“¿Quién arreglará las carreteras, hará frontones y paseos anticolesterol?”

“Si se van los británicos faltarán entre 10.000 y 12.000 millones y no podemos hacer como si no hubiera pasado nada (…). Eso va a tener algún impacto y por lo tanto va a haber que hacer algunos recortes o cambios” (Günther Oettinger, comisario de Presupuestos de la CE). La Comisión Europea ha presentado este miércoles un documento de reflexión sobre el futuro de los presupuestos de la Unión Europea a partir de 2020, cuando Reino Unido ya haya abandonado el bloque comunitario, en el que asume que será necesario acometer recortes en la mayoría de las partidas y buscar nuevos ingresos para hacer frente al “agujero” de 10.000 millones anuales que provocará el ‘Brexit’. El documento plantea algunas opciones para revisar la política de cohesión de la Unión Europea. Entre ellos, Bruselas propone establecer nuevos criterios para el reparto de fondos, vinculados a “desafíos” como la demografía, el desempleo, la inclusión social, la migración, la innovación o el cambio climático. La Comisión Europea aboga por flexibilizar la política de cohesión, de forma de que sea posible hacer frente a nuevos retos, y por incrementar los niveles de cofinanciación nacional de estas políticas, con el objetivo de “calibrarlos” mejor para los diferentes países y regiones y para “aumentar la titularidad y la responsabilidad”. El Ejecutivo comunitario también platea una modificación similar en el caso de la Política Agraria Común (PAC), para la que propone introducir “un grado de cofinanciación nacional” en los pagos directos. Además, Bruselas cree que hay “margen” para mejorar el rendimiento de la PAC a través de un mayor énfasis en incentivar a los productores a invertir en nuevas tecnologías y protección medioambiental.

Ya partir de ahora ¿qué? Viene a colación LA CARTA de Ángel Luis F. economista del pasado 16 de marzo:

“El Reino de España se ha distinguido secularmente por su gran capacidad para mirar hacia otro lado distinto a la realidad. Es la forma más cobarde de afrontar cada circunstancia. También, la de asegurar con votos la poltrona de una nómina de políticos muy inflada, demasiado, en los gobiernos central y autonómicos. En las Diputaciones y otras herencias de antaño. Todo eso lo pagamos caro como pagamos muy caro el desmadre de Gobiernos pasados, que nunca reconocieron que el Mundo Global iba mal, como se demostró con la Madre de Todas Crisis en 2009 y siguientes. Encuentro, en fin, ciertas similitudes de la España de los 70 y la España actual. Llegué a Madrid a mediados de los 70 para estudiar Psicología. Hasta entonces había estudiado en un instituto de una provincia limítrofe. La duración del viaje a la capital del reino en un autobús destartalado era entonces de cuatro horas, en un recorrido que hoy no consume más de 1 hora y 20 minutos. Carreteras que serpenteaban para no invadir dominios y tierras de los más ricos, y llenas de agujeros conducía a lo que muchos considerábamos el Paraíso: todo era bueno con tal de salir de un pueblo pobre sumido en la pobreza de una agricultura de subsistencia. Amanecía Madrid, por aquél entonces, con luces parpadeantes y discontinuas. Pocos días después, descubrí que muchas farolas estaban en los huesos, con las lámparas rotas. Y así continuaron meses y meses, incluso años. Descubrí, al cabo de unos meses, que las aceras estaban llenas de agujeros y el pavimento de las calles muerto de asco. Los parques eran un peligro contrastado a partir del anochecer, porque no había luz ¿Pasos de cebra? No recuerdo que existieran en la cantidad ni en la calidad actual”.

“Esta vivencia de infraestructuras de República bananera duró muchos años en el Reino de España. Hasta que llegó el Gran Milagro y España decidió adelantar al Mundo Mundial por la derecha y a más de 200 kilómetros por hora. El Gran Milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. Hasta que se instalo la crisis teníamos (aún tenemos) aeropuertos, que son pura exposición para visitantes; carreteras por las que circulan un par de coches; autopistas fantasmas; AVES (trenes) que paran en ciudades sin apenas habitantes; piscinas en pueblos con menos de 200 habitantes y con sequía pertinaz; grandes frontones en aldeas y ciudades donde nadie juega a la pelota; rutas, de las denominadas del colesterol, en medio de sabanas casi africanas, donde resulta imposible andar conforme avanza la primavera; polideportivos en aldeas, pueblos y ciudades, caminos comunales en medio del páramo bien acomodados; helicópteros que recogen a los enfermos en cualquier lugar por recóndito que sea; asistentes sociales por doquier; medicinas para dar y tomar; subsidios”.

“¿Quién dijo que España iba bien? Se quedó corto. Tanta exuberancia, no obstante, ha provocado un batacazo atroz en el Estado de Bienestar, en el Estado del Despilfarro. Ahora, las deudas hay que pagarlas, aunque países como Grecia no pagarán nunca lo que deben y otros tengan que acudir a quitas en sus pagos soberanos en el futuro. Las deudas hay que pagarlas. O no”.

“En el terreno estrictamente social hay una deuda contraída con los trabajadores. Es la de sus/nuestras pensiones. La caja se vaciará pronto ¿Subirán los impuestos? ¿Seguirá el reino de España acudiendo al crédito internacional, inflando la deuda total, para pagarlas? Las pensiones futuras serán impagables respecto a los parámetros actuales. Que nadie tenga duda alguna: hay un hueco insalvable en la pirámide de población (menos hijos y más tardíos para una población con mayor esperanza de vida) y menos sueldos para las mismas cantidades satisfechas. Imposible cuadrar cuentas”.

“Corre el tiempo, el Estado se queda sin fondos y los políticos se enfrascan en dialécticas estériles. Como siempre. Tanto arriman el ascua a su sardina, a la de las grandes bolsas de votos, que terminan quemándolas. Siempre mirando para otro lado. Hasta que exploten las pensiones y todos lloremos el gran drama que se nos ha echado encima”.

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