Y después del QE, ¿qué?

El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de revisar al alza la previsión de crecimiento mundial para este y el próximo año en una décima hasta 3,6%y 3,7%, respectivamente . El mensaje desde la autoridad supranacional es relativamente positivo: más del 75% del mundo está acelerando su tasa de crecimiento. El mayor porcentaje observado desde el inicio de la década.

Sin embargo, es difícil estar totalmente conforme con este escenario. No solo por la existencia de riesgos (especialmente políticos, también económicos); más bien porque aún no se han superado las peores consecuencias de la crisis, en términos de paro, empobrecimiento y desigualdad. Además, el ritmo de crecimiento económico sigue siendo muy lento en muchos casos y 47 países aún están decreciendo.

La directora gerente del FMI, Christine Lagarde lo tiene claro: hay que ser perseverante en las medidas emprendidas. Pero también hay que pivotar el peso de la política económica hacia las medidas oferta. Esto significa combinar la política monetaria expansiva con otra fiscal que utilice el margen existente por países. Pero la clave en su opinión son las reformas estructurales.

¿Les recuerda algo? Esta misma semana era el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, el que titulaba su conferencia como: “Las reformas estructurales en la zona Euro”. Reformas que pueden ser entendidas como una mayor flexibilidad, pragmatismo económico y ajustes de excesos pasados. Algunas con evidentes beneficios a medio y largo plazo. Otras con potenciales costes a corto. En general, medidas que hacen a las economías más resistentes ante un shock. ¿Y compatibles con una política monetaria expansiva? Sí, en opinión del presidente del BCE.

En lo que tanto el FMI como el BCE también coinciden es en la necesidad de mantener una política monetaria acomodaticia. La clave es fijar tanto su intensidad como determinar los tiempos para su normalización.

Lagarde pide que la política de comunicación desde los bancos centrales sea clara, advirtiendo de los riesgos de pecar de exceso de unas condiciones financieras laxas. El presidente Draghi repite que hay que ser perseverante, prudente y paciente con la política monetaria expansiva. Aunque en los últimos días varios miembros del Consejo se han mostrado partidarios de adelantar acontecimientos futuros, especialmente con respecto al QE. Quizás tengamos más información en la reunión mensual de noviembre.

Mientras, ayer mismo el BCE publicó una interesante nota anticipando cómo será la política monetaria futura. En definitiva, hasta qué punto muchas de las medidas tomadas en la última década son temporales o permanentes.

Estas son las respuestas que se extraen de la nota, como resultado de encuestas entre bancos centrales y el mundo académico:

Mucho más prudentes los bancos centrales frente a académicos, aunque en general las consideran como un instrumento potencial disponible. Donde hay más coincidencia en esto último es en el caso de las medidas macro-prudenciales y las que generan más dudas son los tipos de interés negativos y la compra de activos.

De hecho, las dudas sobre este tipo de instrumentos no tradicionales se centran en que es demasiado pronto para evaluarlos. Incluidas sus potenciales consecuencias negativas. Entre las consecuencias que más se discuten están, paradójicamente, la estabilidad financiera. Comenzando por la estabilidad bancaria.

Es importante que nuestras autoridades monetarias primen la transparencia en la comunicación de futuros pasos en la normalización monetaria. Las medidas expansivas excepcionales lo fueron en situaciones límite que ya se han superado. Los propios bancos, en un entorno regulatorio complejo y de supervisión intensa, han contribuido a su superación.

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