérdidas ocultas de más de 3.000 millones reafirmo mi apuesta respecto a lo que escribí el pasado 20 de abril: “Banco Popular (MC:) vs banco Hispano Americano, el mismo perfil ¿idénticas soluciones?…y que, en esencia, consiste en que uno de los dos grandes bancos, Santander o BBVA (MC:) (el factor político y otros factores inconfesables parecen haber expulsado a Bankia (MC:) de la puja, pero ¡quién sabe!) se harán con el Popular mondo y lirondo, limpio de polvo y paja. Para eso están los crédityos fiscales y otras argucias legales para conjurar pleitos y demás. Este era el artículo: “Hablo con uno de los viejos lobos de la Bolsa española. Pronto cumplirá 90 años (sí, 90). Mente lúcida. Delgado. Traje impoluto. Desayunamos en el centro de Madrid. “Amigo Moisés, lo del Popular me recuerda, salvando las distancias, las modas y las costumbres, lo que sucedió en su día con el Banco Hispano ¿Te acuerdas del parqué de la Bolsa de Madrid? ¿Recuerdas el bombazo que supuso que un banco de ese nivel decidiera no repartir dividendo y, además, que la cotización fluctuará libremente ese día? Fueron dos hitos históricos”, reflexiona. “¡Y tanto que lo recuerdo!”, la respondo, sin más. Mi interlocutor sigue con su monólogo. “Y luego llegó la fusión con el Central. Más tarde, los intentos fallidos de Mario Conde, con “su Banesto”. A continuación, el cerco, a través de compras en Bolsa, del Banco Santander (MC:) y ya cuando el CentralHispano estaba a punto de caramelo, con los deberes hechos ¡zas! llega Emilio Botín y se lo zampa”.

“…Te digo esto, amigo Moisés, porque veo la película del Popular, al menos hasta ahora, muy, muy parecida. Saracho limpiará trajes y alfombras. Lo pondrá más o menos guapo, más o menos listo para volar y llegará un águila que se lo comerá con plumas incluídas, en pleno vuelo. Los desplumados han sido los accionistas: un banco que fue el ejemplo a seguir por la banca de medio mundo durante muchos, muchos años. Un banco, con rentabilidades anuales sin descanso.Y de la noche a la mañana, todo a la mierda. Ahora llega el momento de salvar lo que se pueda”.

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Tiro de Wikipedia, lo hace todo más fácil:

La crisis industrial de finales de los años 70 y principios de los 80 afectó severamente a la cartera industrial de los bancos. En el año 1984 la mala situación que atravesaba era tal que el entonces presidente de BHA, Claudio Boada, se vio forzado a no repartir dividendos. El Banco de España supervisó un largo proceso de saneamiento y aportó unas ayudas de 45.000 millones de pesetas que en parte hubieron de ponerlas el resto de los grandes bancos y el Fondo de Garantía de Depósitos. Esos recursos fueron devueltos cuando el Hispano vendió en noviembre de 1988 el Banco Urquijo Unión al Grupo March. Por esta venta el Hispano obtuvo 67.500 millones de pesetas.

Fusión con BC

La fusión en 1991 con Banco Central fue el culmen de un proceso de unión cuyo primer intento databa de la década de los sesenta. El primer proyecto lo llevaron a cabo Ignacio Villalonga y Antonio Basagoiti a mediados de los sesenta. Cuando la operación estaba ya prácticamente cerrada, el ministro de hacienda Juan José Espinosa San Martín y su subsecretario Luis Valero Bermejo, pensaron que el nuevo banco iba a adquirir demasiado poder y le negaron los beneficios fiscales solicitados. La fusión se encarecía tanto que Villalonga abandonó la idea. Con Luis de Usera al frente del BHA y Alfonso Escámez del BC se produjo una nueva tentativa que tampoco fructificó. El canje accionarial propuesto no satisfizo a Usera tras valorar los balances. El tercer intento ocurrió en 1989, con Claudio Boada en la presidencia, pero el resultado de las negociaciones no permitió encimar ningún acuerdo.

Finalmente se llegó a un acuerdo en 1991. Las conversaciones entre los presidentes de las entidades condujeron a la redacción de un documento de intenciones, suscrito el 14 de mayo y aprobado el mismo día por los consejos de administración de ambos bancos. En él se enumeraron doce puntos mediante los que se materializaría la unión. Se puso de manifiesto, entre otras cosas, la complementariedad entre los bancos, el canje accionarial por el que los accionistas de BHA recibirían cinco acciones de BC por cada seis de BHA y la composición del consejo de administración de la nueva entidad.

El 30 de octubre de 1991 los accionistas de los bancos BC y BHA votaron la fusión bancaria. Por las condiciones en que se desarrollaría el proceso, la fusión fue realmente una absorción de BHA por parte de BC.

El 1 de noviembre el Banco de España emitió un informe favorable a la operación. Asimismo la Dirección General de Tributos remitió toda la documentación presentada para formalizar la operación a la Comisión Delegada para Asuntos Económicos del Gobierno, que fue la encargada de dar el definitivo visto bueno antes de que lo aprobara el Consejo de Ministros.

El 1 de enero de 1992 se registró oficialmente en la CNMV la ampliación de capital del Banco Central, por valor 34.069 millones de pesetas, prevista para la absorción formal del Hispano. El 30 de diciembre del año anterior, tras la última firma de la fusión, el Hispano había dejado de cotizar en Bolsa dando paso a las nuevas acciones del Banco Central Hispanoamericano que, una vez ampliado capital, empieza a contratar normalmente.

Y luego llegó Botín:

Tanto el Banco Central como el Banco Hispano Americano eran entidades financieras muy vinculadas al sector industrial, en apuros tras la primera crisis del . El Central fue fundado en 1919 y su desarrollo fue paralelo al de la industria española, así que los problemas de la década de 1970 mermaron su actividad. Por su parte, el Hispanoamericano (1900) estaba muy expuesto a ese sector por la cartera que heredó del Banco Urquijo, hasta que a partir de 1985 el banquero Claudio Boada, uno de los hombres de confianza del ministro Miguel Boyer, logró reestructurarlo y cambiar su negocio al de préstamos y depósitos. El presidente del Central en 1991 era Alfonso Escámez, mientras que el del BHA era José María Amusátegui.

La fusión de ambas entidades se intentó por primera vez en la década de 1960. Ese proyecto corrió a cargo de Ignacio Villalonga y Antonio Basagoiti, pero cuando la operación parecía cerrada, el ministro de Hacienda Juan José Espinosa y su subsecretario Luis Valero pensaron que el banco resultante adquiriría demasiado poder y le negaron los beneficios fiscales solicitados. Al encarecerse la operación, el Banco Central la rechazó.3 Con Luis de Usera al frente del BHA y Escámez del BC, se produjo una nueva tentativa que tampoco fructificó, pues el canje accionarial no convenció a Usera tras valorar los balances.3

Fusión y desarrollo

Las conversaciones entre BC y BHA se reanudaron en 1989, un año después de que un intento de fusión del Central con Banesto (presidido por Mario Conde) fracasara. El 14 de mayo de 1991 se redactó un documento de intenciones, en el que se exponía la complementariedad entre ambos bancos, la composición del consejo de administración y el canje accionarial. En la práctica, suponía la absorción del Hispano Americano por parte del Central. Escámez fue el primer presidente hasta el 24 de septiembre de 1992, cuando cedió a Amusátegui (presidente solidario) toda la responsabilidad

Las juntas extraordinarias de fusión se celebraron el 30 de octubre de 1991 y la firma de la escritura tuvo lugar el 27 de diciembre. Finalmente, la Comisión Nacional del Mercado de Valores registró el 2 de enero de 1992 la ampliación de capital del Banco Central por valor de 34.069 millones de pesetas para la absorción formal.6 El nuevo “Banco Central Hispano” se convirtió en el banco privado más grande de España, al superar al Bilbao Vizcaya (BBV).

La nueva entidad afrontó la venta de bancos y compañías (en su mayoría heredadas del Banco Central) para salir adelante, en medio de una crisis bancaria española cuyo máximo exponente fue la intervención de Banesto. Amusátegui fichó de consejero delegado en 1994 a Ángel Corcóstegui, con el respaldo del Banco de España, para llevar a cabo un profundo saneamiento. No obstante, se mantuvo la participación en otras empresas estratégicas como CEPSA y Dragados y Construcciones.8 La situación financiera mejoró ostensiblemente en los siguientes años.

Central Hispano existió hasta que el 15 de enero de 1999 se anunció su fusión con el Banco Santander. La entidad resultante se llamó “Banco Santander Central Hispano”. En la lucha de poder que se generó después, fue el BCH quien perdió influencia. Amusátegui abandonó la copresidencia que compartía con Emilio Botín el 15 de agosto de 2001 y seis meses después Corcóstegui renunció a su puesto de consejero delegado.

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